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Quirino Cristiani

El inventor de la animación

El creador del cine animado nació en Argentina hace 120 años. Historia de un hombre apasionante

Por

NICOLAS ISASI

¿Dibujos animados? ¿Dibujitos? ¡No! ¡Ya estás grande para eso! Es cosa de nenes, son algunas de las respuestas que se escuchan habitualmente cuando se habla de la animación. Considerado por muchos como un género menor del cine, es uno de los pocos que reúne a toda la familia desde hace varias generaciones, sin importar la edad de quien lo mire. Si uno pregunta sobre películas de dibujos animados, el primer nombre que surge espontáneamente es el de Walt Disney. Y no es para menos, siendo que fue uno de los creadores, sino el más grande creador de películas animadas de todos los tiempos.

Sin embargo, pocos saben que el cine de animación se creó en Argentina, a pocos kilómetros de esta ciudad, y que sus primeros espectadores no fueron los niños. Por eso vale recordar la figura de Quirino Cristiani, a 120 años de su nacimiento, como un gran artista y artífice del cine argentino y mundial. Su llegada al país se produjo a los cuatro años cuando su padre parte de Italia a buscar suerte en América. De notable facilidad para el dibujo, Cristiani estudió en la Academia de Bellas Artes y al poco tiempo comenzó a trabajar en diarios y revistas haciendo caricaturas. Uno de sus primeros trabajos fue la nota cómica en un diario de la tarde. Al igual que Gardel, y contemporáneo a él, Cristiani nació en Europa pero vivió y decidió desarrollar su arte en nuestra tierra, consolidándose como un argentino más que supo amar el país como propio, haciendo valer nuestros rasgos y costumbres con humor y gran profesionalismo.

Sin embargo, fue la mirada extranjera quien lo reconoció a lo largo de las décadas. El primero fue otro cineasta italiano llamado Federico Valle (personaje que hacía noticieros y había trabajado con personalidades como los hermanos Lumière o con Méliès) quien ve sus caricaturas y queda sorprendido, contratándolo para hacer dibujos que se incluirían en sus noticieros. Juntos realizan el cortometraje “La intervención de la provincia de Buenos Aires”, y debido al éxito, el dueño de un cine local les propone hacer una película. Ahí es cuando Valle le dice: “Cristiani, el dibujo está muy bien, va a tener éxito, pero el cine es movimiento”, y lo desafía a crear un mecanismo para que esos dibujos cobraran vida.

Así es como crea una técnica a partir de personajes dibujados en una cartulina negra con hilos del mismo color que conectaban sus articulaciones. Esto se completaba con una serie de dibujos en diversas fases de un personaje que se sustituían, para generar el movimiento. Esas figuras negras en un fondo negro, al ser filmadas en negativo, se podían ver en un fondo transparente con líneas negras, al igual que los comics.

En el año 1917 realizan “El apóstol”, la primera película animada de la historia del cine mundial. La trama de la misma giraba en torno a la figura del presidente Hipólito Yrigoyen (primer mandatario argentino en ser electo por sufragio masculino, universal y secreto), quien la protagonizaba con una caricatura de forma muy amable. El tono de la película presentaba una crítica política donde Yrigoyen, como un apóstol, subía al Olimpo y pedía a los dioses unos rayos para castigar a Buenos Aires y limpiarla por los problemas de corrupción. Cualquier comparación con la realidad actual es pura coincidencia o producto de la ficción animada de la época. Con solo setenta minutos y 58.000 dibujos, fue filmada en 35mm y proyectada a razón de 14 cuadros por segundo. Y como si fuera poco, a la par del mundo animado, se realizó una reconstrucción de la ciudad de Buenos Aires en una maqueta a escala, para la escena final donde ocurría el gigantesco incendio. Esta obra de arte en sí, que recuerda a “Metropolis” de Fritz Lang (aunque se adelanta diez años a la misma ya que todavía ni se hablaba del procedimiento Schüfftan), recreaba más de 16 manzanas que reproducían la CABA con decenas de edificios, el puerto y más de 80 barcos sobre el río.

La película, como había pronosticado Valle, fue un éxito absoluto permaneciendo en cartel durante un año. Pero por sobre todas las cosas, fue producto de la imaginación de este gran hombre que hoy permanece en el olvido de la cultura popular. Son pocos los argentinos que conocen esta historia, que recuerdan y que reconocen a Cristiani como el padre del cine de animación. Un joven que además de su enorme hallazgo, sin dudas era un creador, luchador incansable, humorista y un verdadero artista.

Pocos saben que el cine de animación se creó en Argentina, a pocos kilómetros de esta ciudad, y que sus primeros espectadores no fueron los niños. Por eso vale recordar la figura de Quirino Cristiani, a 120 años de su nacimiento, como un gran artista y artífice del cine argentino y mundial

La siguiente película, basada en un episodio ocurrido en la 1GM, fue confiscada por el Ministerio de Relaciones Exteriores el segundo día de su estreno ya que no quería comprometer la posición de neutralidad asumida por el gobierno radical durante los años del conflicto armado. Una medida acorde con la tradición diplomática de nuestro país en esos tiempos, pero que significó un fracaso económico tremendo para Cristiani que lo alejó de la animación por un tiempo. Volvió al humor gráfico y tuvo una idea inédita para la época: el Public Cine. Una especie de cine móvil, pero con décadas de adelanto respecto a la propuesta del INCAA que funciona desde 1997 con escaso público en las proyecciones. La idea de Cristiani consistía en recorrer los barrios de Buenos Aires donde no había cines y proyectar películas al aire libre. Obviamente fue otro gran éxito. El problema es que la policía le prohibió dicha actividad por las grandes aglomeraciones que ocupaban las calles y provocaban problemas de orden público. Pero Cristiani nunca se detuvo y continuó trabajando.

La Metro Goldwin Mayer le ofreció un cargo como director de publicidad de su filial en Buenos Aires, y gracias a este nuevo trabajo emprendió nuevamente un tercer largometraje titulado “Peludópolis”, esta vez la primera película de animación con sonido. Nuevamente retomaba la figura del presidente Yrigoyen (apodado “el peludo” por sus detractores/opositores) para hacer otra crítica a la corrupción y a la situación política que vivía el país. El problema surge cuando en plena realización, Yrigoyen es derrocado por el golpe militar de Uriburu. Pese a que se cambiaron cosas del guión, cuando se estrenó “Peludópolis” en 1931, ya carecía de sentido porque buena parte de su metraje había sido superado por la actualidad. Esto ocasionó otra complicación económica en la vida del animador que a los 35 años decide volcar su trabajo al doblaje y subtitulado de películas extranjeras.

Cuando Disney visita nuestro país en 1941, mantiene un diálogo intenso con algunos dibujantes de la época, entre los que se encontraban Florencio Molina Campos y por supuesto, Cristiani. De hecho, recibe un ofrecimiento por parte de Walt para trabajar en sus estudios de EE.UU., que rechaza por continuar con su trabajo en los estudios de Buenos Aires que tanto trabajo le habían costado.

Cristiani, al igual que muchos pintores, escritores y pensadores, fue sinónimo de innovación, de prestigio, de trabajo y sacrificio en una Buenos Aires que producía y se destacaba en el campo artístico como una ciudad de vanguardia en el mundo. Este humilde visionario del cine y el entretenimiento, vivió hasta sus últimos días en la ciudad de Bernal, donde fallece un 2 de agosto de 1984. Lamentablemente, la primera película, como gran parte de la obra de Cristiani, se quemó en dos incendios reales que tuvieron sus estudios, excepto la fábula animada “El mono relojero” escrita por Constancio C. Vigil. Hoy en día, a 120 años de su nacimiento, creo sería un honor para el gran maestro poder visualizar parte de su obra, o lo que todavía queda de ella, escondida en los rincones más recónditos del país. Porque como él mismo decía: “Disney è grande, ma io sono il primo” (“Disney es grande, pero yo soy el primero”).

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