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“Ciudad Sabina”: un libro analiza la estética literaria del cantautor

Según el autor, “Sabina es un genio, pero un genio muy trabajado” / Archivo

Por Redacción

Una tesis doctoral de la Universidad de Viena, editada ahora como ensayo, desglosa la poesía escondida en la obra del español

Aunque para la legión de seguidores de Joaquín Sabina resulta incuestionable que las letras de sus canciones son poesía, una tesis doctoral de la Universidad de Viena ha venido a darles -de forma definitiva- la razón.

Ese análisis literario exhaustivo y hasta ahora inédito le dio en 2017 el título de doctor en Literatura Española al escritor Justo Zamarro, que ha adaptado su trabajo para publicarlo en formato de ensayo con el título de “Ciudad Sabina” (Europa ediciones).

El libro se ha presentado esta semana en el Instituto Cervantes de Viena -con seis meses de retraso debido a la pandemia- y Zamarro ha relatado en una entrevista con Efe por qué dedicó su trabajo de investigación a Sabina.

La idea de la tesis surgió debido a la ausencia de análisis académicos sobre Sabina. Si bien hay artículos y estudios sobre el artista diseminados en revistas o incluidos en otros trabajos, “no existía ninguna tesis doctoral propia” centrada en sus letras.

LETRAS TRABAJADAS

Esa tesis, titulada “Estética literaria en la obra de Joaquín Sabina: Simbología de la desesperación en el cancionero”, es un análisis que desentraña y clasifica los símbolos, temáticas y recursos narrativos recurrentes en la discografía del cantautor durante sus más de 40 años de carrera.

La muerte tomando el transporte urbano, el fracaso impregnado en una prenda de vestir o recuerdos con forma de plaza de aparcamiento son algunos ejemplos del elemento clave que diferencia a Sabina: “mezclar ideas abstractas con objetos concretos para construir una imagen poderosa que te trastoca a nivel emocional”, afirma Zamarro.

Unas imágenes narrativas que confieren a sus canciones una profundidad que va mucho más allá de la imagen “calavera y salvaje” que derrocha Sabina, defiende el autor.

La principal conclusión del análisis se resume en que “Sabina es un genio, pero un genio muy trabajado”, en palabras de Zamarro, que niega tajantemente que el repertorio del músico salga de una “magia inspiradora”, sino del trabajo de muchas horas: “una vez te sale, 300 o 500 canciones, no”.

SABINA, UN POETA COMO DYLAN

Aunque las canciones de Sabina son auténticos himnos, la banda sonora que acompaña vivencias colectivas de varias generaciones, definirlas como poesía levanta todavía polémica entre los puristas de la lírica.

La enorme controversia generada por el Nobel de Literatura 2016 a Bob Dylan, el primero a un cantautor, es un recordatorio de que el debate sigue vivo.

Muchos detractores del Nobel para Dylan aseguraban que las letras de sus canciones no aguantan una lectura al margen de su música. Por su parte, la Academia Sueca destacó que Dylan había creado “nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”, y recordó que Homero también escribía poesía para ser escuchada e interpretada.

Para Zamarro, el galardón para Dylan estuvo “bien merecido”, idea que también comparte el director que ha tutelado su tesis, el hispanista Wolfram Aichinger.

“El arte poético de nuestros tiempos está en las letras de los mejores cantautores. Sus imágenes y metáforas tienen tanto ingenio como las de Góngora o Machado”, subraya Aichinger.

Ante la pregunta de un posible galardón de literatura para Joaquín Sabina, Zamarro se apresura a apostillar: “Premio Cervantes, Princesa de Asturias y todo lo que tenga que venir”.

CIUDAD SABINA

Ahora, con la publicación de “Ciudad Sabina”, el autor ha querido despojarse del corsé de la escritura académica, desmelenarse y “dar cabida al lado más fan” para poder hablar, además, de otras inquietudes como la voz del cantante o el “chute de energía que te aporta una determinada canción”.

El libro no está escrito solo para todos aquellos seguidores de Joaquín Sabina, sino “también para los que tienen interés por las buenas canciones”.

El prólogo viene firmado por el catedrático de Literatura Francisco Domínguez, que defiende la lírica de Joaquín Sabina citando a Luis Cernuda: “un verdadero ‘poeta’ debe acertar en la coincidencia entre su intención y su ejecución, y eso es lo que sucede en las letras de Sabina”.

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