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Cómo manejar los miedos de los chicos

Monstruos, fantasmas y la mismísima oscuridad. La infancia está plagada de temores imaginarios que hay que superar con la ayuda de los adultos

Los chicos necesitan contención para no tener miedo

Casi todos los padres, cuando su hijo manifiesta algún miedo irracional, explican que no hay ningún motivo para temer y quieren romper el mito de la existencia de los monstruos o personajes malvados.

Sin embrago, los especialistas afirman que, sin embargo, rara vez esta explicación resulta ser del todo exitosa.

Si bien este es, sin duda, el camino más corto y rápido para que los adultos se acerquen al tema, es posible que el niño no se sienta tomado en serio. Y es que los miedos a los monstruos son irracionales, y los miedos irracionales no siempre pueden ser superados con argumentos racionales, sostienen los expertos en psicología infantil.

Por lo tanto, sería mejor que el adulto se meta en el mundo mágico del niño y trate de involucrarlo en la lucha contra el monstruo. Esto significa que se debe pensar junto con el niño sobre la mejor manera de derrotar al ser maligno, ahuyentarlo o convertirlo en un personaje bueno.

Según los especialistas, el miedo a los monstruos debe situarse en un contexto lúdico, más controlable y menos ansioso. Por ejemplo, se puede construir una espada de cartón o darle un nombre al fantasma. En caso de que el niño tenga miedo a la oscuridad, una simple luz nocturna a menudo puede ayudar a que duerma tranquilo.

Por otra parte, vale destacar que la manera más segura para que los chicos reduzcan sus temores es a través de la cercanía física y la contención de los padres o adultos.

Es muy difícil para los niños cuando los avergüenzan o incluso se ríen de ellos por este temor. Por lo tanto, es preferible ponerse hacerle upa y cuando se haya calmado averiguar si puede contar algo más sobre este monstruo.

¿Cómo es el monstruo? ¿Qué es lo que asusta?, son preguntas que un padre le puede hacer a su hijo, agregan los especialistas.

El miedo a los monstruos es bastante normal a cierta edad del desarrollo de la infancia.

Al principio, los niños tienen miedo a personas extrañas y objetos, a los ruidos fuertes y a las alturas. A partir de los cuatro años se puede sumar el temor a los animales, a la oscuridad y a la soledad.

En edad preescolar, los chicos se asustan de las figuras de fantasía, como los monstruos y los fantasmas, de las tormentas eléctricas, las separaciones y de estar solos por la noche.

A partir de la edad escolar comienzan a temerle al fracaso, a las evaluaciones, las lesiones, las enfermedades, la muerte, las intervenciones médicas, las catástrofes, los secuestros, los incidentes ambientales y las guerras.

A veces, el comportamiento de los padres y sus propios temores y fobias llevan a los niños a desarrollar trastornos de ansiedad.

En las plazas a menudo hay padres que están todo el tiempo pendientes de su hijo y atentos a que no les pase nada. Pero ésta es una manera de señalizarle al chico que no confían en él y que algo va a salir mal.

Todos los expertos están de acuerdo en que los temores están justificados. Los niños inteligentes, en particular, suelen ser más cautelosos porque son capaces de reconocer los peligros potenciales en una fase temprana.

Sin embargo, cuando los temores aumentan, los niños sufren y se ven limitados en la vida cotidiana, los padres deben buscar la ayuda de terapeutas para detectar que este no sea un síntoma de otro problema que el chico pueda estar pasando.

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