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Economía Dominical |Mayor intervención en la economía
Más cepo, una receta con la que ya se fueron U$S37.000 millones entre 2011 y 2015

Se anunció una ampliación a “bienes suntuarios”, aunque algunos son casi de uso diario. Los antecedentes y diferencias con el pasado

Más cepo, una receta con la que ya se fueron U$S37.000 millones entre 2011 y 2015
10 de Enero de 2021 | 04:45
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El endurecimiento del cepo cambiario sumó otro capítulo esta semana, cuando se conoció que los importadores de bienes suntuarios y de un conjunto específico de bienes finales deberán obtener financiamiento antes de acceder al dólar oficial para cancelar los pagos.

La Comunicación A 7201 emitida el miércoles por la noche por la autoridad monetaria reveló que el nuevo cepo no solo demorará por un año el acceso al mercado para importadores de bienes exclusivos de como automóviles de alta gama, sino también alcanzará a productos más modestos como agua mineral, lavavajillas, hornos eléctricos, heladeras domésticas o vinos, espumantes y licores.

Según explicó el BCRA, la medida tiene por objetivo preservar la salida de U$S325 millones. De dicha cifra, estiman que se obstaculizaría la salida de divisas por U$S 25 millones en el caso de los bienes suntuarios y de U$S300 millones de otros bienes finales. Entre estos últimos, indicaron que se encuentran electrodomésticos de línea blanca y otros productos que tienen producción nacional, según El Cronista.

Pero lo que sucede en el contexto internacional de fin de 2020 y apunta a prolongarse más allá de 2021 se ubica en las antípodas del ciclo externo que arrancó entre 2011 y 2012, y que diera lugar a medidas de abroquelamiento, como las que se aplicaron en la Argentina con el cepo original, según explicaron en un informe del Ieral, en el que se marca que “en el seno del oficialismo, vuelve a reivindicarse la política del cepo original. Es muy llamativo, porque con el cepo original se evaporaron reservas netas del Banco Central por unos U$S37.000 millones, ya que se arrancó con U$S33.000 millones a fin de 2011 para llegar a un nivel negativo estimado en U$S4.000 millones a fines de 2015”.

Pero además, los pasivos remunerados del Central se mantuvieron relativamente estables medidos en dólares a lo largo de aquella experiencia, mientras que a fin de 2020 éstos alcanzaron un equivalente en dólares (tipo de cambio oficial) de U$S 33.600 millones, multiplicando por 10 el nivel de las reservas netas (contabilizando el oro). El ritmo de emisión monetaria para financiar el rojo fiscal prácticamente triplicó en 2020 los guarismos promedio de 2012 a 2015, cuando se los mide en términos del PBI. Se tiene entonces en 2021 un contexto externo que de ningún modo justifica medidas de abroquelamiento. y, además, en el plano local, condiciones iniciales para el actual cepo mucho menos favorables que las de 2012 cuando se mide el nivel de las reservas netas contra los pasivos remunerados del Banco Central, que son a su vez (Leliq y pases) los instrumentos a los que se apela para moderar el impacto inflacionario de la emisión monetaria, agregan.

En el estudio afirman que las variables macro de 2020 se movieron por fuera de cualquier parámetro. Con un PBI cayendo 10 por ciento, aproximadamente, el consumo de bienes básicos habría aumentado entre 2 por ciento y 3 por ciento. Se conjugaron diversos factores, desde cuantiosas transferencias hacia los sectores más vulnerables hasta la liberación de recursos de las familias por consumos no realizados en distintos bienes y servicios. Las variables “fuera de escuadra” apuntan a replicarse en 2021, pero de modo invertido. Con un PBI recuperando una fracción de lo perdido en 2020, pero el consumo de bienes básicos más frenado, por el recorte de algunos instrumentos de ayuda social como el IFE, por la persistencia de un elevado desempleo, y por la captura de una fracción de los presupuestos familiares de gastos que se achicaron al mínimo por el confinamiento.

“Dado que el sector público expandió su déficit en forma significativa en 2020, y no dispuso de financiamiento internacional, como lo muestran las variables del sector externo, el ajuste recayó sobre el sector privado con capacidad de ahorro, empresas y familias, en detrimento de la inversión. Por eso, cuando se discute la política fiscal para 2021, el trasfondo es semejante al de 2020: si el sector público se resiste al ajuste, a llevar el déficit fiscal a un nivel más financiable, entonces será el sector privado el que volverá a pagar los principales costos. Pero con una diferencia crucial entre ambos años, ya que la inflación de 2021 apunta al menos a ser 15 puntos porcentuales superior a la de 2020, lo que implica que entramos a un año en el que el impuesto inflacionario a pagar será mayor, y a los consumidores les resultará difícil seguirle al ritmo a la suba de los precios. Y si el gobierno redobla los controles, entonces se multiplicarán los problemas de escasez de determinados bienes”, dijeron.

 

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