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Espectáculos |EN DIÁLOGO CON EL DIA
Ricky Pashkus: “La angustia es el último llamado a no dejar de ser quienes somos”

Con esta frase de Kierkegaard, el director y coreógrafo logró convertir sus defectos en virtudes. Dice que su intensidad y obsesión por el deseo creativo lo llevaron a atravesar la cuarentena en un “especial estado poético”

Ricky Pashkus: “La angustia es el último llamado a no dejar de ser quienes somos”
María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

19 de Septiembre de 2020 | 03:50
Edición impresa

Ricky Pashkus (65), que no recuerda su existencia sin la terapia, confiesa que toda su vida ha convivido con la angustia lo que no implica, sin embargo, que se sienta angustiado. Para explicarlo, el reconocido director teatral y coreógrafo parafrasea a Kierkegaard para contar la frase que le cambió la vida: “La angustia es el último llamado a no dejar de ser quienes somos”. De ahí, sostiene el referente de la danza y los musicales en el país, su actitud activa, de una intensidad y energía avasallante, que lo llevan a seguir apostando por el arte cuando la pandemia la mantiene contra la pared, herida de muerte.

En diálogo con EL DIA, dirá Ricky que lo que “literalmente me hizo bien” de esa frase del filósofo danés “fue entender que esa inmanencia que yo tenía todo el tiempo, que me llevaba a la acción, a la hiperquinesia, y a una manera de vibrar tan particular, no era sólo un llamado de ansiedad sino que también era un llamado a ser quien yo tenía que ser”. Una vez que comprendió eso, todo lo demás simplemente fluyó.

“Lo concreto es que me levanto todas las mañanas, creyendo que viví una pesadilla a la noche (risas). Pero mi tarea me alivia profundamente. Todo lo que hago me trae una enorme sensación de orientación, foco, de sentirme útil, de poder avanzar, de mantener la llamita encendida, y de asociarme cada vez más con lo personal”.

Para Pashkus, a quien la pandemia le dejó en stand by un proyecto millonario (“Kinky Boots”, ver aparte) que había estrenado apenas dos meses antes de la mano de su productora Rimas, pero del que está convencido de que se recuperará, el coronavirus generó una “locura” que algunas personas, sobre todo artistas, por su capacidad de “desadaptación del enchufe social”, pudieron sortear. Pero muchos no pudieron y se dejaron arrastrar por la locura.

“La locura con que la humanidad recibió este virus -real y sin discusión- ha sido tremenda. Desde la manera en que nos hemos constituido, desde la marcha anti cuarentena hasta el discurso del miedo, desde la distancia que tengo por un lado con toda la información y la atracción que por otro lado me hace necesitarla, y hasta en hechos como que en programas como “Cantando por un Sueño” se hable del coronavirus. En todos los valores, toda esa locura conjunta, me parece que ha sido perverso, que no es culpa de nadie, porque nos encontró en un momento de mierda. Pero yo no compro ninguna de las cosas que escuché: no compro que es una oportunidad para que el planeta respire, no compro que es una conspiración china ni americana. Creo que hemos construido algo que termina obligando a mancomunar con aspectos en donde haya una locura compartida con aquellos con los que pueda consensuar de qué estamos hablando cuando podemos apoyarnos en la incertidumbre, sin más”.

Esos discursos, admite, en las primeras y ya lejanas épocas de la cuarentena, le han provocado angustia.

-Pero no te han paralizado.

-No. Yo siempre para adelante porque tengo una naturaleza que el miedo, más que paralizarme, me inflama. Es una virtud y un defecto porque me puede inflamar para transgredir y llevarme a “aprovechar” la oportunidad en una crisis, o me puede hacer también inflamar donde hubiera sido mejor no haberme inflamado. Pero no me retrotrae.

-Siempre decís que las crisis son oportunidades. ¿Estás aprovechando esta crisis?

-La palabra aprovechar es un poco soberbia de mi parte pero sí, la estoy aprovechando porque mis defectos se transformaron en mis virtudes. Cuando digo defectos es medio relativo, porque hablo de mi manera de ser. Pero estas actitudes, que me llevan a ser hiperquinético, ansioso, maníaco, hiperactivo y hasta obsesivo con lo que deseo, no han conspirado en mi contra en esta cuarentena sino que, por el contrario, fueron mis motores. No hubo un solo momento en que el miedo no dejara de inflamar mi deseo. Eso es una ventaja.

En estos seis meses, con sus estudios de danza cerrados, y las funciones canceladas, Ricky logró mantenerse en un “especial estado poético”, al que llegó, vaya paradoja, desde la virtualidad. En estos casi 200 días de encierro, ha ofrecido incontables charlas y encuentros vía Zoom, gratuitos, para los interesados de verdad, en los que descubrió una situación mágica.

“Yo no creo en esto de la nueva normalidad, de que sea una oportunidad para que salgamos mejores. Pero sí creo que el Zoom vendió algo que si lo compramos puede ser algo bueno. En lo que es comunicación, charlas, clases y contacto con gente, era casi un mundo ideal. Un cuadradito, silencio total, todo el mundo con una atención relevante, el país entero comunicado, internacional. Era una clase a la que nunca nadie llegaba tarde, ni ponía excusas tontas. Entonces, yo me pregunto, ¿seremos capaces cuando volvamos a lo presencial de seguir siendo de este modo?”.

Y en este estado poético emergió, naturalmente, la creación.

Junto a Fer Dente, con quien mantiene un vínculo entrañable, desde ese intercambio de energías en la cola de aspirantes para el casting de “High School Musical” -Ricky pasaba y, en la fila, algo le llamó la atención de ese jovencito y le gritó “vos vas a ganar”, y, sin influenciar en esa decisión, quedó por su talento-, idearon y lanzaron el Instituto Argentino de Musicales -IAM-, que ya tiene un montón de inscriptos para la temporada 2021.

También tuvo tiempo Ricky para las causas benéficas: encabezó las charlas virtuales SET -siempre es teatro-, a beneficio de la Casa del Teatro, y participó de la coordinación y dirección un festival virtual a beneficio del Barrio Padre Mugica (ex Villa 31), para el que contó con la ayuda de más de sesenta reconocidas figuras, desde Julio Chávez a Graciela Borges, y de Natalia Oreiro a Birabent.

-¿Por qué lo hiciste?

-Es imposible negarte porque son de esos milagros que trae la vida. Es casi egoísta cuando uno se mete en esas cosas porque te sentís bien, te alivian. Así me sentí yo.

Ser solidario está en su esencia inquieta y eso lo llevó a poner su nombre y su cuerpo para acompañar un reclamo histórico de la danza.

“Hemos creado el CEADyTEM (Colectivo Educación Artística Danza y Teatro Musical), que es parte del colectivo de los estudios de danza. Con consciencia casi realista, nos hemos reunido los que tenemos mucho poder de gestión -también forman parte Valeria Lynch, Juan Rodó, Reina Reech, Julio Bocca, Paula Schapiro y Laura Fidalgo, entre otros- y que tenemos visibilidad en los medios, y la queremos aprovechar, pretendiendo ser útiles para buscar una decisión de movimiento rápido que pueda descongestionar algunas vías de trabajo”.

¿Qué es lo que buscan? Que la danza sea nombrada, ni más, ni menos. “Tenemos problemas impositivos serios, problemas de protocolo serios, pero que derivan básicamente de que la danza tiene una severisima dificultad que es que no es nombrada”, advierte Ricky sobre un problema “histórico”, que no les ha permitido, por ejemplo, tener una ley nacional que ampare a sus trabajadores -como si lo tiene el teatro-, ni un presupuesto a la altura de otras disciplinas artísticas.

La pandemia, dice Pashkus, profundizó esta “invisibilización” que hace que la danza baile en una especie de “limbo” y que no aparezca incluida en los protocolos.

“No hay un protocolo que nos incluya. Porque, por ejemplo, los estudios de danza están habilitados como un instituto de inglés, pero no somos un instituto de inglés. Entonces tenemos que entrar por deducción y por sentido común en alguna categoría. La música y la práctica escénica está autorizada para streaming: ¿estamos los bailarines incluidos? Entonces vos vas, preguntás y te dicen que no porque ‘ustedes transpiran’. Ahí, insisto, ¿un solo bailarín no puede bailar y transmitirlo vía streaming si quisiera?

-Pero en “Cantando por un sueño” hay bailarines acompañando a las parejas...

-Pero sin lugar a dudas. Entonces, el no nombramiento, genera esas cosas. Este es un ejemplo clarísimo: no se hizo “Bailando”, por esto que decís, pero se hizo “Cantando” y se terminó poniendo atrás, por sentido común, bailarines. Es decir, trabajan cuatro, cuando podrían trabajar muchísimos.

Aunque sabe que “no es políticamente correcto” lo que va a decir, lo dice igual: “es mucha responsabilidad nuestra, también, en esto de la falta de visibilidad de la disciplina. Es histórico. Los bailarines hemos sido ‘vagos’, no hemos usado la palabra, hemos usado solo el cuerpo, como dice Isadora Duncan. Pero sí quiero aclarar que, al no nombrarnos, no entendemos cómo actuar. Si nos nombran, y nos dicen, bueno, abren en la fase cinco, perfecto, no importa cuándo, pero que lo digan”.

“La locura con que la humanidad recibió este virus ha sido tremenda”

“No hubo un solo momento en que el miedo no dejara de inflamar mi deseo”

 

 

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