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Justo a tiempo, Maradona decidió volver a las fuentes

El regreso de Víctor Ayala a la titularidad y los ingresos de Ramírez y Mussis, fueron muy positivos para el equipo

Justo a tiempo, Maradona decidió volver a las fuentes

El abrazo del gol y el desahogo tripero por el triunfo / Demian Alday

Walter Epíscopo

Por: Walter Epíscopo
wepiscopo@eldia.com

24 de Febrero de 2020 | 02:18
Edición impresa

Fue entendible ese festejo loco dentro de la cancha. Esos abrazos interminables de los hombres vestidos de azul y blanco mientras desde los cuatro costados del estadio baja una terrible silbatina para los futbolistas vestidos de rojo. Para Gimnasia fue una final, cada partido lo es, por que todo le cuesta mucho. Cada punto le cuesta una enormidad, y volver a sumar de a tres no fue poca cosa (es la primera vez en el año además). Pero es importante saber cómo encontró ese triunfo. Por que si bien Eric Ramírez consigui{o el gol a los 48 minutos del primer tiempo y cuando no quedaba nada, bien pudo haber sido 5 minutos antes, ó tal vez 20, ó en el primer tiempo.

El tiempo es anecdótico, por que Gimnasia lo mereció ganar por la cantidad de situaciones claras que tuvo. Entró en la última, pero pudo haber entrado antes. Más allá de esto, lo que si no se puede dejar de ver, que en esos últimos minutos el Lobo le imprimió vértigo y lucha. Atrás ya estaba bien parado y eso es clave también. “Los equipos se arman de atrás para adelante”, diría luego del partido Maradona. Y es así.

Apoyado por la sobriedad y seguridad de Jorge Broun en el arco, la línea de cuatro prácticamente no tuvo fisuras. Los centrales Goltz y Coronel sacaron todo, los laterales Caire y Melluso, cada vez que pudieron, pasaron al ataque, pero cuidaron bien su “quintita”.

La cosa cambia del medio para arriba. El colombiano Mancilla estuvo más ordenado teniendo al lado a Víctor Ayala. Y precisamente el paraguayo fue muy importante. Inentendible por qué estuvo cuatro partidos en el banco y sin entrar un minuto. Como tampoco por qué si en la semana se trabaja con Eric Ramírez de titular (por algo será), y ante Central quedó afuera del banco y ante el Rojo fue suplente.

Y en ese sentido, no se entiende por qué Maxi Cuadra y Pérez García siguen siendo titulares. Este último desaprovechó dos chances clarísimas en el arranque del partido. No se sabe bien cuáles son sus roles. No están de punta. No son extremos. No gambetean. Deambulan en un limbo entre la mitad de la cancha y el arco rival improductivo. Gimnasia no está en condiciones de esperar que nadie se ponga bien físicamente o enganche la onda de juego. Es ya. Ahora. No hay margen de error.

Por eso resulta inentendible los cambios del cuerpo técnico. Es que entre la 6° fecha cuando debutó con Racing y la 16° cuando terminó el 2019 ganándole a Central Córdoba, fue dándole forma a un equipo. Probaron jugadores. Sacaron. Pusieron. Dieron vuelta para un lado y para el otro. Fueron depurando el grupo y sacando los futbolistas que no rendían. Recuperaron a Ramírez, a Contín, a Ayala, a Caire. Le dieron la chance a pibes como Paradela y Miranda. Guiffrey era titular si o si, como lateral izquierdo o central. Es decir, fueron rearmando todo y obtuvieron al menos algunos triunfos (Godoy Cruz, Newell´s, Aldosivi, Central Córdoba) y empate con Banfield. ¿Pero por qué romper todo lo bueno hecho, solo por la llegada de refuerzos como Cuadra o Pérez García?

Maradona en Avellaneda se dió cuenta a tiempo. Afuera Cuadra y Pérez García, adentro Mussis y Ramírez, y con la vieja estructura fue por la victoria en ese tramo final del partido. “De ahora en más vamos a jugar como hoy”, también dijo un eufórico Diego. Ojalá no lo olvide, que Ramírez por derecha le aporta gol y velocidad; que Mussis enchufado como entró en Avellaneda (y también lo había hecho en diciembre con los santiagueños) es capáz de cambiar las cosas y se potencian con Ayala.

Párrafo aparte para Matías García, que sigue siendo importante en este equipo. Aporta lucha en ataque y defensa. Buena pegada en la pelota parada, y además es de los pocos que intenta jugar bien a la pelota, hacer algo diferente, encarar y sacarse un hombre de encima. Hoy en este fútbol moderno donde los futbolistas parecen más prepararse para hacer atletismo que para jugar con la número cinco, tener a alguien como el Caco, no es poca cosa.

 

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