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Fuerte tensión en el upa de los hornos

A punta de pistola, un policía exigió asistencia médica para su esposa

Fue el martes, en ese centro de atención que está en 66 y 153. Dijo que su mujer, también de la fuerza, estaba con convulsiones, pero los profesionales que la revisaron lo desmienten. Harán paro

Rodeadas por sus compañeros, las enfermeras amenazadas, Marisol (de azul) y María del Luján / g. calvelo

La asamblea de los empleados

Las dos enfermeras y un cuidador hospitalario que estaban alrededor de las 8 y media de la noche del martes en la Unidad de Pronta Atención (UPA) Nº 6 de Los Hornos advirtieron que en el sector del estacionamiento del personal había parado un auto, justo antes de escuchar los gritos desesperados de un hombre que clamaba ayuda para la mujer que lo acompañaba.

Convencidos de que se trataba de una paciente que requería urgencia en su atención, se dirigieron al playón del centro médico situado en 66 y 153.

Pero se toparon con un hombre que no sólo ingresó en el lugar con su coche por un sector prohibido para el público, sino que enseguida “nos insultó y sacó un arma de fuego” mientras les ordenaba que bajaran del auto a la mujer que estaba con él, “porque decía que tenía convulsiones”, le contaron ayer a este diario las dos enfermeras que fueron víctimas del lamentable incidente, Marisol Pereyra (32) y María del Luján Cornejo (43).

“Nos dijo que la atendiéramos enseguida o nos pegaba un tiro a cada uno”, acotaron.

Tras escuchar semejante advertencia, el cuidador hospitalario “le dijo que se calmara”, para luego abocarse a lo importante: bajar del auto a la mujer para poder ayudarla. Luego se enteraron que los dos integrantes de la pareja son policías.

El personal llevó a la paciente hasta la sala del shock room, donde se atienden las emergencias médicas, para hacerle un electrocardiograma, auscultarla y controlarle la presión arterial y sus signos vitales, chequeo que “permitió saber que estaba todo en orden”, aseguraron, dando cuenta de que “en ningún momento tuvo (la mujer) un episodio de convulsiones” como aseguraba el marido. Ambos estaban de civil, recordaron los testigos.

Rodeadas por otros trabajadores y delegados gremiales, ya que ayer se realizó una asamblea en la que resolvieron “atender sólo casos de urgencia por tiempo indeterminado (ver cuadro aparte)”, las enfermeras recordaron que la pareja estuvo en el lugar por unos 20 minutos.

Una vez que se retiraron del establecimiento sanitario, que además tiene atención en consultorios, fueron a la comisaría de Los Hornos a radicar la denuncia. Allí supieron que los protagonistas del incidente son policías bonaerenses, él es administrativo del ministerio de Seguridad y ella es un sargento que presta servicios en esa misma seccional, pero está con licencia por maternidad, reportaron fuentes oficiales. Teniendo en cuenta que él es administrativo y no porta armas, la 9 milímetros que testigos le vieron cargar sería de su mujer. Desde el ministerio de Seguridad informaron que ya fue desafectado de la fuerza.

En la Unidad de Pronta Atención denunciaron que en la dependencia “tomaron nuestros datos y escucharon todo lo que les relatábamos, pero sin dejarlo asentado por escrito”.

“Nos dijeron que nos iban a llamar más tarde y lo hicieron para que fuéramos a las 3 de la mañana (de ayer), donde nos tomaron declaración. Pero lo que redactaron no se ajustaba en varios pasajes a lo que habíamos declarado”, expusieron Pereyra y Cornejo.

En el reporte oficial figura que se inició una causa por “amenazas calificadas”, detallando que los empleado le hicieron saber al policía que debía llevar a su mujer “por la otra entrada para bajarla en camilla, situación que violentó al sujeto, que extrajo de entre sus ropas una pistola 9 milímetros, que cargó y apuntó con amenazas de matar a todos, para que la bajen ‘como sea’”.

Las enfermeras hicieron pública su preocupación por “esta clase de episodios violentos”, ya que el personal los padece “muy seguido, aunque esta vez fue todavía peor porque nos amenazaron con un arma de fuego”.

Sobre los otros casos, recordaron que “se acentuaron en los últimos 6 meses”, siempre al amparo de reclamos que exigen una rápida atención médica y no tardan en derivar en destrozos de “vidrios, escritorios, computadoras y bancos”, además, claro, de las amenazas.

Cuando se le preguntó acerca de cuál había sido la reacción de las autoridades del UPA frente al incidente del martes, respondieron que “se solidarizaron con nosotros, pero no nos dieron ninguna respuesta frente a los pedidos que venimos planteando hace rato para mejorar la seguridad del personal”.

“Queremos presencia policial las 24 horas y contar con servicios de traumatología y pediatría”, explicaron, porque muchos de los planteos tienen que ver con la ausencia de esos especialistas y “es el personal quien debe poner la cara en esas circunstancias y recibir las quejas e insultos”, completaron.

 

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