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TENDENCIAS

La precaria estabilidad oculta la necesidad de desandar años de políticas públicas erradas

Por RICARDO ROSALES

prensa.rosales@gmail.com

La precaria estabilidad de estas semanas con el dólar y un escenario internacional más amigable abrió algunas expectativas sobre el futuro inmediato de la Argentina: surgen hoy condiciones más tangibles en el terreno fiscal y monetario, así como con el desequilibrio externo.

Para este año, las exportaciones podrían superar los 70.000 millones de dólares con una recuperación respecto del 2018 de cerca del 20%. El estímulo de un tipo de cambio más alto estaría indicando este cambio. De todas formas, la recesión en curso y las dificultades para reducir la inflación, un tardío reconocimiento del presidente Mauricio Macri, más otros problemas de arrastre de largo tiempo, empiezan a revelar el deterioro endémico de la economía argentina.

No alcanza ni con una cosecha, ni una devaluación, ni un festival de emisión de moneda o endeudamiento para recuperar lo perdido. El atraso cambiario con Cristina Kirchner y luego con Macri, comenzó a modificarse en los últimos meses aunque a caballo de la crisis.

Igual, las exportaciones de la Argentina han mostrado problemas de competitividad más allá de estos gobiernos y si se los compara con nuestros vecinos, está entre los de peor evolución desde el 2000 a la fecha en toda la Región.

Las economías regionales, que en el pasado se recuperaban rápidamente tras el estímulo de un dólar alto en pesos, hoy no logran levantar cabeza. Si se observa con algo de atención el rumbo local será fácil advertir que el salto cambiario de fines de 2018 ayuda a la exportación, pero en nada resuelve los viejos problemas. La Argentina ocupa actualmente el cuarto lugar como exportador de Latinoamérica, detrás de México, cuyas ventas externas llegan a 450.000 millones de dólares (unas 7 veces más), Brasil con unos 245.000 millones (4 veces más) y de Chile que fueron de 75.000 millones el año pasado. A principios de este siglo, la Argentina vendía un 50% más que Chile, aproximadamente la mitad que Brasil, y entre 5 o 6 veces menos que México.

Si se mira más atrás en el tiempo, la involución económica del país comparada con nuestros vecinos es aún más profunda. Entre los principales obstáculos a la competitividad local se puede mencionar la carga impositiva, la tasa de inflación, las regulaciones gubernamentales, la ausencia de financiamiento, la ausencia de solución a las controversias legales, el incumplimiento de los derechos de propiedad, las restricciones a la importación y otra larga lista de problemas. La gestión de la política no aparece en los estudios de competitividad comparativos, pero sin dudas tienen una alta influencia en los resultados económicos de un país a través del tiempo.

En la Argentina, la clase política ha llevado una creciente y voraz acción impositiva que coloca al país entre los de mayor carga tributaria en el mundo y con la contrapartida de un Estado ineficaz y obsoleto.

Mirando hacia el resto del planeta, se advierte que es exactamente al contrario: un trabajo de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que integran 36 de los países más desarrollados, revela que desde el año 2000 a la fecha, la mayoría de los países ha reducido la carga tributaria sobre el sector privado. Más del 60% de 94 países que fueron estudiados redujeron los impuestos en más de 10% del PBI. El año pasado, 78 países tienen alícuotas menores a las del 2000, 12 los mantuvieron y 6 los aumentaron.

En el inicio de la gestión del presidente Macri hubo un compromiso oficial de bajar a carga tributaria que pareció tomar un rumbo lento y progresivo, incluso con la firma de un Pacto Fiscal con la mayoría de las provincias. Los anuncios políticos, como en otras oportunidades, quedaron en los papeles.

La crisis cambiaria y el auxilio del Fondo Monetario Internacional terminaron con otro fuerte ajuste impositivo sobre la actividad privada. Los compromisos de reducir los ingresos brutos en las provincias, o de retenciones a las exportaciones fueron revertidos por la urgencia fiscal.

Alrededor del 70% del ajuste fiscal que realizó la Nación y las provincias se origina en más impuestos. En las últimas semanas han surgido rumores de que el oficialismo estaría trabajando en un programa económico de largo plazo. Puede que existan o sean sólo iniciativas electorales. Hoy en el Gobierno, el ministro Nicolás Dujovne está enfocado en llegar a las metas con el Fondo Monetario Internacional. Difícilmente tenga lugar para algo más.

En la oposición no se advierte mucho más que declamaciones sobre la magnitud y costo de la crisis. Entre tanto, y con una sencilla mirada a nuestro alrededor, surge con bastante certeza que recuperar la inserción productiva y la competitividad de la economía argentina, no alcanza con lograr una estabilidad macro.

Falta desandar años de políticas públicas en una dirección contraria a buena parte del planeta.

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