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Monogamia: ¿Sólo una imposición social que se estableció?

El dicho dice que de las infidelidades nadie se salva y cada vez es más frecuente escuchar parejas que prueban con el poliamor. La forma de relacionarnos sexual y socialmente se transforma

Monogamia: ¿Sólo una imposición social que se estableció?

La infidelidad es vista como una traición y pocos creen poder perdonarla

24 de Octubre de 2021 | 07:25
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Cada vez que alguna noticia u informe sobre infidelidad cobra notoriedad aparece una investigación respecto a la monogamia y, aunque plantean distintas hipótesis, la mayoría parten de la misma idea: el ser humano, al igual que casi todos los mamíferos, no era en origen monógamo.

Y es que tener la misma pareja durante toda la vida no es una buena idea desde el punto de vista evolutivo para muchas especies.

Pero además, a esta altura de la evolución humana, son muchos quienes se cuestionan la monogamia. Por dar un ejemplo, el 55 por ciento de los argentinos cree que la monogamia es una imposición social, según una encuesta hecha por la “Radiografía del Infiel” llevada adelante por Gleeden, un sitio web para encuentros extraconyugales.

Además, la encuesta revela que el otro 45 por ciento restante afirma que la monogamia es posible, siempre y cuando, estén dadas las condiciones.

Esta encuesta fue realizada a 15.211 personas con el objetivo de entender más sobre las relaciones de pareja y descubrir las motivaciones que pueden llevar a materializar una infidelidad. Sobre este último punto, los encuestados afirmaron que los principales motivos para cometer una infidelidad son: aburrimiento (63 por ciento), naturalización de la infidelidad (20 por ciento), conflictos o discusiones con la pareja habitual (10 por ciento) y enamoramiento de un tercero (8 por ciento).

Otro factor analizado son los momentos en los que una persona elige ser infiel: el 43 por ciento de las infidelidades se inician pasados los 10 años de relación, el 18 por ciento después de los 5 años, mientras que el 39 por ciento restante no ve momento puntual para iniciar una infidelidad, sino que puede suceder en todas las relaciones y en cualquier momento.

Finalmente se analizó la capacidad de los infieles de perdonar una infidelidad de la pareja y de ser perdonados en caso de ser descubiertos teniendo encuentros extraconyugales. Por un lado, el 56 por ciento de los encuestados es consciente de que su pareja nunca perdonaría una infidelidad. Pero al ser consultados en una situación inversa -los encuestados descubren una infidelidad de su pareja- el 66 por ciento afirma que no necesariamente perdonarían.

Claro que la infidelidad no tiene que ver sólo con la monogamia, sino con los acuerdos que haya entre la pareja. En el auge, al menos de la boca para afuera, de los vínculos poliamorosos o polisexuales, también puede darse el engaño o la traición, aunque esté estipulado que no son sólo dos quienes mantienen encuentros en la relación.

Hoy en día, la monogamia parece ser una elección más. Es cierto que se trata de la forma más conocida y/o aceptada socialmente, pero poco a poco y sobre todo entre los más jóvenes, se dan nuevas formas de vincularse que no responden a la fidelidad sexual con una sola persona.

En los inicios de la especie, la monogamia no estaba cerca de practicarse porque el instinto de supervivencia marcaba que había que reproducirse, formar la manada y evolucionar.

Y aunque la forma de aparearse fue modificándose en el tiempo, el ser humano abrazó finalmente la monogamia “obligatoria” en el Neolítico, más o menos al mismo tiempo que descubrió la agricultura, la cerámica, y se abandonó la vida nómada propia de las sociedades de cazadores recolectores para asentarse en poblados estables.

Y las investigaciones realizadas apuntan a que en la prehistoria los seres humanos vivían en grupos pequeños donde no existía la propiedad: se compartía la caza, el refugio, la crianza de los hijos y también la actividad sexual. Algo que maximizaba las probabilidades de supervivencia del grupo.

En la actualidad, según el profesor de ciencias familiares de la Universidad de Maryland, Roger Rubin, solo 43 de las 238 sociedades existentes en el mundo son monógamas, aunque los integrantes de estas son mucho más numerosos.

Hay diversas razones por las que los investigadores creen que el ser humano (y otros primates) empezaron a ser monógamos.

Según un estudio publicado en 2013 en la revista ‘PNAS’, la monogamia surgió en los ancestros de los humanos como un recurso para prevenir el infanticidio, esto es, la muerte de los retoños de un grupo en manos de machos ajenos a éste. Los niños son más vulnerables cuando dependen únicamente de su madre porque mientras ésta se centra en su crianza posterga otras concepciones, y los machos rivales solo pueden obtener otro apareamiento si matan al infante. La participación de los machos en la crianza abrevia a su vez el periodo de dependencia infantil y permite que las hembras estén disponibles para la reproducción más rápido.

Por otro lado, se cree que este tipo de vínculo se dio para evitar las enfermedades de transmisión sexual. Es la conclusión a la que llega una investigación publicada la semana pasada en ‘Nature Communications’. Según explicó su autor principal, Chris Bauch, científico de la Universidad de Waterloo (Canadá), “en las sociedades más pequeñas, las infecciones de transmisión sexual no pueden persistir en el largo plazo, desaparecen debido a sucesos aleatorios, que son también más comunes en grupos pequeños. En las poblaciones más grandes, las infecciones son capaces de persistir, y esto es lo que hace que la poliginia sea menos ventajosa que la monogamia”.

El 55 por ciento de los argentinos cree que la monogamia es una imposición social

 

Otros autores piensan que el matrimonio monógamo se estableció como la forma dominante, y casi obligatoria, de organización social, debido a cuestiones económicas. A medida que las sociedades agrícolas fueron creciendo la tierra disponible fue cada vez más escasa, y dividir ésta entre demasiada gente reducía su valor. La monogamia, por tanto, surgió como una forma eficaz de organizar a la sociedad: en unidades familiares.

Aunque casi todo el mundo acepta la monogamia como una norma social infranqueable, son pocos los que la respetan. La sociedad actual más que monógama es “monógama sucesiva” -una expresión acuñada por el zoólogo Desmond Morris, autor de ‘El mono desnudo’-: tendemos a establecer una pareja estable durante un tiempo y pasado este tiempo tendemos a sustituirla por otra pareja estable. Y así sucesivamente.

Otros especialistas dicen que hay una monogamia sexual, que implica no mantener relaciones con otras personas que no sean la pareja, y una monogamia social, que implica tener una sola pareja con la que convivimos. Y aunque la primera no se ha cumplido casi nunca, la segunda sigue siendo útil porque es más adaptativo para nuestra sociedad a todos los niveles: económico, biológico y psicológico. Se tiene un punto de referencia, alguien con el que compartir y hay una inclusión en un grupo. A nivel social, como la sociedad retroalimenta a la familia como unidad básica, se es parte productiva de la misma.

 

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