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Universo Geek

Convenciones de cómics Ese histórico refugio sanador para los bizarros del mundo

Hoy, cuando lo fantástico es mainstream, es bueno recordar los días en que era un liberador remanso para unos pocos descastados

Convenciones de cómics Ese histórico refugio sanador para los bizarros del mundo

Los “raros” copando el Pasaje, en la Geek Fest del 2017 / Gonna Go

Pedro Garay

pgaray@eldia.com

Durante años, décadas, el geek fue paria: cuesta creerlo hoy, cuando sus mundos, el mundo del cómic, de los superhéroes y la fantasía, copan las pantallas. Pero no pasó tanto tiempo desde que los y las jóvenes vivían con vergüenza sus pasatiempos.

Para ellos (nosotros), los festivales que celebraban su cultura eran pequeños refugios, pequeños en espacio y también en tiempo, ya que duraban un par de días nada más: pero en ese par de días, eran libres. Libres de charlar en voz alta de sus autores favoritos de historieta, de disfrazarse de sus personajes de anime. Libres también por buscar historietas y videos inéditos, importados, pirateados, porque la obsesión fanática siempre fue un gran negocio.

Pensemos cómo eran las cosas entre mediados de los 90 y mediados de los 2000, justo antes de que “Iron Man” debutara en cines y cambiara para siempre la industria y la cultura, estableciendo un modelo de franquicias que impulsó no solo a los superhéroes, sino también a “Star Wars” y otras sagas pop.

En aquellos tiempos pre “Iron Man” la industria se encontraba en estado atomizado. Había mucha menos edición de contenido, los días de gloria de la historieta argentina, cuando era de consumo absolutamente popular, habían terminado hacía al menos dos décadas, y sin Mercado Libre, con pocos espacios comiqueros fuera de Buenos Aires (¿quién no recuerda las caminatas a casa del colegio con paso obligado por las galerías San Martín y Mayo para ver si había llegado el último número, siempre atrasadísimo, de algún título?), las convenciones funcionaban como gigantescos shoppings de materiales que, pensábamos, no volveríamos a ver. Recuerdo ahorrar un año entero para una Fantabaires, la convención más importante de aquellos años, y viajar a Buenos Aires, todavía purrete, con un bolso para cargar todo lo que pensaba comprarme. Volvió lleno.

A la Fantabaires, que arrancó en 1996, vinieron figuras como Adam West y Neil Gaiman, y alguna vez se prometió que iba a venir Lou Ferrigno, pero no recuerdo si se borró o algo ocurrió en la previa. Eran eventos evidentemente necesarios para estos descastados geeks, porque se acercaban más de 20 mil personas por edición. “El paraíso de los bizarros”, tituló Mariana Enríquez, por entonces, un artículo sobre la tercera edición.

Pero 2001 arrasó con todo, incluido Fantabaires. Durante años se sucedieron algunos intentos aislados de revivir las convenciones del fantástico, la ciencia ficción y las historietas, aunque todas fueron de corta duración y alcance.

Hasta que estalló el Universo Cinematográfico de Marvel y las nuevas generaciones, nutridas en base a Netflix y YouTube, obsesionadas con “Lost” o “Game of Thrones”, revivieron el negocio de la cultura pop. La Comic-Con, el principal y más longevo evento geek de Estados Unidos, es hoy uno de los eventos más importantes: a su edición número 50 fueron estrellas de la talla de Tom Cruise y Arnold Schwarzenegger. Apenas 300 personas fueron a la primera edición; a la última, casi 200 mil.

La misma explosión se evidenció a nivel local: la versión argentina de la Cómic Con lleva ya nueve ediciones, con visitas ilustres como Millie Bobby Brown y Gillian Anderson, y han proliferado otros festivales como Comicópolis, que en 2017 trajo al autor de “Supercampeones” al país.

Ese mismo año, en La Plata, un grupo de amigos decidió lanzar la GeekFest en la Ciudad, un evento multidimensional e interactivo que tendrá una edición “de bolsillo” el fin de semana en el Club Atlético City Bell, y que intenta ir más allá de los cómics y producir un festival interactivo con novedades tecnológicas y juegos cinéfilos (este año habrá un “Indiana Jones Challenge”, donde los participantes intentarán sacar la reliquia sin que se derrumbe el templo). A la primera edición, celebrada en el Pasaje Dardo Rocha, fueron más de 5 mil personas. A la segunda, casi 10 mil.

Está claro que hoy el mundo geek es un gran negocio que se permite celebrar fastuosos eventos con estrellas internacionales invitadas a todos los rincones del mundo. Y sin embargo, aún con el circo y el comercio, siguen sosteniendo su corazón: son, detrás de la parafernalia, espacios catárticos, pequeños paraísos donde los bizarros del mundo se liberan las ataduras, se encuentran con sus pares y se sienten menos raros. Espacios de comunión.

 

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