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Los juglares de siempre

Les Luthiers, más de cincuenta años fabricando arte. Las muertes de Rabinovich y Mundstock golpearon fuerte, pero el conjunto sigue. “Nunca nos reímos en donde alguien sufre”

Los juglares de siempre

Por: MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

10 de Mayo de 2020 | 05:20
Edición impresa

Cuando el escenario está oscuro y entran en fila india Les Luthiers, es como si el tiempo hubiera extraviado su marcha y el espectador no sabe si se encuentra en la Edad Media o en el siglo XXII, en una dimensión temporal que todavía no llegó. Pasado, presente y futuro, todo es lo mismo con ellos sobre las tablas.

Murió en 2015 Daniel Rabinovich, no importa. Murió hace dieciocho días Daniel Mundstock y tampoco es un dato definidor, pese a que ambos fueron vigas maestras del conjunto. Les Luthiers, con ellos y sin ellos seguirán sobre los escenarios del mundo y allí estará otra vez, saliendo de bambalinas, el milagro del arte.

Hay una constante en Les Luthiers, que es la de jugar con las palabras y jugar con la música. De arranque, ya con sólo verlos, con leerles esas caras mirándose entre ellas, el público se ríe. No son cómicos de farándula, son personas perfectamente serias, pero no siempre demasiado serias. Hay una chispa en el grupos, hay que buscar el big-bang de la primera broma y la sinrazón del universo vendrá después.

Ellos se declararon juglares. El “mester de juglaría”, la figura de los juglares, apareció hace mil años sobre el planeta. Cantantes populares que recitaban para recrear a los reyes, a los nobles y al público. La palabra juglar proviene del latín –“jocularis, joculator”- y significa “bromista, hombre de chanzas”.

Bromistas sin grosería y, además, en un mundo que rinde tributo al escándalo, nadie menos escandaloso que Les Luthiers. Sobre este asunto, Bertold Brecht dijo una vez: “No hay nada más aburrido que el escándalo cuando se repite”. Y Les Luthiers no aburren ni se aburren con sus chanzas.

EL SECRETO DEL HUMOR

En una entrevista publicada por EL DIA el 5 de junio de 2018, la periodista Virginia Bruno le preguntó a Carlos López Puccio cuál era el secreto del humor para Les Luthiers y el artista respondió: “Nunca nos reímos en donde alguien sufre. En la creación de nuestro humor no deberíamos hablar de límites pero tal vez sí de normas: cuidado en la forma, en el diseño del chiste, elaboración de los mecanismos, atención al refinamiento de las palabras y las ideas. Nunca una mala palabra, un exabrupto, siempre la idea por delante”.

Se habla de juglares. Después de Les Luthiers, si es que hubiera un después, ¿quién jugará como ellos con las palabras y la música de la sufriente humanidad? ¿Quién desfilará ante los públicos haciéndolos sonreír o desarmarse de risa? ¿Quién abatirá lo solemne con tanta piedad?

“Lo que pasa es que lo que hacemos es muy bueno: ya que nadie lo dice lo digo yo”, expresó Mundstock en una entrevista. En realidad, el locutor por antonomasia de Les Luthiers nunca aclaró las cosas y, en cambio, le gustó oscurecerlas: “Si no puedes convencerlos, confúndelos”.

Son venerados en España, en donde fueron artistas fijos desde los 70. Idolatrados en toda América, multipremiados, aplaudidos en Madrid, en Sevilla, Valencia o Barcelona: un jurado internacional les confirió el Premio Princesa de Asturias, incorporándose así a un selecto club de premiados que incluía a Woody Allen, Scorsese, Cóppola, Baremboin, Penderecky o Ricardo Muti.

Al permanente juego de palabras, le sumaron el juego musical con composiciones memorables, como Cantata Laxatón, Epopeya de los quince jinetes, Las majas del bergantín, Perdónala, Teorema de Thales, Chacarera del ácido lisérgico, Voglio entrare por la finestra, Añoralgias o Loas al cuarto de baño, entre otras muchas. Todas con el concurso de instrumentos creados por ellos –como verdaderos luthiers- sacados de una imaginería inagotable.

¿Quién influyó sobre Les Luhiers? De ese tema habló Rabinovich en varias entrevistas. Al primero que consideró como influyente de Les Luthiers, fue a Chaplín. Pensó más y añadió: Woody Allen, Buster Keaton, varios músicos de rock. Sí, claro, al Instituto Di Tella. Aquí se detuvo y se explayó sobre la importancia de Romero Brest. Finalmente mencionó, como gran tutora del movimiento cultural a la movida global de la década del 60, centrada en el movimiento hippy. Un compañero de Rabinovich, desde fuera de la pantalla, le sopló alguna vez: “no te olvides de los cronopios de Cortázar”.

Surgido del movimiento coral de las facultades porteñas -Rabinovich contó que integró varios coros de diversas unidades académicas, hasta que “por fin encontré uno en el que había minas”- y fundado por Jorge Maronna (creador del grupo junto a Mundstock, Rabinovich y Masana,), Les Luthiers fue sumando después, por renuncias o fallecimientos, a Carlos López Puccio, Ernesto Archer y más tarde Horacio Turano, Tomas Mayer-Woolf y Martín O” Connor.

El último miembro que se incorporó fue el actor Roberto Antier, que debutó el año pasado en reemplazo de Mundstock, afectado entonces por una parálisis en una pierna. Fueron sexteto y quinteto, pero la formación más duradera fue el quinteto integrado por López Puccio, Núñez Cortés, Maronna, Mundstock y Rabinovich, que se mantuvo sin cambios durante 29 años.

Los musiqueros de Les Luthiers se retiran con sus instrumentos disparatados. El escenario se oscurece. Un haz de luz descubre en un costado a Mundstock con su infaltable carpeta roja. Desde allí fue desgranando durante cincuenta años frases que tardarán en olvidarse. Aquí van tres de la colección: “Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía”. Acá la segunda: “No soy un completo inútil. Por lo menos sirvo de mal ejemplo”. Y esta es la tercera: “Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria”.

INSTRUMENTOS

Fueron ciertamente luthiers porque fabricaron instrumentos memorables. Acá van algunos nombres de los instrumentos de cuerda fabricados por ellos, a saber:

Latín o Violín de Lata: la caja de resonancia es una lata de jamón en conserva.

Violata o viola de lata: la caja de resonancia es una típica lata de pintura, a la que se le adosó un clavijero de viola.

Contrachitarrone da gamba: es una mezcla de violonchelo y guitarra.

Chelo legüero: una mezcla de violonchelo y bombo legüero. Posee cuatro cuerdas que pueden ser tocadas con arco, como si fuera un chelo, y su parche percutido con una baqueta, como si fuera un bombo.

Cellato: parecido a un violonchelo, construido con un bote de líquido limpiador.

Mandocleta: una bicicleta cuya rueda trasera hace sonar un buzuki, especie de mandolina de origen griego.

Lira de asiento o lirodoro: una lira hecha con un asiento de inodoro al que se le ha adosado un clavijero de mandolina.

Guitarra dulce: una guitarra construida con dos latas de dulce de batata.

Bajo barríltono: un contrabajo cuya caja de resonancia es un barril de madera al que va sujeto el diapasón con las cuerdas y en el que el instrumentista se introduce para tocarlo. Posee además cinco ruedas en la parte inferior que permiten al intérprete ir caminando mientras toca.

Nomeolbídet: un organistrum construido con un bidé y un tubo de PVC como diapasón.

Entre los instrumentos de viento (cuya explicación particular demandaría un espacio del que no se dispone, pueden mencionarse al Bass-pipe a vara; Tubófono silicónico cromático; Tubófono parafínico cromático; Gaita de cámara; Narguilófono; Alambique encantador; Glamocot; Órgano de campaña en mochila; Glisófono pneumático; Bocineta; Gom-horn natural; Calephone da casa; Yerbatófono d’amore; Corneta de asiento; Clamaneus; Manguelódica pneumática; Ferrocalíope y Bolarmonio.

A ellos habría que sumar los instrumentos de percusión –notablemente complejos- construidos con máquinas de escribir, envases de yogurt, duchas de baño, martillos y sogas fosforescentes, entre otros elementos no musicales.

UN AFORISMO QUE ES LEY

“Rabinovich nos pidió que el grupo siguiera”, dijeron desde Les Luthiers hace cinco años, cuando murió aquel a quien le decían “Neneco”, acaso el más gracioso de todos.

Ahora Lucía Mundstock, hija de Marcos, acaba de decir: “Les Luthiers” sigue hoy con Carlos y Jorge sobre el escenario, así como con Tato, Martín, Tomás y Roberto. Hoy esa es la formación y mañana quizás será otra y así por siempre. Papá se fue y no saben qué triste lo va a poner si Les Luthiers también…Tanto para él como para Daniel y para todos los históricos, Les Luthiers es su proyecto, su vida. Y no hay sueño más grande que eso perdure por siempre. Les Luthiers es esterno, es más grande que cualquiera de ellos”.

En el teatro rige con fuerza de ley un aforismo. El aforismo es de origen ingles –show must go on- y enseña que pese a las inclemencias climáticas, a contratiempos de cualquier índole, a los problemas personales de cada actor, la llama del teatro no se apaga. El aforismo se vuelve traumático cuando ocurre la muerte de algún cercano, pero no pierde vigencia. Significa en nuestra letra: el espectáculo debe continuar. Es lo que hacen ahora los juglares de Les Luthiers.

 

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