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Revista Domingo |FENÓMENOS DE LA CULTURA
Tendencias: de Miguel Angel a Banksy, siglos de arte, bacterias y millones

Dos artistas incomparables, separados por siglos, protagonizan por estos días curiosos fenómenos que sorprenden. Por un lado, bacterias que “limpian” esculturas del genio del Renacimiento, y por el otro los millones de dólares que moviliza en la actualidad el máximo exponente del arte urbano

Tendencias: de Miguel Angel a Banksy, siglos de arte, bacterias y millones

Monica Bietti, antigua directora del Museo de las Capillas de los Medici, trabajó en la limpieza y restauración de la capilla. Mostró las mejoras, señalando, al estilo de la Creación de Adán. Foto Gianni Cipriano para The New York Times

20 de Junio de 2021 | 02:04
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¿Qué relaciona a figuras como Miguel Ángel Buonarroti -(1475-1564)- el célebre escultor del Renacimiento italiano autor de los frescos de la Capilla Sixtina, la monumental escultura de Moisés emplazada en Roma o La Piedad en el Vaticano, con el contemporáneo anónimo Banksy -(1974, Inglaterra) -exponente de culto de los artistas urbanos cuyas obras callejeras cotizan en millones de dólares? Sin dudas, el arte. Un arte en el que se entremezcla la ciencia, las redes sociales, y curiosos fenómenos de conservación. Las obras del primero no tienen precio, son únicas e invaluables, mientras que las del inglés cotizan, a siglos de distancia, en muchos millones de dólares. Y los dos, por distintas circunstancias, acaparan en la actualidad la atención de los expertos.

LAS BACTERIAS DE MIGUEL ANGEL

En el marco de la actual pandemia, y con la ayuda de la ciencia, un grupo de bacterias está realizando un trabajo monumental para rescatar obras de “Michelangelo”, al liberar la suciedad acumulada en los grupos escultóricos de la Capilla de los Médici en Florencia (Italia) que habían sido creados en el siglo XVI por Miguel Ángel, según acaba de demostrar un grupo de científicos, restauradores e historiadores, que realizó un experimento para contrarrestar los efectos del deterioro en los mármoles de la cripta de los Médici.

La experiencia fue realizada en secreto por los investigadores y se concentró en las esculturas que revistan la cripta de las familias de mecenas y antiguos gobernantes de Florencia, que hoy son parte del complejo turístico e histórico de esa ciudad, conocido como “Museo de las Capillas Mediceas”.

Se probaron cepas de bacterias detrás del altar en una pequeña paleta cuadrada. Foto Gianni Cipriano para The New York Times

Las estatuas esculpidas por Miguel Angel, durante siglos fueron acumulando capas de suciedad difícil de quitar de las obras.

El encargo a Miguel Ángel había sido realizado por Giovanni di Lorenzo de Medici, siendo ya el Papa León X, hijo de Lorenzo el Magnífico, en el año 1513, mientras que el problema de la suciedad comenzó a principios de 1595 con la aparición de manchas y decoloración en uno de los sarcófagos, y con el tiempo hasta los yesos utilizados para copiar las esculturas que embellecen el conjunto también dejaron su huella.

El sarcófago en cuestión es el de Alejandro de Médici, asesinado por su primo, también llamado Lorenzo, en 1537, y cuyo cuerpo fue envuelto en una alfombra y no fue eviscerado, por lo cual la descomposición terminó esparciéndose por las esculturas de mármol de carrara.

Alejandro está enterrado junto a su padre Lorenzo II de Médici, y el grupo se destaca por las alegorías de Aurora y Crepúsculo a los pies de la estatua del gobernante.

Ahora, la novedad del experimento fue cuando utilizaron la bacteria “Serratia ficaria SH7”, que se alimenta de pegamento, aceite y fosfatos, como una “arma biológica” contra siglos de manchas.

Las bacterias, en este caso, SH7, se emplearon como arma biológica para devorar siglos de manchas en la capilla. Crédito. . . a través de la Agencia Nacional de Nuevas Tecnologías, Energía y Desarrollo Económico Sostenible

Fue así que previo a la pandemia y durante la segunda ola de coronavirus en Italia, se utilizaron las bacterias para que se “comieran” las manchas, aunque la primera prueba la realizaron en la tumba de Giuliano di Lorenzo, duque de Nemours, cuyo grupo también fue esculpido por Miguel Ángel.

Ya en 1988 se había realizado una restauración del conjunto, que demandó casi una década. Por entonces, se habían eliminado la mayoría de las manchas, paredes estropeadas por siglos de humedad y huellas de manos, daños en los yesos y marcas de cepillos de metal usados para eliminar el aceite y la cera. Pero la suciedad de la tumba y otras manchas persistentes requirieron otro tipo de atención, algo observado en 2013 por la que fuera directora del museo, Mónica Bietti.

La idea de utilizar bacterias fue a raíz de una conferencia de 2016 organizada por Anna Rosa Sprocati y su equipo, llamada “Una introducción al mundo de los microorganismos”, que fue presenciada por la restauradora Marina Vincenti.

Las bacterias -cepas aisladas de aguas de drenaje de las minas de Cerdeña- ya habían limpiado residuos de resina en los frescos de obras maestras del Barroco en la Galería Carracci del Palacio Farnese de Roma.

Estudios previos de espectroscopia infrarroja realizados por el Consejo Nacional de Investigación de Italia en 2019, reveló restos de calcita, silicato y otros en las esculturas y las dos tumbas que están una frente a la otra, en la Sacristía Nueva.

A partir de ello, la bióloga Sprocati, de la Agencia Nacional Italiana de Nuevas Tecnologías, eligió la cepa adecuada, entre las que se usan para descomponer el petróleo en los derrames o reducir la toxicidad de los metales pesados.

El equipo científico realizó pruebas acotadas con 8 cepas, no peligrosas y sin esporas, y tras seleccionar la apropiada extendió geles con la bacteria SH7 sobre el sarcófago de Lorenzo di Piero, duque de Urbino, sepultado junto a su hijo asesinado.

Ahora, como resultado de este accionar de científicos y bacterias, los turistas que vuelven a recorrer el sitio pueden admirar las esculturas de Miguel Ángel y la tumba de Lorenzo II en todo su esplendor y sin la suciedad provocada por el enterratorio a las apuradas del asesinado Alejandro.

LOS MILLONES POR BANKSY

El de Banksy, en tanto, es otro fenómeno que llama la atención ya no solo de la mano de la ciencia, sino de los expertos de arte. Creador de un arte crítico y efímero, el nacido en Inglaterra es exponente de los artistas urbanos por su mirada irónica sobre el sistema y sus llamativas producciones, pero al mismo tiempo representa el efecto contrario al ser consumido y asimilado por el mercado del arte y puesto en un lugar de culto, sin dudas un fenómeno singular.

Según Martín Ron, “Banksy es la cara visible del movimiento arte urbano”

 

Comprender la complejidad de este fenómeno asociado a las cifras millonarias obtenidas por sus obras, cuyo valor se disparó durante la pandemia, las exhibiciones no permitidas, su gran exposición pública a pesar de su anonimato y la difusión en las redes, y por sobre todo, la institucionalización de una marca con su nombre, implica revisitar sus narrativas y recorridos.

Este artista callejero anónimo inició sus pasos en el movimiento grafitero siendo adolescente en su ciudad natal, Bristol, registrando su firma en trenes y calles en 1993, mientras que ya hacia el 2001 sus obras de stencil (plantillas y aerosol) estaban en todo el país.

Entre las obras más conocidas de Banksy figuran “Niña con balón” (”Girl With Balloon”), subastada en octubre de 2018 por 1,3 millones de dólares, que cambió su nombre a “Love is in the Bin” (”El amor está en la papelera”) cuando intentó destruirse durante la venta y pasó a ser la primera obra de arte de la historia creada en directo en una subasta

Entre sus obras más conocidas figuran “Niña con balón” (”Girl With Balloon”), subastada en octubre de 2018 por 1,3 millones de dólares, que cambió su nombre a “Love is in the Bin” (”El amor está en la papelera”) cuando intentó destruirse durante la venta y pasó a ser la primera obra de arte de la historia creada en directo en una subasta.

Otra es la pintura de grandes dimensiones “Parlamento involucionado” (2009), donde representa a la Cámara de los Comunes invadida por chimpancés, que fue subastada en 2019 con un precio récord de 12,1 millones de dólares en Sotheby’s, en medio del debate sobre el Brexit.

Y este año se subastó la obra “Niño jugando con enfermera” (2020) cuyo valor fue donado al sistema de salud británico y con el cual el artista homenajeó al personal de salud en el transcurso de la crisis sanitaria por el coronavirus.

Autor de grafitis, pinturas y serigrafías, entre sus temas, retratados de modo irónico y con sentido del humor, aparecen su mirada crítica sobre la tragedia de la migración a Europa y los muertos en el intento, el racismo -el año pasado se pronunció sobre el asesinato de George Floyd y el movimiento Black Live Matters-, la pobreza, la hipocresía, la codicia, el amor, la esperanza, los sueños cancelados, la vigilancia, la represión policial y las guerras.

Sus imágenes más icónicas son las ratas -una herencia de Blek Le Rat, el grafitero francés pionero del stencil-, como las que pintó en el subte de Londres con la reapertura del servicio tras el confinamiento, o en pleno aislamiento en el baño de su casa. También, los cuadros que retoman a grandes maestros de la pintura a los que reversiona, como el tríptico “Mediterranean sea view 2017” subastado en 2020 y cuyo monto fue donado a un hospital de Palestina, en el que aborda la crisis migrante europea de 2010 representada con el estilo románico de las pinturas del siglo XIX.

Este año se subastó la obra “Niño jugando con enfermera” (2020) cuyo valor fue donado al sistema de salud británico y con el cual el artista homenajeó al personal de salud en el transcurso de la crisis sanitaria por el coronavirus

Pero el arte de Banksy es también una marca, un sello. Esto se aclara en la página pestcontroloffice.com, donde se administra su obra y se da cuenta de la autenticidad con sus certificados correspondientes, además de ser el medio de comunicación con el artista, que sólo usa Instagram como red social, y que no está representado por ninguna otra galería o institución.

Desde Pest Control, por ejemplo, se advierte a los seguidores sobre las exposiciones falsas de la obra de Banksy, unas 27 exhibiciones que se realizaron sin su consentimiento ni participación, siendo las más recientes las inauguras en Berlín, en Madrid y el último 20 de mayo en Londres.

El artista Martín Ron, quien retomó el motivo del globo en forma de corazón, uno de los íconos de Banksy, para tres de sus últimos murales y es considerado uno de los diez mejores muralistas del mundo, asegura que “Banksy es un fenómeno increíble, es la cara visible del movimiento arte urbano. Así como Picasso fue al cubismo y Dalí al surrealismo, Banksy es definitivamente al arte urbano, porque tiene todo, es anónimo, es disruptivo, es ilegal, sus obras están super valuadas, y se sigue reinventando sin perder su esencia. Con todas estas facetas genera una revolución al utilizar el espacio público para expresarse, para dejar testimonios de todo lo que le pasa. Es un ser global porque no solamente hizo crítica en Bristol, sino que intervino en el muro de Palestina, está siempre mojando la oreja en todos los conflictos internacionales, todo donde se puede criticar el sistema, aunque se termina mordiendo la cola porque se convierte también en un engranaje más del sistema que aporta un montón de valor”.

Un ejemplo de lo que genera se dio con la subasta de “Niña con globo”, donde la obra fue triturada a medias por un dispositivo que había en el propio marco de madera.

“El mensaje que termina siendo ´me burlo del sistema y termino rompiendo todo´ – señala Ron - se convierte en una obra mucho más valuada y más sólida porque acaparó la atención de casi todo el mundo”.

En esa misma línea, Nora Fish, directora de la galería de arte contemporáneo que lleva su nombre, apunta que “el mercado del arte en los países altamente industrializados es sumamente activo y ávido y consume mucho, en un proceso que viene desde hace 30, 40, o 50 años, y es lógico que los fenómenos o las producciones culturales que aparecen en los márgenes sean luego fagocitadas por el centro o por los mercados del arte. La obra de Banksy se presta a esto porque es muy accesible para un gusto no necesariamente especializado, porque no tiene el hermetismo que a veces tiene la producción contemporánea, sin que esto sea una crítica”.

“El discurso crítico del sistema ha sido fagocitado por el mismo sistema -señala por su parte el doctor en filosofía Ignacio Soneira - y se ha establecido una modalidad más de consumo, y en tal medida el arte crítico que denuncia al arte capitalista burlándose de sus símbolos, denunciándolo y vinculándolo a escenas de marginalidad, pobreza, guerra o muerte, que formó parte de toda narrativa de los 60 en el mundo, fue transformado en fenómeno del mercado pero con una trama más compleja, que no tiene que ver con que el arte se comercializó, sino que el mercado transformó esas obras en productos de mercado”.

 

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