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EL CAUDILLO ENTERRADO DE PIE EN UNA BÓVEDA DE RECOLETA

La sombra larga de Facundo

La ludopatía de Quiroga en un cuento poco conocido de Ricardo Güiraldes. Una gacela perseguida por un tigre: Severa Villafañe. Testimonios de Barcia y Martínez Estrada. El libro de Martín Carrasco Quintana

Facundo Quiroga / web

Sarmiento / web

La bóveda de Facundo Quiroga en Recoleta

Martínez Estrada / web

Por MARCELO ORTALE

marhila2003@yahoo.com.ar

La sombra larga de Facundo Quiroga –la sombra terrible que vio Sarmiento en su invocación memorable- continúa proyectándose sobre el mapa espiritual del país. No dejan de sumarse nuevos episodios en los que la figura del caudillo riojano, como el Cid, sigue librando batallas. Hace poco tiempo un grupo de investigadores quiso saber si era cierto que el cuerpo del Tigre había sido colocado de pie en la bóveda de la Recoleta, siguiéndose así una vieja tradición de los caballeros castellanos.

El relato corresponde al historiador Omar López Mato y está escrito a inicios de 2018: “Hace 10 años, el arquitecto y arqueólogo argentino Daniel Schávelzón, Jorge Alfonsín y quien escribe quisieron develar este misterio. ¿El general Quiroga estaba de pie? “, se pregunta, e iniciaron la tarea en la bóveda.

“En realidad en esta tumba no había un ataúd del general, ni de pie ni acostado. ¿Dónde estaba el general? Schávelzón, valiéndose de un eco sonar, buscó tras las paredes asimétricas de esta tumba y con el permiso de la familia se perforó una pared donde se descubrió un espléndido ataúd de bronce. De pie, como le corresponde a un macho argentino que se presenta ante el Creador”. Así estaban el hombre y su recuerdo, erguidos.

“Hasta allí seguimos la sombra del general, porque la familia no permitió examinar el contenido del sarcófago. Por pedido de sus descendientes, finalmente el brigadier Quiroga no espera más de pie. Desdiciendo el poema de Borges, aunque siga siendo inmortal y un fantasma, ese hombre que supo poner retemblor en las lanzas que lo siguieron en las batallas y entreveros donde se ganó la fama que aún hoy lo persigue como una sombra”, añade López Mato, que en su trabajo alude a “tres pequeñas historias que revelan aspectos casi desconocidos del político y militar argentino: su ludopatía, la relación con su caballo Moro y el curioso recorrido de sus huesos”.

Justamente, sobre la primera de ellas, la ludopatía, versa un escasamente leído cuento de Ricardo Güiraldes que en 1915, casi quince años antes de escribir su consagratorio “Don Segundo Sombra”, editó “Cuentos de amor y de muerte” que, para su mayor decepción, al igual que el casi contemporáneo libro “El cencerro de cristal” fueron recibidos por una gran indiferencia del público.

Desde Sarmiento, fundador de la leyenda, la literatura no dejó de acercarse a Facundo Quiroga

 

Allí, el primero de los relatos se llama “Facundo” y cuenta la desventurada propuesta de un paisano joven y pícaro con las cartas, que no tuvo mejor idea que desafiarlo a jugar “una partidita a trampa limpia”. Lo cierto es que Quiroga accedió: “Los naipes obedecían dóciles y el Tigre perdía sin pillar falta. En su gloria, el joven besaba de vez en cuando el gollete de un porrón medianero y no olvidaba chiste, entre los lucidos fraseos de barajar”.

Quiroga de pronto se incorpora y le dice: “Bueno amigo, me ha ganado todo”. Allí el mozo comprendió que el general ya legendario se retiraba perdidos, debido a las mañas imprudentes que había desplegado: “Entonces, un horrible terror desvencijó la audacia del ganador. Las leyendas brutales ensoberbecieron la estampa, hirsuta, del melenudo”.

Aterrado, el joven le ofreció desquite. Después de algún diálogo estremecedor, Quiroga acepta y baraja. Facundo comenzó a recuperar sin prisa lo que había perdido, el dinero y algunas prendas. “Quiroga trampeaba con descaro ante la pasividad del contrario que miraba, como a través del delirio, la figura irreal, agrandada de la leyenda”.

Cuando el general recobró hasta el último peso, llamó a su asistente y le ordenó: “Llévelo a dormir al mocito...y que descanse mucho, ¿no?”. El cuento finaliza con el paisanito intentando arrojarse de rodillas ante el caudillo, pero arrastrado por la fuerza del asistente hacia un destino que no hacía falta mencionar.

También Güiraldes, como antes Sarmiento, buscó el mito en Facundo. Pero en su caso, de lo que se trató en sus libros posteriores era de conciliar la barbarie con la civilización, según postula Elida Lois en el prólogo a “Don Segundo Sombra” (Eudeba 2012): “Güiraldes encuentra un instrumento mediador para llevar a cabo una experiencia cultural sincrética en el molde literario que cruzó a la vanguardia con el criollismo”. Ese objetivo lo plasmará recién en 1926, con Segundo Sombra, ya que el cuento sobre Quiroga –es sólo un primer paso de Güiraldes hacia el “mito del gaucho interior” (Lois), el resero manso de la llanura.

ACERCAMIENTOS

Desde Sarmiento –el fundador de la leyenda- la literatura nacional no dejó de acercarse a Facundo Quiroga. En un artículo publicado en Página 12, titulado “El otro, el tigre”, dice Rodolfo Rabanal: “Facundo, si vamos al caso, se planta por momentos como la primera gran novela sudamericana y, desde ya, argentina. Pedro Henriquez Ureña sostenía que es el libro más hondo que se ha escrito sobre los problemas de América, pero Ureña lo abordaba desde el punto de vista sociológico mientras que Unamuno lo veía como una totalidad dramática. Ambos, sin embargo, y luego casi todos aquellos que estudiaron a Sarmiento, coinciden en aseverar que con Facundo aparece totalmente definido el talento literario de su autor”.

Martínez Estrada plasmó en una expresión –”los invariantes históricos del Facundo”- la idea de que el caudillo riojano no desapreció, que está reabsorbido en muchos otros argentinos. Alude así a una “fuerza inerte que mantiene en equilibrio estático el cuerpo entero de la colonia”. Quiroga, aún muerto como el Cid, preserva al reino de siempre y así protege a los súbditos.

También alude a la perduración del mito el platense Pedro Barcia, cuando explora la esencia nacional: “Quizá, las primeras referencias literarias respecto a la figura del gaucho las podamos encontrar en los relatos de algunos viajeros, desde el controvertido Concolorcorvo hasta el naturalista inglés Carlos Darwin. No obstante, el primer ensayo de importancia a cerca de su idiosincrasia es definitivamente el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento, donde se le señala como principal culpable del atraso cultural que atenaza el desarrollo del país”.

Félix Luna aporta una visión parecida: “Ciertamente, muchas cosas buenas y algunas malas pueden decirse del brigadier general Juan Facundo Quiroga: Pero todas deben decirse en el tono mayor de lo épico, porque el Tigre de los Llanos fue un hombre excepcional y su vida también lo fue. Descubrir esta condición fue el gran mérito de Sarmiento. El sanjuanino plagó su Facundo de errores, inexactitudes, infundios y mentiras pero acertó en lo sustancial, en revelar la naturaleza impar del personaje y lo demoníaco e infernal de su índole secreta: aquella que hacía mover a Quiroga en un plano de magia y brujería, como así lo poderes abismales fueran lo que le dieran poder y fortuna. Sarmiento acertó en la condición sustancial de Quiroga, porque en el fondo era tan bárbaro como él. Tenía su misma pasión, su misma desmesura. Lo reconoció en uno de sus últimos escritos, cuando barbotó “¡Nuestras sangres son afines!”

“Claro que lo eran: no sólo por parentesco sino por cierta condición desaforada que hace del riojano y del sanjuanino dos arquetipos incomparables. Por eso su Facundo sigue siendo su mejor retrato de Quiroga, a pesar de sus fantasías; y por eso nadie ha podido superar esa pintura, mucho menos esos historiadores menores concentrados en un pálido empeño de arquivistas”.

CARRASCO QUINTANA

El periodista platense, Martín Carrasco Quintana, que trabajó en EL DIA, Gaceta, Somos y La Nación –en este último medio, como cronista judicial cubrió con solvencia el juicio a los comandantes de la Junta Militar- descubrió hace quince años que en el Archivo Histórico de la Provincia, ubicado en el Pasaje Dardo Rocha, se encontraba el sumario penal del asesinato de Facundo Quiroga en Barranca Yaco.

Profundo conocedor de la historia argentina, investigó a fondo los 13 cuerpos del expediente judicial, abierto en su momento por el entonces gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas (de allí su existencia en el Archivo provincial). De prosa clásica y certera, sostenido siempre por numerosas y diversas fuentes, Carrasco Quintana volcó su oficio y su lucidez en un libro revelador -”Cómo se mata a un caudillo” (Editorial Calafate, 2004)- glosando con fidelidad las pruebas colectadas por un sumario que exhibe, como pocos, las turbulencias de la política argentina en uno de sus momentos más críticos. El entonces procurador general bonaerense, Eduardo Matías de la Cruz, antecedió la obra con un prólogo en el que analizó las cualidades intelectuales de la obra.

Luces y sombras. Entre estas últimas, debe antarse el trato cruel que Facundo le dispensó a su amante Severa Villafañe, una suerte de gacela perseguida por un tigre. El escritor Federico Andahazi rescata este párrafo de Sarmiento en el Facundo: “La historia de la Severa Villafañe es un romance lastimero, es un cuento de hadas, en que la más hermosa princesa de sus tiempos anda errante y fugitiva, disfrazada de pastora unas veces, mendigando un asilo y un pedazo de pan en otras, para escapar a las acechanzas de algún gigante espantoso, de algún sanguinario Barba Azul”.

Leopoldo Lugones equiparó la compenetración de Cervantes y el Quijote, con la de Sarmiento con su héroe Facundo. Sarmiento también era, dice, un dominador que sentía analogías recónditas con su personaje. Los dos fueron “hombres nacidos para mandar”, los dos se equivocaron, los dos fueron de enamoramientos y pasiones. Los dos, Facundo y Sarmiento, no terminan de morir.

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