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¿Sarmiento un vecino de La Plata?

Roberto G. Abrodos

 

 

Casi con la patria había nacido el 14 de febrero de 1811 Domingo Faustino Sarmiento, gran elegido de la historia y una batalla sin tregua su dilatada vida, el hombre público que ascendería hasta la primera magistratura nacional.

A dos días de fundada la nueva capital escribía en el diario de Dalmacio Vélez Sarsfield “El Nacional” lo siguiente:”Tuvo lugar al fin el tan esperado alumbramiento Capital habemus”. El sanjuanino como otros no estuvo presente en el acto de la fundación, pero consintió aparecer entre los presentes en la oleografía figurativa de ese acontecimiento que se hizo en Milán y allí aparece su rostro.

Sarmiento creía que el lugar elegido no era el indicado y el 26 de abril de 1882 desde el mismo diario en un artículo titulado “La Capital” rivalizaba con la utilidad de situarla en la zona de Tolosa y Ensenada; “Ni a Tolosa ni a Ensenada ocurrirá población por orden de la Legislatura de Buenos Aires, simplemente porque en cuatro siglos de descubierto aquel puerto y diez años después de estar dotado de ferrocarril, no ha podido reunir siete mil habitantes, según el reciente censo”.

Y muy pesimista escribía: “La razón de ser de las ciudades no se fija  a priori”, “El puerto no será puerto, porque no se va por ahí a ninguna parte, si no es a esta ciudad de Buenos Aires; y la capital de Tolosa será una fruta pasmada, o un niño atrofiado desde su nacimiento (…) No se han hecho Megalópolis después de las de Pompeyo”.

Sus aseveraciones son defendidas con ejemplos históricos en los que se advierte que el destino y evolución de las ciudades nada tiene que ver con decisiones de los que gobiernan y afirma “Las plantas chicas no se desenvuelven a la sombra de los grandes árboles, Buenos Aires la grande Buenos Aires le sustraerá la sabia a Tolosa, que tendrá sus casas desiertas como ciudad abandonada en castigo de haber concebido el audaz pensamiento de llevarse al Buenos Aires histórico, a los pantanos de la Ensenada o a las alturas de las hermanas”.

Sus comentarios en un primer momento no son muy alentadores, después parece mejorar su apreciación al decir “No hemos nosotros de decir que La Plata está destinada a un gran porvenir, será una de las tantas villas y ciudades que crecerán en torno de la capital, por si más no fuese sería una gran cosa como cabeza administrativa de una gran provincia”. Si bien sus conceptos son funestos parece mostrar un atisbo de esperanza cuando dice “Deseamos por lo tanto a  La Plata los brillantes destinos que le auguran sus patronos, con el desarrollo rápido que esperan, y que no estaría en contradicción con ningún hecho, con nuestros frescos y alegres pueblecitos de campaña”.

Sin duda que el temperamento del sanjuanino creaba odios y afectos. Adeptos y contrincantes, pero lentamente el transcurso de los progresos que Sarmiento va observando en sus visitas a la nueva capital van cambiando su opinión y la tornan más positiva. El 25 de junio de 1884 está por unas pocas horas en La Plata pero, no obstante, pudo contemplar los avances de las obras y al parecer quedó asombrado. Visitó algunas escuelas instaladas en casillas de madera, en especial, la N°1, en la calle 5 entre 46 y 47.

En 1887 Sarmiento anciano ya, redactó un discurso para ser pronunciado en el acto de inauguración oficial de una parte del Museo platense, pero el que no fue leído por su autor donde se explaya y demuestra su entusiasmo. En un largo discurso que escribe para la ocasión, entre un cúmulo de halagos rescato lo siguiente: “Ustedes lo ven en La Plata: es una ciudad ideal, de amplitudes grandiosas, donde antes había estrecheces, dotadas de palacios para cada función del organismo; pero plazas, estaciones, avenidas, capitolios, bancos, bibliotecas, tan vastos que se ve que no es para el presente que se construyeron sino para una generación venidera y una gran ciudad presunta”.

Le fue enviado por D’Amico el regalo del álbum fotográfico de Bradley con las tomas del tercer aniversario de la ciudad, que el ex presidente agradeció en una nota en el diario “El Nacional” donde quedó asombrado por las vistas y manifestó entre otros elogios “…A veces me viene la idea de irme a establecer allí, nada más por ser habitante de una ciudad que parece un rosal espléndido de primavera, como los que vi delante de su casa con escasas flores abiertas pero acompañadas de racimos de botones que empezaban a abrir”.

El viejo maestro falleció en Paraguay en 1888, pero estoy seguro que la visión de las imágenes de la ciudad nueva le causaron una alegría que seguramente no pudo poner en palabras más lisonjeras.

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Mi nombre es Roberto G. Abrodos soy un apasionado investigador de la ciudad de La Plata, un divulgador de cosas del pasado, es la nuestra una ciudad muy bonita con un nacimiento inusual para la época en que fue fundada. La “nueva capital” tiene excelentes lugares para visitar y muchas historias. Evocar el pasado es la premisa de este blog, La Plata con más de 130 años de fundada acumula gran cantidad de testimonio de distinto tenor pero siempre interesantes. La capital de la provincia no escapa a la generalidad de lo que esencialmente somos, un país formado por inmigrantes, nosotros no pertenecemos a un origen milenario, como los aztecas o los mayas. Creo firmemente que mirar hacia atrás suele ser un medio de encaminarse hacia adelante y no caer en antiguos errores.

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