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Europa lucha contra sus miedos y baraja para dar de nuevo

Europa lucha contra sus miedos y baraja para dar de nuevo

Por JORGE ELÍAS

@JorgeEliasInter

El torbellino desatado por la dimisión de la primera ministra británica, Theresa May, a raíz de su insolvencia para concretar el Brexit, llevó a muchos a recalcular el voto en las elecciones del Parlamento Europeo. El plan de la ultraderecha era regalarle a Europa un Caballo de Troya, de modo de asaltarla y, una vez dentro, dinamitarla. No prosperó. Excepto la Liga de Matteo Salvini en Italia, con su prédica contra los inmigrantes y las minorías, pocos pudieron cantar victoria. Incluida Marie Le Pen, más allá del triunfo por la mínima en la Francia de los chalecos amarillos frente al partido del presidente Emmanuel Macron.

Los conservadores y los socialdemócratas perdieron por primera vez la mayoría absoluta, no el control de la Unión Europea. Un experimento histórico, creado después de dos guerras mundiales para desalentar los nacionalismos, que se ve abrumado por tiranteces internas y externas. Las reflejadas en la eurofobia de Donald Trump y de Vladimir Putin.

En estos comicios, celebrados en los 28 Estados, los ejes fueron la inmigración y el ambiente. Retos incompatibles con las preocupaciones de los anteriores. En los de 2014 primaban el desempleo, la economía y la deuda pública. El crecimiento de los liberales y de los verdes, sobre todo en Francia y en Alemania, atenuó el impacto de la ola radical. De ultraderecha y de ultraizquierda.

Que el Partido del Brexit, de Nigel Farage, haya hundido el bipartidismo en el Reino Unido o que el de Viktor Orban se haya consolidado en Hungría, al igual que el ultraconservador polaco Ley y Justicia (PiS), no desentona con el fiasco de Alexis Tsipras, obligado a convocar legislativas anticipadas frente al avance de la conservadora Nueva Democracia (ND) en Grecia.

“Las retóricas contra el sistema expresaron los miedos a perder la identidad y a sentirse avasallado por los extranjeros”

Tanto en ese país como en España y en Bélgica, las elecciones europeas coincidieron con regionales y municipales. Resultaron ser un referéndum para los gobiernos de turno. Lo inusual ha sido la alta participación: votó más de la mitad del padrón.

La primera sorpresa provino en Holanda con el éxito del socialdemócrata Partido del Trabajo (PvdA). Había sufrido la peor derrota de su historia en las regionales de marzo frente al ultraderechista Foro por la Democracia (FvD). El gran derrotado resultó ser el Partido de la Libertad, de Geert Wilders, abanderado del euroescepticismo y la islamofobia como los Le Pen, hija y padre. Wilders perdió sus cuatro eurodiputados.

En Finlandia, donde las legislativas de abril se resolvieron con una ajustada victoria socialdemócrata, ganaron los conservadores. La ultraderecha de los Verdaderos Finlandeses, segunda en los sondeos, cayó al cuarto lugar.

Todas las campañas se hicieron en clave interna. Malos resultados para May y para Macron; buenos para el reciente ganador de las generales en España, el Partido Socialista Obrero Español de Pedro Sánchez.

El partido conservador de Angela Merkel, ausente con aviso en la campaña, ha sido el más votado en estas elecciones europeas. En Alemania, los verdes superaron a los socialdemócratas y alcanzaron el segundo lugar.

En Francia terminaron terceros. Meros recálculos del GPS político, con fuerzas xenófobas y ultranacionalistas descafeinadas en su afán de explotar el malestar general.

Fake news o noticias falsas hubo pocas a diferencia de otros confines. Las retóricas contra el sistema expresaron en las urnas los miedos. El miedo de perder la identidad. El miedo de sentirse avasallados por los extranjeros. El miedo de competir por los puestos de trabajo. El miedo de dejar de estar cobijados por el Estado de bienestar. El miedo, en realidad, de ceder espacios en beneficio de otros que ven en ellos un ideal.

El ideal del progreso cada vez más lejano en el territorio más cercano, Europa. De cara a un nuevo orden político, más diverso y fragmentado.

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