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Spinetta: una noche única e irrepetible

Por GUILO GALLO

7 de Diciembre de 2009 | 00:00
"Spinetta y las bandas eternas" no fue un recital de rock más, fue un acontecimiento extraordinario -quizás junto con la presentación del Indio Solari en Salta, lo mejor del año- donde casi cuarenta mil personas durante más de cinco horas gozaron de un espectáculo único en lo creativo como pocas veces se tiene la oportunidad de ver desplegada de esta forma, la carrera de un gran artista; 40 años de música y la inspiración del "Flaco" compilados en cincuenta temas en un show sin retaceos. Donde no pararon las emociones y los golpes al corazón para aquellos que cuentan con casi la misma edad del homenajeado, sino al contrario, iban en aumento a medida que avanzaba la madrugada.

Pura entrega, pura generosidad; no sólo en cuanto al repertorio elegido, sino también en el reconocimiento plagado de adjetivos elogiosos a los muchos invitados que, a lo largo de la noche, fueron acompañando a Spinetta en este recorrido sin tregua. Y todos los músicos que subieron al escenario hicieron lo suyo en forma más que correcta, pero cuidándose de no opacar a la figura máxima.

Nadie quedó afuera en esta noche de recuerdos porque aquellos que no pudieron estar presentes también fueron memorados. Antes de arrancar con la recorrida de sus cuatro décadas, el Flaco se paró en la punta del escenario y papel en mano -como para no olvidarse de nadie- recordó a los ausentes que no pudieron, por distintos motivos, acompañarlo, como Pedro Aznar, León Gieco, Lito Vitale, Moris, Andrés Calamaro y el "señor" Carlos "Indio" Solari -textual- y al nombrar al ex líder de los "Redondos" se escuchó una de las mayores ovaciones de la noche.

Prolijamente, minuciosamente estudiado y con un Flaco Spinetta extrañamente alegre y exultante, que no decayó en su actitud a lo largo de las más de 5 horas - ¡Qué rápido transcurrieron!- de su constante presencia arriba del escenario con emociones continuas disparando chistes que mostraban su buen estado de ánimo y demostrando que lo estaba pasando realmente bien, donde no faltaron los habituales diálogos con el público ("Flaco, ¡no te mueras nunca!". "Vos tampoco, porque si yo me muero, vas a necesitar un testigo") y las menciones a los músicos geniales que iban a ser parte de la escena, que de tanto repetirse por parte de Luis terminó siendo una suerte de guiños cómplice con la gente, o como cuando ya bien entrada la madrugada del sábado y ya se adivinaba el final -pasadas las 2.30- tras hacer referencia a la hora dijo: "Vamos, la seguimos en casa, están todos invitados".

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