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EDITORIAL

Faltan controles constantes sobre el estado de los edificios

El reclamo de vecinos de la zona céntrica platense, reflejado en este diario, por el visible estado de deterioro que presenta un edificio, ante el temor que se desprenda alguna mampostería u otro material, en una esquina muy transitada por peatones y en cuyas cercanías, además, existen varias paradas de micros, volvió a colocar sobre el tapete el problema que plantean las edificaciones antiguas y la necesidad de que se cumplan todas las prevenciones que hacen a la seguridad de las personas y bienes.

En esta oportunidad los testimonios hicieron hincapié en la necesidad de que la Comuna adopte las medidas del caso, destinadas a evitar algún tipo de desprendimiento. Como es de suponer el poder público cuenta con incumbencia para exigir a los propietarios la adopción de esas previsiones y, en caso de que no acaten esa intimación, actuar de oficio.

En numerosas ocasiones esta columna ha debido ocuparse de episodios similares, que en algunos casos registraron derivaciones más graves. Así, es común que se produzcan desprendimientos de mampostería sobre las veredas o, como ocurrió hace algunos años, la caída de un pesado ornamento que cubría la entrada de un edificio público, en situaciones que se vuelven más comunes en el caso de las construcciones antiguas.

Cuando han ocurrido estos episodios, desde la dirección general de Planeamiento y de Obras Particulares se ha asegurado siempre que se reforzarían las inspecciones, para concretar la verificación técnica de los edificios prevista en el código de construcción de la ordenanza 10. 681. Esta normativa prevé inspecciones periódicas por parte de profesionales –a los que podrán contratar los distintos consorcios- que deberá fiscalizar el estado que presentan las distintas partes de cada inmueble.

Lo cierto es que una simple observación alcanza para advertir estos riesgos en numerosas construcciones antiguas; algunas de ellas abandonadas y otras necesitadas de un urgente mantenimiento. Esto exige un análisis cuidadoso, porque es cierto que los métodos de construcción que se utilizaban antes demandan ahora tareas de reconstrucción que resultan excesivamente costosas y que muchas veces pueden exceder las posibilidades de propietarios o consorcios de antiguas construcciones.

Pero también es verdad que en algunas ocasiones se han producido derrumbes de mampostería u otros elementos en edificios de unos treinta o cuarenta años de antigüedad –o, inclusive, en algunos que se encuentran en etapa de construcción- lo que ha puesto de manifiesto que no sólo los balcones fundacionales o de inicios del siglo pasado pueden constituir una amenaza. En ese sentido, los antecedentes abundan: desde un moderno edificio ubicado en pleno centro se cayeron hace un tiempo enormes placas de mármol a las veredas.

Por supuesto que cabe una responsabilidad inicial a los propietarios de aquellas construcciones que puedan plantear este tipo de riesgos. Pero es también el municipio el encargado de inspeccionar, asesorar y exigir condiciones de seguridad en los edificios. Y por eso cabe esperar que se tome debida nota y actúe cuando se detecten situaciones de riesgo, para evitar así que deriven en consecuencias irreparables. Los controles, por consiguiente, deben ser efectivos y constantes.

 

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