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Espectáculos |El presente a pura música del guitarrista junto a su banda, los fakires
Los 70 de Skay: un genio del rock de bajo perfil que tuvo que “reconciliarse” con La Plata

En esta ciudad, en la que nació hace hoy siete décadas, dijo que vivió “las alegrías más grandes y las revelaciones más oscuras”

Los 70 de Skay: un genio del rock de bajo perfil que tuvo que “reconciliarse” con La Plata

Nacido en la plata, skay llega a las siete décadas en pleno movimiento junto a su banda, los fakires / Lagos Candelaria

15 de Enero de 2022 | 03:37
Edición impresa

Hace unos años, en diálogo con EL DIA, Skay Beilinson, que hoy cumple 70, confesó que lo embarga una “sensación extraña” cada vez que tiene que volver a caminar por estas calles que tanto lo marcaron. “La Plata es una ciudad en la que tuve las alegrías más grandes y también las revelaciones más oscuras. Por eso estuve un tiempo ‘peleado’, pero nada que el paso de los años no cure. En realidad, pude reconciliarme y volver a quererla de nuevo”, reconoció la mitad creativa de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el emblemático combo que, con su guitarra y sus celebrados riffs, ayudó a elevar a la categoría de mito popular. Pero esa es otra historia.

Nacido en el seno de una familia acomodada de origen judío como Eduardo pero reconocido como Skay -un apodo que le puso su amiga Marta Minujín porque en algún momento creyó ver que Beilinson tenía ojos azules como el cielo-, llega hoy a las siete décadas en pleno movimiento, mientras con su banda, Los Fakires, espera un importante show en el Estadio Centenario de Quilmes el 5 de febrero al que, días después, sucederá su actuación en el Cosquín Rock.

Emblemática figura del rock nacional, un rockstar que sin embargo nunca ha vivido como tal prefiriendo el auténtico bajo perfil de una vida ligada a lo espiritual, nació en La Plata el 15 de enero de 1952. De chico se relacionó con la música pero nunca estudió formalmente porque prefirió que la música lo busque a él, de forma natural, como ocurrió.

Influenciado por Los Beatles y el llamado “Mersey beat” de la época, el guitarrista y compositor viajó a mediados de los 60 a una Europa convulsionada por el Mayo Francés, donde pudo presenciar en vivo un show de Jimmy Hendrix. “Eso me partió la cabeza”, aseguró, y relató que volvió a una Argentina “no tan diferente” con una mochila cargada de ideas artísticas revolucionarias.

La Plata lo recibió con el esplendor de La Cofradía de la Flor Solar, una comunidad contemporánea al movimiento hippie que, con una estética similar, respiraba el aliento del siglo. La idea que movilizaba a estos jóvenes artistas de diferentes disciplinas era “construir una expresión cultural nueva, que rompiera las reglas y proyectara a la creatividad permanente”.

De nuestra ciudad, a la que regresó por última vez en 2014 cuando ofreció un inolvidable show en el estadio Atenas, aseguró que, superada la “pelea”, quedaron las memorias, que son muchas. “Sólo tengo hermosos recuerdos porque fue una época de despertar mío y de toda una generación, en la cual los cofrades estaban haciendo una experiencia muy interesante. Eso nos abrió un poco el camino a todos los demás, sobre todo a los de La Plata”, manifestó.

Siendo parte de Diplodocum Red & Brown, Skay participó del primer mega recital que se ofreció en la Ciudad en 1970 en el Estadio Atenas, en el que más de 200 grupos tocaron sin parar durante tres días. Claro que este evento, llamado “Las 30 horas de rock” -aunque fueron muchas más-, tuvo para Skay una connotación especial porque fue ahí donde se conoció con Carmen Castro, la Negra Poli, una mujer de la que nunca se separó.

“Poli es mi opuesto complementario perfecto. Es una persona brillante, súper inteligente, de un corazón gigante, y una compañera de vida con quién vivimos las aventuras más alucinantes”, admitió el compositor sobre la figura femenina indispensable en la fundación de la banda que, años después, comenzaría a gestarse junto a Carlos Indio Solari, socio artístico de los Redondos, un proyecto que se convirtió en una leyenda inmortal.

“Los Redondos fueron una etapa muy importante para mí, fue un momento de un despertar de todos en una época muy oscura, difícil. Yo creo que era el más rebelde porque fui el que más impulsé para que nos convirtiésemos en una banda de rock. Éramos jóvenes desaforados sin ningún destino y fue empezar a desarrollar una historia juntos, haciendo nuestra propia producción, buscando encontrar nuestra manera de decir”, recordó Skay.

En sus anhelos no estaba la gloria porque, reveló, “¡ni sabíamos lo que era! Para nosotros era una cuestión de vida, de exorcizarnos de todo el entorno que estaba muy oscuro. Finalmente se convirtió en un plan exitoso, cosa que ninguno de nosotros creía, y que terminó, para bien o para mal, comprometiendo un poco a toda la cultura de esa época”.

Con el cambio de milenio llegó la disolución ricotera y el mito creció a niveles inéditos. Desde entonces, una legión de fans que trasciende las generaciones se ilusiona con su posible regreso cada vez que el rumor se instala en los medios. Sin embargo, sus dos líderes tomaron caminos diferentes y por esa vía continúan.

Aunque comenzó en 2002 su etapa solista-en-banda con diferentes formaciones, Skay está al frente desde 2012 de su propio proyecto musical junto Los Fakires, una banda que fue concebida de manera horizontal. “Siempre digo que no soy solista, yo trabajo en equipo, y una banda de rock es un equipo donde cada uno de los que integran deja su marca personal”, lanzó, en la misma entrevista con este medio.

A través de esta agrupación, con la que llevan editados tres discos, Skay siguió tratando de definir su estilo como guitarrista, una búsqueda que nació dentro de las limitaciones, según reconoció.

“Con el paso del tiempo fui descubriendo la manera de expresarme con mayor comodidad. De todos modos, siempre me esfuerzo en intentar mejorar cada día”, admitió el músico que, con los años, también fue puliendo al cantante que tuvo sacar del banco y poner a jugar en la cancha.

La música, para Skay, “ha sido un punto de unión”, la herramienta que “de alguna manera me permitió alcanzar alturas que no sospechaba y también llegar a abismos bastante oscuros”. También, diría después, piensa en la música como “un puente hacia el infinito”.

Sin poder definir la escena actual del rock, aseguró que “nada puede volver a ser como era antes” y que, en todo caso, “lo único que se puede hacer es encontrar una nueva manera de expresar”.

En este sentido, consultado sobre qué principios de sus orígenes conservaba remarcó que “hay cosas que me marcaron muy profundamente siendo muy joven y son cosas en las que sigo creyendo. Creo que la vida es una aventura, que vivimos en un estado de inconsciencia parecido al sueño y que es posible despertar. Creo en la posibilidad de una humanidad mejor y en la amistad”.

Por último, se refirió al pedido incansable de sus fans de poder ver a sus ídolos juntos, otra vez, sobre un mismo escenario.

“Me asombra que sigan pensando que todavía es posible. Hay que entender que las cosas cambian: lo único constante es el cambio. Y querer que las cosas vuelvan a ser como antes me parece una necedad suprema. Yo creo que a esta altura es como creer en los Reyes Magos. Ya hace muchos años que nos hemos separado, cada uno tomó su camino y está haciendo lo que supone que es mejor para sí mismo”, concluyó.

 

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