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NOTA DE TAPA

Atletas después de los 50

Graciela Badín, María Rosa Castellani y Silvia Bonicatto, tres platenses amantes del deporte

Graciela Badín

María Rosa Castellani

Silvia Bonicatto

MARISOL AMBROSETTI / Fotos GONZALO MAINOLDI

vivirbien@eldia.com

Desafiarse, salir de la zona de confort, correr o a escalar montañas a 6 mil metros de altura, con temperaturas bajo cero, vientos arrasadores o tormentas de nieve, parecen ser los secretos de la eterna juventud de Silvia Bonicatto, Graciela Badín y María Rosa Castellani, tres platenses de 66, 65 y 59 años, que eligieron devorarse el mundo justo a la edad en que la mayor parte de la gente baja un cambio.

“¿Por qué lo hago? Siempre necesito un desafío, en el fondo pienso que cuando deje de hacerlo voy a empezar a envejecer”, confiesa Graciela “Gachi” Badín (59) después de su entrenamiento diario de dos horas en la República de los Niños. Ahora se prepara para cruzar los Andes en una carrera de montaña que durará tres días.

María Rosa Castellani (65) es una de las personas más sociables del planeta. Conversa hasta cuando corre carreras. Su amor por el running empezó después de los 50 y, por estos días, fantasea con sumarse a los 21 kilómetros de la media maratón de Nueva York. La distancia madre en el atletismo, los 42 kilómetros, la alcanzó a sus 60 años, en la legendaria maratón de París: “Cada vez que veo el arco de llegada -aquella vez fue el Arco del Triunfo-, la emoción es tan grande que, en lugar de acelerarme, bajo la velocidad, así el disfrute dura más”.

Silvia Bonicatto (66) es admirada por “Gachi” y por María Rosa. Es que la “Dra. Bonicatto” ya es más famosa en la ciudad por su espíritu aventurero que por su prestigioso trabajo como médica oncóloga. Su página www.masde50.com.ar, relata y muestra imágenes de sus ascensos al Everest, al Kilimanjaro pasando por el temible Mont Blanc y el imponente Aconcagua. Además de hacer montañismo, corre, bucea y hasta se animó a recorrer el desierto del Sahara montada a camello. En su web invita y provoca con una frase del poeta Wolfgang von Goethe: “Hay personas que nunca se extravían porque nunca se ponen en camino”.

ADRENALINA A TOPE Siempre amó el deporte, pero a Gachi Badín nunca le sobró tiempo. Hoy es directora asociada del hospital San Roque de Gonnet, donde trabaja hace 34 años. Aunque sus ojos azules transmitan serenidad zen, ella siempre buscó la adrenalina: cirujana y emergentóloga, fue la jefa de una de las guardias más ajetreadas de la región, adonde llegan a toda hora accidentados, heridos y desesperados de dolor.

Como su vocación por atender las emergencias no la abandona, ya hizo tres cursos en las montañas de Cacheuta, Mendoza, para aprender a rescatar en las alturas. Con cuerdas, cascos y arneses, aprendió a “caminar por las paredes” con Alejandro Randis, fundador de la Escuela de Guías de Alta Montaña.

Hoy postea en su Facebook que “se siente motivada”, porque en unos días saldrá desde Pucón, en Chile, y recorrerá la cordillera de los Andes en una carrera de montaña que durará tres días. Eso sí, tendrá una vista única de los volcanes Villarrica y Quetrupillan, de cumbres nevadas, bosques y lagos. No hay turismo convencional que ofrezca tanto ¿Cuál es la meta? Para Gachi “se trata de superarme a mí misma, no de ganarle a otros, sino de superar las propias barreras que, muchas veces, son mentales”.

Una de las experiencias en la que se puso a prueba ocurrió en el Nevado de Chañi, una expedición de 11 días de caminata y acampe en las montañas que recorren el límite entre Salta y Jujuy. La cima está a casi 6 mil metros sobre el nivel del mar. Confiesa que bajar fue tortuoso por el frío: “Me vi tentada a sentarme en una piedra, pero sabía que eso era morir”. Es que en la altura “la falta de oxígeno produce una sensación de somnolencia placentera que te empuja a tirarte a descansar, pero eso te mata: hay que caminar, seguir y llegar”. Su ídola es Elisa Forti, la bisabuela que cruzó los Andes a los 81 años.

Del laboratorio a las pistas Durante 34 años María Rosa Castellani (65) ejerció como bioquímica. Fundó el Centro de Salud y Aptitud de La Plata (CESALP) junto con el médico deportólogo Alberto Ricart. Allí, entre muestras de sangre y microscopios notó cuánto más sanas son las personas que están en movimiento. Sus valores de colesterol, triglicéridos y glucemia se mantienen a raya.

En el laboratorio del hospital San Martín conoció al neurocirujano Luis Pedersoli y “nos enamoramos a primera vista”. Tanto, que al año ya se habían casado y juntos tuvieron cinco hijos, todos varones. “Era muy difícil hacerse tiempo para la actividad física siendo mujer, profesional, madre y esposa”. Pero ese tiempo llegó cuando su hijo más chico entró al secundario. A partir de ahí “mi vicio son las endorfinas, uno se hace adicta a esa droga natural que te da moverte y que te hace sentir tan bien”.

María Rosa contagia ganas. Con un grupo de 18 mujeres que ella misma fogoneó desde el gimnasio del club Hípico de City Bell se propusieron hacer una carrera “importante” cada año. Juntas corrieron en Bariloche, Iguazú, Mendoza, Salta, Tandil, Pinamar y decenas de veces en Buenos Aires y La Plata. Aclara que “ninguna del grupo es ‘la’ atleta, somos personas comunes que nos hacemos tiempo para correr”.

La distancia madre del atletismo son los 42 kilómetros. Y María Rosa no quiso perderse ese desafío. A los 61 años, se sumó a la maratón de París con Luis, su marido: “Correr con él por los Campos Elíseos fue mágico”, recuerda y se ríe con ganas. Por estos días fantasea con sumarse a la media maratón de Nueva York. Luis la escucha y la observa con una mirada fascinada y resignada a la vez: “No para nunca, te lo aseguro”.

MUJER MARAVILLA Parece mentira que Silvia Bonicatto (66) haya hecho todo lo que hizo en una sola vida: se puso de novia a los 13 años, terminó el secundario con sólo 15 y se casó a los 19. Tuvo tres hijos y mientras los crió se recibió de veterinaria, bacterióloga, médica oncóloga y hasta de piloto de avión. A los 24, ya había hecho cuatro carreras.

Pero al igual que Gachi y María Rosa, sus admiradoras, el fanatismo por el deporte y las expediciones de riesgo se acentuó después de los 50. En su web se cuentan 90 experiencias de buceo, ciclismo, montañismo, supervivencia y competencia. También publicó un libro, “Citas conmigo”, con fotos donde se deja ver en los lugares más recónditos del mundo.

“Por muy arriba que escales, muy rápido que vayas o muy alto que vueles, si querés ver el 70 por ciento del planeta, tendrás que sumergirte”. La frase forma parte del libro de Silvia y acompaña una de las experiencias que más ama recordar: el buceo de cinco barcos alemanes hundidos a fines de la Primera Guerra Mundial en la base Naval Scapa Flow de las islas Orcadas: “Fuimos los primeros sudamericanos en hacerlo, sin guía ni ayuda, el capitán del barco nos llevaba al punto que habíamos elegido y un ayudante nos decía cuando tirarnos”.

Su primera vez en la montaña fue a los 48 años, cuando cruzó los Andes por Paso de Portillo. Fue un flechazo: “Me enamoré de la montaña”, dice y parafrasea al gran alpinista Lionel Terray: “Me convertí en una conquistadora de lo inútil”.

Silvia escaló el volcán Cotopaxi, en Ecuador. El guía se perdió y tuvieron que pasar dos horas de la madrugada caminando en círculos para no morir congelados. Para ascender al Mont Blanc, en Francia, iniciaron la expedición a la una de la madrugada y llegaron a la cumbre a la una de la tarde. Eran tres personas unidas por una soga, alineadas en fila india. Cuando bajaron supieron que el grupo que había subido unas horas antes había muerto: uno pisó en falso y con su peso arrastró al vacío a los otros dos. Ese día, Silvia entendió por qué al Mont Blanc lo llaman el monte maldito.

Esta mujer que después de los 50 atacó la cumbre del Kilimanjaro y del Ararat, que buceó en el Ártico y en Islandia, que recorrió el desierto y la mítica ruta 66, que corrió decenas de carreras en bici y a pie, confiesa que “hubo un tiempo en que me esforzaba por convencer a todos de que hicieran lo mismo que yo. Con los años comprendí que eso no estaba bien, es una falta de respeto. Cada uno debe buscar su propio misterio y cuando lo encuentra, la vida es una fiesta”.

 

Tips de expertas

“Para la montaña es fundamental tener asegurada la hidratación, ya sea con agua o con geles y vestirse por capas con indumentaria adecuada”.

Graciela Badín (59)

- Médica cirujana y emergentóloga
- Una hija

 

“Se puede correr respetando siempre tus limitaciones, ya sea por la edad, condiciones físicas o tiempo para entrenar, debemos ser prudentes en el incremento de la intensidad del entrenamiento, como en las distancias a correr y siempre disfrutar lo que se hace”.

María Rosa Castellani (65)

-Bioquímica
- Cinco hijos, todos varones

 

“En buceo la mayoría de las muertes se produce por pánico, por eso no hay que sacar habilitaciones sin haber adquirido buenas y variadas experiencias previas, bucear es simple si todo marcha bien, pero ante una complicación hay que estar muy sereno y saber reaccionar es cuestión de experiencia”.

Silvia Bonicatto (66)

- Médica oncóloga
- Tres hijos

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