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La verdad y la belleza en las crónicas deportivas

“Juego, luego existo”, el libro de Ezequiel Fernández Moores. Una antología de cuatro décadas de fútbol. La influencia de Borocotó y Dante Panzeri, entre muchos otros comentaristas

La verdad y la belleza en las crónicas deportivas

Por: MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

23 de Febrero de 2020 | 04:29
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Quedan algunos pocos. Ellos mantienen la llama y muestran rumbos, como antes lo hicieron precursores como el viejo Borocotó, Frascara, Dante Panzeri, Alberto Laya, Pepe Peña, Diego Lucero, Free Lance, Ardigó, Fioravanti y algunos otros. El deporte no es sólo ganar, no es sólo ir primero y conquistar laureles. Bien entendido, para ellos el deporte es una muestra de la mejor condición humana. Esfuerzo y humildad, la más fuerte pareja. De esto se trata “Juego, luego existo” ( Editorial Sudamericana 2019) el libro recién salido de Ezequiel Fernández Moores (1957, porteño). Se trata del deporte enfocado como un asunto trascendente, no como un mero espectáculo. Del deporte como debe ser, sin violencia, sin trampas, sin corrupciones afuera ni adentro de las canchas.

Fernández Moores logra conectar su mirada milimétrica con la visión universal del deporte

 

“Fernández Moores logra el pequeño milagro de conectar la mirada milimétrica del entomólogo con una visión universal del deporte. Es una característica de gran periodista, de periodista necesario, uno de los pocos que convoca a su audiencia sin importar ciudad, país o continente”, dice Santiago Segurola, uno de los presentadores de la obra.

Fernández Moores hace años que escribe para las páginas deportivas de EL DIA, La Gaceta (Tucumán), La Nación (Buenos Aires y también para The New York Times (en español). Colaboró entre otros medios con las revistas El Periodista, Play Boy, Trespuntos, El Observador y Un Caño, así como con los diarios Página 12, Olé y El País de España.

Se trata de una antología de sus artículos publicados en las últimas cuatro décadas –polémicos algunos, controvertibles otros- en donde nada de lo humano quedó afuera, desde la realidad política nacional e internacional a sus coloridos retratos de Maradona y Messi, pertrechado con una “artillería” informativa sorprendente y, sobre todo, con la influencia de escritores y poetas que le dieron estética y de filósofos y pensadores que le dieron sentido ético a su discurso.

NO AL TRIUNFALISMO

Dice el mismo Segurola que Fernández Moores “nunca nadó sobre la espuma del triunfo y trató siempre de alejarse del periodismo de resultados, aunque sin dejar de empatizar con la alegría popular. Sin ser moralista, sin ser agreta, sin ser solemne”.

Entonces ¿cómo no recordar una crónica de Borocotó, escrita sobre uno de los viejos y mitológicos “Gran Premio” del turismo de carretera argentino? Borocotó vio la llegada de una etapa de montaña, con los primeros de siempre: los Galvez, Fangio, Pablo Gulle, Ciani, Supici Sedes y estaba por levantar el puesto cuando le dijeron que en la montaña había quedado detenido, pero que avanzaba no obstante, trabajosamente, hacia la meta, un corredor muy humilde, que era chanchero de profesión.

El hombre y su auto desvencijado llegaron de noche, cuatro horas después que los demás. Y Borocotó escribió una crónica memorable, dedicada al último de la etapa. El chanchero se llamaba Egisto Sereni, se hizo amigo del periodista y era un hombre ya de alguna edad, que se vio sorprendido como antiguo competidor por la llegada de corredores jóvenes. Entonces, un día, lo vio a Borocotó parado junto a la banquina en otro Gran Premio, detuvo su auto y le dijo: “Basta, viejo. Me retiro. Bajás el vidrio para tirar el pucho y te pasan tres…No es para mí”.

Muchos escritores, acompañan y enriquecen la obra de Fernández Moores. “Siempre sentí una admiración especial hacia los escritores que pudieron contarnos el fútbol como un juego bello y popular. Pero que también supieron apreciar su picardía, sus antihéroes, su costado más irracional. Como periodista aferrado a los datos les envidio su capacidad de escribir poesías, leyendas y sentencias partiendo muchas veces desde lugares en los que otros no veíamos nada. Las fantasías y las predicciones de la Hermana Rosa del Negro Fontanarrosa nos contaron como nadie crónicas mundialistas de la Selección argentina.

Aquí podría mencionarse a Dino Buzzatti, novelista y cuentista de fama universal que, además, fue cronista de ciclismo en el Corriere della Sera cuando Italia –en los 40- estaba dividida entre partidarios de Fausto Coppi (il campioníssimo), que era admirado por la izquierda italiana y su clásico rival, Gino Bartali, el ídolo de los católicos y de la Iglesia romana. Había una profunda grieta entre los hinchas de ambos y Buzzatti los siguió por la escarpada montaña, cuando luchaban contra la altura y vio que, de pronto, Bartali se había quedado sin agua en su cantimplora. Atrás venía Coppi pedaleando y le ofreció su agua al más que sediento Bartali. La crónica de Buzzatti, titulada “Bebe Gino, bebe…”, que fueron las palabras que le escuchó decir a Coppi, sigue siendo una clase de crónica deportiva. Ese tipo de escritos también corre por el libro de Fernández Moores.

Para Dante Panzeri el fútbol pertenecía solamente al jugador

 

SIN CONCESIONES

Un estilo así –vertebrado en otros conocimientos, investigativo, sin concesiones con el poder y hasta, en oportunidades, con dosis de arbitrariedad- genera, sin embargo, reacciones. Está claro que muchos lectores que, por ejemplo, son hinchas de Estudiantes, miran de reojo algunas crónicas de Fernandez Moores por sus ataques a Bilardo. No tan frecuentes, pero sí enérgicos. En esto el columnista se asemeja mucho a Dante Panzeri (1921-1978), que también colaboró para EL DIA, un intelectual, famoso por la intransigencia yl acidez de sus opiniones, pero un maestro de la crónica deportiva.

Panzeri rompió los moldes desde la revista El Gráfico, desde donde bregó para “expulsar” de las fotos tomadas antes de los partidos a los aguateros, masajistas y técnicos que se sumaban al equipo. Allí están –decía- “los colaboradores junto al ahijado del wing izquierdo, el resto son los jugadores”, añadía. Desde Panzeri sólo posan los que juegan. Para el comentarista, el fútbol pertenecía al jugador.

Un seguidor incondicional de Panzeri fue Pepe Peña –José Gabriel González Peña-, un hombre culto y extravagante que una vez escandalizó al decir: “el que no ha visto un partido de fútbol en Inglaterra, jamás vio fútbol”. Peña, que fue padre del actor Fernando Peña, era hincha de Estudiantes y fanático de la Tercera que Mata, llegó a ser por pocos días director técnico de un inolvidable y muy bohemio equipo de Huracán. El entrenamiento consistía en una o dos vueltas trotando alrededor de la cancha y después se iban todos a las duchas. Duró tres fechas en el cargo.

Su apologista, Andrés Burgo, escribió en El Gráfico sobre Pepe Peña: “Sus comentarios iban a los tobillos. De Osvaldo Nardiello, centrodelantero de Boca en 1958 y 59, Pepe dijo: “Juega con un balde en la cabeza”. De José Sanfilippo, goleador de San Lorenzo, opinó: “Está dentro de una casilla de guardabarrera con una caña de pescar en la mano”. Y de Pedro Dellacha, defensor de Racing, apuntó: “Aeronáutica va a prohibir el paso de aviones sobre la cancha donde él juegue porque un día los va a voltear de un pelotazo”.

Otro caso arquetípico de cronista deportivo fue el de Diego Lucero (Luis Sciutto) Había sido jugador de Nacional de Montevideo y del seleccionado uruguayo. Jugó varias veces contra el platense Nolo Ferreyra y se hizo entrañable amigo. Vino a la Argentina y se dedicó al periodismo, iniciándose en Crítica. Tenía una pluma irónica, estilizada.

Ocurre que en 1936, cuando empezó la Guerra Civil española, lo enviaron a cubrir la contienda y casi fue fusilado. “Franco era bajito así…”, decía y ponía la mano a la altura de su pecho. Según Lucero, el caudillo logró dominar a España durante 40 años “porque primero tuvo la inteligencia de dominar a la Iglesia : a partir de allí toda España tuvo que rezar el rosario”, diría ante un grupo encandilado por su verba, entre quien se encontraba un sonriente monseñor Lodigiani.

Lucero, cuando terminó la Guerra Civil , pensó aliviado que volvería al país. Pero desde Crítica le avisaron: “Quedate un tiempito más, para ver que pasa, porque Alemania invadió Polonia…” Había empezado la Segunda Guerra Mundial y el corresponsal argentino siguió atrás de la guerra algo más que un tiempito, hasta 1945. Compartió trincheras con Hemmingay y Saint Exupery, entre otros corresponsales.

“Menos a Hitler…entrevisté a todos”, diría después este legendario periodista, cuyos últimos treinta años los vivió en Gonnet, como un platense más, cultivando la amistad de Nolo, del profesor Rottgard y tantos otros. Llegó curtido y culto, con dos guerras y muchas muertes en su memoria, entró a Clarín y a partir de allí escribió sabrosas crónicas de fútbol, porque tenía una vida enciclopédica detrás.

LO QUE FALTA

El caso de Fernández Moores remite a tantos cronistas dignos de memoria. Pero lo que le falta a la crónica deportiva en la Argentina –apenas si hay unas pocas- es la presencia de mujeres en esa grilla.

La argentina Viviana Vila, que trabaja para la cadena hispana Telemundo, es una de las primeras mujeres comentaristas de partidos de fútbol: “Me tomó 10 años, es decepcionante que tomara tanto tiempo”, dijo Vila sobre su logro. “Fue agotador, injusto e ingrato... no debiera ser así, pero me hizo fuerte para seguir aprendiendo y mejorar en mi trabajo. Hoy estoy mejor plantada para lo que venga”.

En la Argentina hay varias consideradas pioneras de la crítica deportiva. Entre ellas Angela Lerena (42), la primera que cubrió un superclásico por televisión abierta: “Siempre fui un bicho raro, en la escuela y en mi casa; eso forjó mi personalidad. Mis compañeros me decían que no podía hablar de fútbol, ni siquiera en los pasillos, y los jugadores no me creían que era la periodista, estaban esperando que llegara un varón”, cuenta entre risas.

La siguen Alicia Moine, Luciana Rubisnska y Chechu Bonelli, entre pocas otras. Es seguro que ellas encontrarán muchas vueltas de tuerca para que la crónica deportiva en la Argentina se ajuste mas fuerte a la verdad y a la belleza, que es, nada menos, que el ideal que tuvieron los griegos, los inventores del deporte.

 

Juego , luego existo
EZEQUIEL FERNANDEZ MOORES
Editorial: Sudamericana
Páginas: 336
Precio: $749

 

 

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Dante Panzeri

Año 1939. Ricardo Lorenzo (”Borocotó”), con EL fotógrafo “Garabito”

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