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Militancia, estudio y amor en La Plata

Fue en nuestra ciudad donde Kirchner conoció a Cristina y donde forjó su identidad partidaria desde la política universitariaPor MARISA ALVAREZ

En abril de 1969, con 19 años recién cumplidos, Néstor Kirchner se radicaba en La Plata, la ciudad en la que viviría siete años y marcaría a fuego el resto de su vida. Aquí cursó los estudios que lo hicieron abogado; inició una militancia universitaria que sería el origen de una vocación política que se convirtió para siempre en su esencial razón de ser; y encontró el amor, se casó y formó con Cristina Fernández una pareja inseparable.

Era un joven tímido y nervioso, alejado de las cuestiones políticas, sólo interesado en los avatares de Racing -que desarrollaba por entonces una brillante campaña con José Pizutti como DT-, el que se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

LUPIN EN DERECHO

De su Río Gallegos natal trajo el sobrenombre que le pusieron sus amigos en la escuela secundaria y con el que sería también conocido entre sus nuevos compañeros de estudios y amigos en nuestra ciudad, e incluso durante largos años de su trayectoria política: Lupín. Alguien lo había rebautizado así por su parecido físico con el personaje de una historieta que encarnaba a un aviador aventurero.

La ausencia de incursiones políticas durante la adolescencia no evitó, sin embargo, que Kirchner se iniciara en la militancia apenas desembarcó en la Facultad. Se acercó entonces a una agrupación -la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN)- que también vendría a signar su vida, tanto desde lo político como lo personal, porque en aquel grupo cosechó amistades que cultivó hasta hoy.

La FURN fue la primera agrupación orgánica del peronismo en la Universidad, surgida en La Plata en 1966. Con el historiador Rodolfo Puiggrós -uno de los primeros marxistas que adhirieron al justicialismo- vinculado al nacimiento del grupo, éste era conducido en la Facultad de Derecho por Rodolfo Achem, Abelardo Faccini, Roberto Colón Pay, Hugo Bacci, Carlos Negri, Rodolfo Ivanovich y Carlos Kunkel.

PERONISMO Y MILITANCIA

Clic para ampliarKirchner se incorporó a ese grupo en un momento -la dictadura encarnada por el general Onganía llevaba entonces tres años de vigencia- en que empezaba a germinar un proceso muy particular de la historia argentina: el ingreso masivo de los jóvenes a la militancia político-partidaria y al justicialismo en especial. Las universidades serían escenario central -aunque no excluyente, por cierto- de esa cautivación de una generación por la política activa, la participación decidida en las discusiones teóricas y doctrinarias tanto como en la acción.

En ese esquema, el joven patagónico fue uno de los pioneros que se sumó a la militancia cuando ese vuelco generacional a la política aún estaba incubándose, y cuando las expresiones peronistas en la Universidad seguían siendo “novedosas” y minoritarias. En los años posteriores sería, así, protagonista pleno de ese fenómeno político.

En esos tiempos, mientras el hoy diputado nacional Carlos “Cuto” Moreno y el actual funcionario de la Cancillería Marcelo Fuentes se alternaban en la conducción de la FURN, otros dirigentes de la agrupación -como Kunkel y Negri- y numerosos militantes dejaban ese espacio para sumarse formalmente a la Juventud Peronista, desde donde algunos de ellos pasaron a integrar orgánicamente la organización armada Montoneros.

Kirchner, en cambio, nunca abandonó los límites de la FURN -en la que también militaron, entre otros, el actual embajador en España, Carlos Bettini, y el ex diputado provincial platense Carlos Cottini-, una agrupación que en su momento de mayor expansión tuvo unos 300 militantes, aunque mantuvo relación y lazos afectivos con muchos de los que emigraron a espacios del peronismo más populosos y radicalizados. Quienes conocieron esa etapa de su vida señalan que Kirchner nunca ostentó el rol de dirigente de la agrupación universitaria pero sí se involucró fuertemente en su actividad.

ESTUDIANTE DE PELO LARGO

Con la política, entonces, como pasión absorbente, Kirchner se demoró siete largos años en completar sus estudios de Derecho. Según describe el periodista Walter Curia en su libro “La cara oculta de Kirchner”, cursó una solo materia, Derecho Social “y la aprobó con cuatro”. El resto de las materias las rindió como libre y se recibió de abogado en julio de 1976 tras rendir Derecho Internacional Privado.

En esa suerte de biografía no autorizada se cuenta también que las mejores notas -la máxima fue un ocho- las obtuvo en Derecho Social, Derecho Público Provincial y Derecho Administrativo, mientras que en cambio reprobó dos veces Economía Política y al final la aprobó con un seis, para conformar una carrera “con un 5,46 de promedio”.

Era aquel Kirchner un joven que llevaba el pelo largo -aunque no a lo hippie-, y un aspecto descuidado, totalmente desentendido de las modas, con cierto estilo intelectual que reforzaban sus anteojos de miope, y que fue perdiendo timidez hasta convertirse en partícipe activo de los debates en la Universidad. Vivió primero en una pensión ubicada en la calle 45 nº 312, entre 1 y 2. Su compañero de pieza era Juan Carlos Conochiari, un militante montonero que murió en un enfrentamiento en Córdoba en 1975.

Desde comienzos del 72 vivió en un departamento en la zona de la terminal de micros, cuyo alquiler compartía con otros tres estudiantes, Norberto Ferrantes, Raúl Angeloni y Juan José Balinote, quienes han contado alguna vez que Kirchner era -al menos entonces- sonámbulo.

Kirchner llevó todos esos años en La Plata una típica vida de estudiante universitario del interior, en particular de los que se concentraban en la política. Iba a las peñas, las guitarreadas y frecuentaba el comedor universitario. Siempre había amigos y compañeros de militancia primero en su cuarto de la pensión y luego en el departamento. Fumaba Jockey cortos y polemizaba a fondo en las interminables rondas de mate que muchas veces se prolongaban durante la madrugada.

En esa etapa Kirchner viajaba a Río Gallegos sólo una vez al año, durante las vacaciones, y en esos “regresos” solía darse una vuelta por una Unidad Básica, Los Mártires de Trelew, que reunía a jóvenes que militaban en “la tendencia”, pero no se involucró con la política santacruceña.

SEIS MESES DE NOVIAZGO Y CASAMIENTO

Ese ritmo de vida registraría algunos cambios hacia fines de 1974, cuando Kirchner conoció a Cristina Elizabeth Fernández, una platense tres años menor que él también estudiaba Derecho. Los presentó una amiga en común, la Negra Cédola, y se enamoraron.

A Cristina -que había estado seis años de novio con Raúl Cafferata, entonces jugador de rugby- le gustaba maquillarse -pintarse “como una puerta” como diría ella misma-, ir a bailar y vestir a la moda. Era, también muy estudiosa y no participaba de la agitada vida política de la Universidad, aunque “simpatizaba” con el peronismo.

Por eso, quienes conocieron a la pareja entonces dicen que Cristina tuvo mucho que ver con que Kirchner dejara las trasnoches de mate, guitarra y discusiones políticas y acelerara notoriamente el ritmo de materias rendidas. Aseguran esos “testigos” que Néstor empezó a lucir también un estilo más prolijo aunque, como se sabe, Cristina nunca logró interesarlo en la estética del aspecto ni “ponerlo a la moda”. Como contrapartida, al lado de Kirchner Cristina comenzó a participar activamente en la política y sería también absorbida por esa pasión.

Tras un noviazgo de medio año, Néstor y Cristina se casaron en nuestra ciudad el 9 de mayo de 1975. El acto en el Registro Civil fue coronado con la entonación de la marcha peronista y no hubo casamiento por Iglesia.

La situación política del país se había tornado insostenible hacia fines de aquel año y amigos de militancia de Kirchner caían en enfrentamientos o pasaban a la clandestinidad. El y Cristina eran empleados del ministerio de Economía y se fueron a vivir a una casa pequeña de City Bell. Allí residían cuando llegó el golpe del 24 de marzo de 1976 y se inició la larga noche de la más cruel dictadura.

Las amistades entrañables que Kirchner había forjado en nuestra ciudad se iban pulverizando por desapariciones, muertes y exilios. El peligro de correr el mismo destino los iba cercando. Fue en ese clima asfixiante, en un ámbito que lo sufrió con fatal intensidad como la Universidad de La Plata, que el matrimonio Kirchner decidió irse a vivir a Santa Cruz. Néstor apuró los estudios para recibirse y en cuanto lo logró -en agosto de 1976- partieron hacia Río Gallegos.

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