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En India, los conservadores no quieren mujeres en los templos

Las féminas en edad de procrear son consideradas impuras en esta sociedad patriarcal, que se violentó tras un fallo de la Corte que las autorizó a ingresar a santuarios sagrados

En India, los conservadores no quieren mujeres en los templos

Manifestantes cortaron calles en repudio a la prohibición a dos mujeres a ingresar a un templo sagrado en Kerala, India / Archivo AP

Por: Chintha Mary Anil

21 de Enero de 2019 | 03:17
Edición impresa

Agencia AFP

Kerala, India

Desde que provocaron la ira de los tradicionalistas hindúes, Bindu Ammini y Kanaka Durga, las primeras mujeres en edad de procrear que ingresaron a un gran templo indio se han convertido en un ícono, pero deben vivir escondidas.

Vestidas de negro y cobijadas por la noche, las dos mujeres pasaron los “vallados” de fieles alrededor del templo Ayyappa en Sabarimala, en el estado de Kerala (sur de India), y lograron entrar al templo poco antes del amanecer del 2 de enero. Su gesto disparó violentas manifestaciones en esta región en las que más de mil personas fueron detenidas.

Su acto las colocó en el lugar de pioneras para los defensores de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Pero al mismo tiempo las obligó a pasar a la clandestinidad debido a las amenazas en su contra. Ayudadas por una red de amigos y apoyos tuvieron que huir.

En un lapso de dos semanas, pasaron por once refugios. Días atrás, hablaron con una periodista de la agencia AFP en un lugar no revelado, por razones de seguridad. Para poder llegar a estas mujeres hubo que pasar por una serie de intermediarios, cambiar de auto y apagar los teléfonos celulares.

“Quería ejercer mi derecho como creyente, es todo”, contó Kanaka Durga, empleada de 39 años. “Era un paso adelante para reforzar la igualdad de sexos”.

El templo de Sabarimala se convirtió en la nueva línea de frente para los derechos de las mujeres en India. Este santuario, uno de los más sagrados del hinduismo, fue objeto de veinte años de lucha en los tribunales por la prohibición de que las mujeres en edad de tener sus reglas, entre 10 y 50 años, pudieran ingresar. Las mujeres de esas edad son consideradas impuras en esta sociedad conservadora y patriarcal.

La batalla terminó a fines de septiembre cuando la Corte Suprema india declaró esta medida discriminatoria. La instancia judicial autorizó a todas las mujeres a ingresar al templo, situado en la cima de una colina y cuyo acceso necesita varias horas de caminata.

TRADICIONALISTAS FÉRREOS

Pero la fuerte oposición de los tradicionalistas, apoyados por el partido nacionalista hindú del primer ministro, Narendra Mori, transformó el lugar de peregrinación en fortaleza. Se impidió el acceso a las mujeres que intentan llegar a Sabarimala. Hasta que lo hicieron Bindu Ammini y Kanaya Durga, ninguna mujer había logrado ingresar.

Las dos interesadas se conocieron en las redes sociales tras la decisión de la Corte Suprema. Figuraban entre las numerosas mujeres que intentaron ingresar en el templo hasta que reabrió sus puertas en el otoño boreal, por primera vez tras el fallo de los jueces, pero tuvieron que abandonar la idea por la violencia.

El 2 de enero, cuando lograron ingresar, “los verdaderos creyentes no nos hicieron problemas. Nos detuvimos para tomar algo en el camino y se portaron como si fuésemos peregrinos como los otros”, cuenta Ammini, docente de 40 años.

“Fue sólo un puñado de personas con motivaciones políticas los que nos crearon problemas”, dijo. “La policía nos asistió para darnos seguridad, pero no quisimos implicarlos, y nos arreglamos por nuestra cuenta”, agregó Kanaka Durga.

Las dos mujeres, que el viernes último consiguieron que un fallo de la Corte Suprema de India ordene que tengan protección policial adecuada las 24 horas del día, esperan poner fin a su huida cuanto antes y volver a una vida normal. Pero van a tener antes que nada que enfrentar un nuevo enojo, el de los miembros de sus familias.

“Tengo el apoyo total de mi familia con la excepción de mi madre, que cree sinceramente que no debería haber roto la tradición”, declaró Ammini. “Pero sé que se preocupa por mí, y respeto su derecho a tener una opinión diferente”.

Durga por su parte no había avisado a su familia que iría a Sabarimala: “Si se los hubiese dicho, habrían hecho todo para bloquearme. Como no les conté, hay fricciones, pero pienso que será solo temporal”. “La mayoría de la gente está conmigo, y eso me alienta”.

Unas horas después del peregrinaje de comienzos de enero, que tuvo una importante repercusión en el país, el sacerdote del templo de Ayyappa procedió a hacer ritos de purificación del lugar.

Algunos responsables del partido Bharatiya Janata (BJP), de Narendra Modi, en el poder en Nueva Delhi, acusaron a Ammini y a Durga de ser anarquistas y antihindúes, lo que estas mujeres rechazan en forma tajante. “No fuimos las primeras en intentar entrar en Sabarimala. Muchas mujeres lo intentaron antes, pero no lo lograron”, dice Durga. “Soy una creyente que siempre quiso venerar Ayyappa en el templo de Sabarimala.

 

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