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Séptimo Día |A 206 AÑOS DEL HISTÓRICO 9 DE JULIO
La austeridad como clave de la independencia argentina

La ideología de los patriotas cultos y la adhesión de las clases populares a la gesta libertadora. Los funcionarios de Mayo tenían que pagar de su bolsillo las entradas al teatro. La literatura y sus citas

La austeridad como clave de la independencia argentina

Una recreación de un pasaje de lo ocurrido en el Congreso de Tucumán, obra realizada por Francisco Fortuny / Web

Por: MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

10 de Julio de 2022 | 05:09
Edición impresa

“Si de todo lo criado/ es el cielo lo mejor,/el cielo ha de ser el baile/ de los Pueblos de la Unión:/ Cielo, cielito y más cielo,/ cielito siempre cantad/ que la alegría es del cielo,/ del cielo es la libertad./ Hoy una nueva Nación/ en el mundo se presenta,/ pues las Provincias Unidas/ proclaman su independencia./ Cielito, cielo festivo,/ cielo de la libertad,/ jurando la independencia/ no somos esclavos ya”.

Así compuso y cantó Bartolomé Hidalgo, el Homero de la literatura argentina, su “cielito de la Independencia”, proclamada un 9 de Julio en Tucumán, hace ayer 206 años.

Heredera del 25 de Mayo y complementaria de esa jornada, la fecha de la independencia no sólo concentra el plan de guerra contra España sino el empuje de la ideología patriótica, expresada por figuras como San Martín, Belgrano, Güemes, Castelli, Monteagudo, Saavedra, Mariano Moreno y muchos otros, inspirados la mayoría en principios de la Revolución Francesa. Ellos motorizaron en nuestro suelo la ruptura con más de tres siglos de sumisión a la corona española.

Pero no sólo ellos, claro. El proceso de la independencia respiró tanto en las franjas cultas como en las clases populares, donde generó adhesiones y expectativas. Gauchos, esclavos recién libertos, negros y mulatos, mineros y reseros se sumaron al ejército que San Martín, con ingenio, mucho rigor estratégico y pocos recursos, entrenó en Plumerillo.

El Campo histórico El Plumerillo, en el departamento de las Heras, en Mendoza / Marcelo Aguilar

En la frontera Norte, Güemes levó lo que encontró a mano y formó su batallón de “infernales” –así se llamaron ellos mismos- que se jugaron la vida en minoría contra las aún poderosas tropas españolas. Y que lograron rechazarlas de esa puerta de entrada, una y otra vez, a falta de suficiente bayonetas y artillerías, apelando al ingenio y al valor.

No en vano Hidalgo alude a la esclavitud en sus cantos. Ese estado de servidumbre no sólo existía por la sumisión global de nuestra tierra a Madrid, sino que hablaba concretamente de las personas reducidas a esa condición hasta poco después de Mayo. La libertad de vientres dispuesta en forma oportuna por la Asamblea del 13 se tradujo en levas exitosas entre los negros y muchos criollos humildes, que se sumaron como soldados dignos a la estrategia libertadora de San Martín,

LA AUSTERIDAD

Tanto la declaración de la Independencia como el impulso de la guerra de San Martín que llevaría al triunfo final en Lima después de liberar también a Chile se concretaron en un marco de austeridad estricta y heroica por momentos. Belgrano es el estandarte de ese fenómeno: “Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, ése es el premio al que aspiro”, dijo alguna vez.

Los pocos dineros que pudo cobrar como vencedor de batallas históricas como las de Salta y Tucumán, los donó para la construcción de escuelas. La austeridad de su vida concluyó en la pobreza total el día de su muerte.

Manuel Belgrano / Web

San Martín tampoco le dio importancia a su situación económica y la relegó a los beneficios que la Patria alcanzaría una vez que fuera libre de dominación extranjera: “Si somos libres, todo nos sobra”, dijo alguna vez.

Los chicos de nuestros colegios podrían ser llevados alguna vez a la réplica de la casa de Gran Bourg, que se encuentra en el parque porteño de Palermo y que es sede del Instituto Nacional Sanmartiniano. Con algún profesor o guía que les lea en voz alta el testamento manuscrito del Libertador de tres países de América, ubicado en las vitrinas.

Gauchos, esclavos recién libertos, negros y mulatos se sumaron al ejército de San Martín

 

Una de sus cláusulas dice: “Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral, y desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires”.

La Argentina independiente, la que merecería prolongarse hasta hoy, se hizo con la categórica austeridad de su clase dirigente. Ninguno de ellos se hizo rico a costa de a Patria.

SUPRESIÓN DE HONORES

El espíritu austero y republicano de Mayo amaneció temprano, siete meses después cuando, durante una cena realizada el 5 de diciembre de 1810 en el cuartel de “Patricios”, un capitán llamado Anastasio Duarte le ofreció a Cornelio Saavedra y a su esposa un postre decorado con una corona y pronunció estas palabras: “América espera que vuestras excelencias empuñen el cetro y ciñan la corona”, para brindar luego por “el emperador de América”.

Se aseguró que Duarte estaba alcoholizado, pero Moreno no relativizó la situación y elaboró el llamado Decreto de supresión de honores” , que es un llamativo documento de la austeridad republicana. Se transcriben a continuación algunas cláusulas:

José de San Martín / Web

-“Habrá desde este día absoluta, perfecta e idéntica igualdad entre el Presidente y demás Vocales de la Junta sin más diferencia que el orden numerario, y gradual de los asientos.

-“Solamente la Junta reunida en actos de etiqueta y ceremonia tendrá los honores militares, escolta y tratamiento, que están establecidos.

-“Ni el Presidente, ni algún otro individuo de la Junta en particular revestirán carácter público, ni tendrán comitivas, escoltas o aparato que los distinga de los demás ciudadanos.

La Argentina independiente se hizo con la categórica austeridad de su clase dirigente

 

-“Se prohíbe todo brindis, viva, o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta. Si estos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos; ellos no aprecian bocas que han sido profanadas con elogios de los tiranos.

-“No se podrá brindar sino por la Patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes a la pública felicidad.

-“Habiendo echado un brindis don Atanasio Duarte, con que ofendió la probidad del Presidente, atacó los derechos de la Patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida; pero se destierra perpetuamente de esta ciudad, porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país.

-“Las esposas de los funcionarios públicos políticos y militares no disfrutarán de los honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos; estas distinciones las concede el Estado a los empleados, y no pueden comunicarse sino a los individuos que los ejercen.

-“En las diversiones públicas de toros, ópera, comedia, etc. no tendrá la Junta palco, ni lugar determinado: los individuos de ella que quieran concurrir comprarán lugar como cualquier ciudadano.

Cabe consignar que al día siguiente del brindis “imperial”, la Primera Junta convalidó el texto de Moreno y firmaron el decreto Saavedra, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Mateu, Juan J. Paso, Secretario y el propio Moreno.

Martín Miguel de Güemes / Web

LA DEUDA

En su libro sobre Belgrano, dice el historiador Balmaceda: “Vivió endeudado porque rechazaba premios y renunciaba a sueldos. Poco antes de morir le reclamaba hasta unas sillas que le había prestado a Cornelio Saavedra”.

“Pero la mayor deuda con él es la que tenemos nosotros. Necesitamos rescatar sus valores. El culto que hizo del bien común por encima de sus necesidades personales. El deseo de mejorarle la vida al prójimo. Sin dudas, esa fue su principal batalla. Tenemos bastante que aprender de Belgrano. Y, a la vez, mucho que agradecerle. Conocerlo y tratar de interpretarlo es una forma de hacer justicia con el gran patriota”, dice Balmaceda en la introducción al libro.

“Desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio”

 

Además de una honradez personal que defendieron a capa y espada, en los hombres de la Independencia fue constante el culto a los imperativos éticos que rigieron sus vidas. Este es uno de los que cultivó San Martín: “Que las armas de la Patria son para la defensa de la soberanía, de la libertad y el derecho de los ciudadanos, pero nunca para deshonrar el uniforme con la comisión de actos criminales”.

 

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