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Historia de la moda real: de Wort a Mc Queen, tres siglos de alta costura

El momento en que los diseñadores desbancaron a las costureras anónimas y comenzaron a formar su propio imperio vistiendo a las mujeres de las monarquías más importantes

Historia de la moda real: de Wort a Mc Queen, tres siglos de alta costura

La emperatriz Sissí vestida de Worth y retratada por Winterhalter

Por: VIRGINIA BLONDEAU
vivirbien@eldia.com

1 de Diciembre de 2019 | 07:06
Edición impresa

En las alfombras rojas, bodas y actos institucionales los nombres de las celebridades aparecen inexorablemente unidos al nombre del diseñador que las haya vestido para la ocasión. Un fenómeno de estos tiempos en que los grandes hombres y mujeres de la alta costura se han convertido ellos mismos en celebridades. Lo mismo pasa en el mundo royal aunque no siempre haya sido así.

Hasta mediados del siglo XIX los fabulosos vestidos de reinas y princesas los confeccionaban anónimas costureras en los talleres de palacio. Hasta que a Charles Frederick Worth se le ocurrió etiquetar con su nombre los trajes de alta costura que vendía a las más elegantes damas de la Inglaterra. No reparó en gastos a la hora de elegir los mejores tejidos y fue el primero en lanzar una nueva colección todos los años.

Se casó con Marie Vernet, la más elegante de sus asesoras de venta, quien muy pronto se dio cuenta de que mostrar los vestidos en su propio cuerpo en lugar de hacerlo en un maniquí de madera era mucho más provechoso. Así se convirtió en la primera modelo de la historia. Las prendas de Worth entraron a la realeza de la mano de la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III de Francia. Eugenia era sofisticada, elegante, una gran mecenas y una adelantada a su tiempo. Dicen que fue la responsable de que Worth y el resto de los diseñadores abandonaran ¡por fin! el miriñaque.

La relación de su amiga la reina Victoria de Inglaterra con la moda era exactamente todo lo contrario y eso quedó demostrado cuando, en 1855, la reina hizo una visita al París. Eugenia apareció con los sofisticados trajes de Worth y Vicky con los anticuados vestidos rococó confeccionados por desactualizadas costureras. Es posible que la emperatriz francesa le haya recomendado a Victoria que se haga trajes con su diseñador de cabecera; incluso algunas publicaciones dicen que fue su clienta. Nos permitimos dudarlo ya que pocos años después una sucesión de muertes desgraciadas como la de su tío Leopoldo, su madre y su querido esposo Alberto la sumió a Victoria en un luto profundo del que nunca salió hasta su muerte en 1901. Para los tristes vestidos negros que usó en sus pocas apariciones públicas luego de la muerte de Alberto, no hacía falta un Worth. Quien sí usó sus servicios fue su nieta, Victoria Eugenia de Battemberg que se convertiría en reina de España por su boda con Alfonso XIII.

Ena, como se la llamaba, fue la mejor modelo de la última etapa de Worth, un diseñador que atravesó generaciones. Y es que supo reinventarse y en los albores del siglo XX se convirtió en uno de los mejores exponentes de la moda lánguida de la Belle Époque.

Y si hablamos de Worth no podemos dejar de nombrar al pintor Franz Winterhalter ya que gracias a su pincel conocemos las grandes creaciones del diseñador de moda. El retrato más icónico es, sin duda, el de la emperatriz Isabel de Austria, más conocida como Sissí, luciendo un vaporoso vestido de Worth y su largo cabello, ambos salpicados de estrellas.

Ya entrado el siglo XX irrumpe en la corte de Inglaterra Norman Hartnell. Comenzó vistiendo a la reina Mary y, también atravesando generaciones, terminó vistiendo a su nieta Isabel, la actual reina, en los dos momentos más importantes de su vida: para su boda y para su coronación. Su estilo era un poco recargado y anticuado pero no cabe duda de que fue un talismán de buena suerte: Isabel y Felipe acaban de cumplir felices 72 años de casados y ella ostenta el record histórico de ser el monarca que más haya reinado.

A lo largo de su vida la reina de Inglaterra ha elegido diversos diseñadores, todos ellos ingleses y de impecable sastrería. Hardy Amies, Ian Thomas, Rehese, Karl Ludwig son algunos de ellos. Correcta siempre pero no puede decirse que haya marcado tendencia. Hasta que a fines de los años `90 apareció en su vida Angela Kelly quien se convirtió en su asesora, estilista, diseñadora y confidente. Es la creadora de la segunda juventud de Isabel II en cuanto a la moda se refiere y la responsable de haberse dado cuenta de que los colores fuertes no solo le sentaban de maravilla a sus canas y piel blanca sino que, además, hacía que fuera muy fácil identificarla entre la multitud. Y así fue como trajes, abrigos y sombreros luminosos y en junto con sus zapatos y la infaltable cartera negra se convirtieron en un sello inconfundible de Isabel II. A tal punto es la importancia de Kelly en su vida que la ha autorizado a la publicación de un libro que da cuenta de la relación de ambas y de cómo fue la transformación de su estilo. The Other Side of the Coin: The Queen, the Dresser and the Wardrobe es su título. Una publicación altamente recomendable para los lectores amantes de la moda real. (en Amazon está la versión Kindle).

Su nuera, la polémica Camila, no la tenía fácil a la hora de destacarse con sus outfits. Por empezar, le importaba poco y nada la ropa salvo que fuera cómoda para cabalgar y dedicarse a su jardín y, para finalizar, tenía que competir nada más y nada menos que con el recuerdo de Diana, icono entre iconos.

Sin embargo, los dos vestidos de boda, tanto el del civil como el de la ceremonia religiosa, marcaron un antes y un después en la imagen de la duquesa. La firma Robinson Valentine había acertado al darle un aspecto simpático y sofisticado a esta cincuentona, de cuerpo poco escultural, odiada por más de media Inglaterra y, ya que estamos, por la mayoría del mundo occidental. Camila lució perfecta con ambos trajes y gracias a la ayuda de esta pareja de diseñadoras fue encontrando su estilo. Los caftanes realizados en exclusiva para ella por Anne Valentine causan sensación así como los vestidos, casi siempre en tonos claros y con inspiración hindú, que luce para los grandes acontecimientos reales.

Con quien sí se recupera en espíritu de Diana en cuanto a su amor por la moda es con Kate Middleton, esposa del príncipe Guillermo. A veces se la tilda de aburrida o, incluso, hace saltar las alarmas por su delgadez. Pero los trajes y abrigos que lleva, casi todos de la firma Alexander Mc Queen, son preciosos y le sientan de maravilla.

Alexander Mc Queen fue el enfant terrible de la moda inglesa a comienzos de este siglo. Comenzó en Givenchy pero pronto renunció porque “limitaba su creatividad”. Era anarquista y antimonárquico confeso pero aún así fue a recibir al Palacio de Buckingham la Orden del Imperio Británico. Sus diseños tenían un estilo entre gótico y salvaje pero con un toque muy femenino. Su adicción a las drogas, sus demonios y la muerte de su madre acabaron con su vida en 2010, muy poco tiempo antes de que su nombre estuviera en boca de todos: su firma, ahora regenteada por Sara Burton, había sido la elegida por Kate para diseñar el vestido que llevaría en su boda con el futuro rey de Inglaterra.

Jenny Packham y Temperley son otras de las firmas que Kate suele lucir en sus apariciones. Packham es una “rara avis” dentro del mundo de la moda. Dice que solo le interesa “hacer vestidos bonitos” con los que sus clientas se sientas cómodas, elegantes y felices. Ninguna extravagancia puede verse en sus desfiles y aún así es elegida por Angelina Jolie, Kate Winslet y otras actrices. Incluso sus diseños han aparecido en Sex and the City, en El diablo viste a la moda y en Harry Potter. Por su falta total de esnobismo es poco querida dentro del mundillo fashion.

Alice Temperley, la otra dama favorita de la realeza, se especializa en vestidos vaporosos, con cargados bordados y transparencias. Ha cruzado fronteras y el mes pasado uno de sus románticos diseño fue lucido por Letizia, la reina de España, en su viaje a Corea.

París y Nueva York son el centro de la moda, pero vimos en esta entrega que las damas del Reino Unido, aunque no tengan fama de “superfashion”, también tienen lo suyo.

Y es que moda, imagen, estilo son las nuevas armas que una monarquía tiene para dar el mensaje que necesita dar si quiere sobrevivir. ¿Somos lo que nos ponemos? No absolutamente en nuestra vida diaria pero para quienes trascienden a través de la imagen, la moda es muy importante. No se pueden permitir perder un reino por combinar azul con marrón o por una falda demasiado corta.

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Multimedia

La emperatriz Sissí vestida de Worth y retratada por Winterhalter

La emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo

Isabel II, su nieto Guillermo y Kate Middleton

Camila, duquesa de Cornualles con uno de sus elegantes Caftanes

Kate, duquesa de Cambridge, con un vestido de Jenny Packham

La reina Leticia de España con un diseño de Temperley

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