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Una esquina que es de todos

Por Luciano Sanguinetti
lpsanguinetti@gmail.com

Cuando la noticia del cierre de La París corrió como reguero de pólvora gran parte de los platenses sentimos que el COVID-19 se estaba ensañando con nosotros. La noticia era triste y volaba por las redes sociales. No importa cuándo fue la última vez que fuimos a tomar un café, estoy seguro que muchos sentimos que esa esquina de 7 y 49 era nuestra.

Recordé de inmediato cuando, a mediados de los 70, entramos con mi familia a ese ambiente tan particular de maderas antiguas. Desde entonces, más allá de las remodelaciones, esa esquina es parte de la historia, pero a la vez, lugar de encuentro, en especial para una generación con la que el coronavirus se ensaña. Está bien, alguien podrá decirme que sólo es una confitería, que el capitalismo, que las leyes de la oferta y la demanda... pero La París es también una parte de nuestra memoria y un nuevo tipo de espacio público, que construye cultura y socialidad.

Hay dos cosas que el COVID-19 está dejando. La primera: tiempo para pensarnos.

En un artículo del El País el filósofo Slavoj Zizek propone que después del coronavirus deberíamos “organizar una forma de vida más modesta”. Y el ensayista y sociólogo, Jeremy Rifkin, que asesora a grandes corporaciones, observó que el “mundo se está extinguiendo y no queremos verlo”.

La globalización terminó, es tiempo de glocalizarnos, sugiere. ¿Qué es eso? Empezar a gestar respuestas locales a los problemas globales. Desde barrer las hojas de los árboles que caen en otoño en la vereda, establecer una más igualitaria distribución de las tareas del hogar en las parejas que conviven, pero también cómo queremos que se produzcan nuestros alimentos, cómo queremos que el estado municipal gaste nuestros recursos, cómo se tiene que comprar la comida para nuestros comedores escolares o para la asistencia social.

Gran parte de los problemas que la pandemia deja al descubierto tienen que ver con las formas en que producimos la vida. Y esas formas, en especial las de una economía que está destruyendo la naturaleza, que produce cada vez más riqueza en menos manos, que en su desesperado viaje hacia adelante no deja vida en el camino, se están agotando.

La segunda cuestión que la pandemia pone en evidencia es que la acción colectiva de la humanidad produce cambios. Basta ver los datos de los últimos estudios sobre contaminación ambiental, por ejemplo. Si alguien me dice que con una app en el celular se podrá controlar la fiebre de la gente, cómo no podemos hacer lo otro. Por ejemplo, que La París siga abierta para todos.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
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