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TENDENCIAS ECONÓMICAS

El riesgo de una hiperinflación

Por RICARDO ROSALES

prensa.rosalesr@gmail.com

La transición del actual gobierno al próximo y la herencia que recibirá la nueva gestión presidencial el 10 de diciembre próximo, se presenta cada vez más difícil y compleja. En las últimas días se ha dado atención especial al problema de la deuda y a las declaraciones de Alberto Fernández, a quién se considera el próximo Presidente del país. Pero se ha mencionado poco, o pasó desapercibido, el riesgo de que se abra otro período de hiperinflación en la Argentina. Durante la gestión de Guido Sadleris en el Banco Central, la expansión monetaria ha sido prácticamente cero sin embargo los precios subirán 50 por ciento este año o más, y la fuga de los pesos al dólar es cada vez más intensa. En los meses que restan para terminar el año, la autoridad monetaria deberá emitir pesos para cubrir el déficit que estaría al menos en el orden del 1 por ciento.

El riesgo de una hiperinflación no es solo un problema de la cantidad de pesos en circulación, sino de la velocidad con lo cual la gente se desprende de esos pesos. Lo ocurrido en los últimos meses, pero en particular luego de las PASO, es un aumento de ese indicador en simultáneo con otras noticias negativas: el cierre de crédito externo e interno, el miedo a otro defaut de la deuda y el paso al constado del Fondo Monetario Internacional, al menos hasta que sea electo el próximo Presidente. Como se señaló, la atención estuvo mayormente en la deuda tomada en el exterior en dólares y las Letes, que fueron reprogramadas parcialmente, pero la interna en pesos y el mecanismo de las Leliq se presentan cada vez más explosivas. La cantidad de dinero que tendría que emitir el Banco Central en corto plazo tendría una tasa de crecimiento geométrica.

Otra posibilidad es que el gobierno de Mauricio Macri o del Presidente electo en octubre, tenga que decidir una suspensión temporaria de parte de esa deuda, aunque no es una decisión de fácil concreción. Una gran parte de esos títulos están en manos de empresas con los que debieran pagar sus gastos, sueldos e impuestos. Y lo mismo ocurre con las provincias. Otra suspensión temporaria aumentaría las tensiones en lugar de resolverlas. Un capítulo aparte son las Leliq , que dejaron de ser un mecanismo de control monetario y que, seguramente, desaparezcan en poco tiempo más. ¿Cómo se desactivará ese mecanismo? Es probable que se regrese a un fuerte aumento de los encajes bancarios, y por esa vía se frene una expansión explosiva de la base monetaria. De todos modos, no sería el único giro hacia una economía más controlada.

El paso más a mano que seguiría al actual control de cambios sería un desdoblamiento del mercado, con un dólar comercial y otro financiero. En la teoría ese doble mercado permite que las oscilaciones que ocurran con el dólar financiero o la emisión de pesos, no se trasladen directamente a la inflación. Aunque, la experiencia de la Argentina no ha sido exitosa con esas recetas y tampoco evitaron las explosiones inflacionarias y los desequilibrios fiscales endémicos. El plan que ha esbozado Alberto Fernández para encarar los primeros meses de su gobierno, tendría un eje en el Pacto Social, básicamente un acuerdo de precios y salarios entre la CGT y la UIA. Quizás por un plazo de 6 meses o algo más.

La semana pasada se concretó la primera reunión de las cúpulas de la central sindical y de los industriales para acercar posiciones. Pero por el momento son desconocidas las pautas económicas que fijaría el próximo gobierno: ¿cuál será el aumento salarial, y cuanto subirán los precios? ¿Y a que nivel quedaría el dólar? Además de otras pautas básicas como déficit fiscal y expansión monetaria. Por el momento, Alberto Fernández y sus voceros económicos han calificado el dólar actual como adecuado, pero no han dado señales si el plan es “anclarlo” en el precio actual o que se deslice hacia delante al mismo ritmo que la inflación futura. En cualquier caso, el mejor escenario de este pacto no daría oxigeno a las promesas de recuperar salarios a niveles de años anteriores y menos aún si el plan es mantener alto el valor del dólar.

Otros temas en danza que han abierto grandes dudas tienen que ver con las retenciones a las exportaciones agropecuarias y la aplicación de una tasa especial a Bienes Personales. El aumento de las retenciones al campo tendría un efecto positivo sobre la recaudación, aunque no solucionaría el desequilibrio fiscal como algunos imaginan. El impacto sobre la producción ya sea de soja u otros cereales como trigo y maíz, que hoy no tienen retención, es otra incógnita. Los precios no son los de una década atrás y por tanto, tampoco la rentabilidad. Y con respecto al impuesto a la riqueza, adicional a la señal negativa sobre los mercados y las empresas, abrirá otra ola de elusiones que no hará tan sencillo el aumento de la recaudación. Las primeras estimaciones indican que aún con este aumento de la presión tributaria, considerando una hipótesis optimista, no alcanzarán ni evitarían la necesidad de un ajuste fiscal de al menos 1,5 puntos del PIB.

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