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La era del coaching: un camino ascendente

Empresas, profesionales, “celebrities”, personas que quieren mejorar su desempeño laboral o social, recurren a una disciplina en franco crecimiento para potenciar lo mejor de sí

La era del coaching: un camino ascendente

Un trabajo de coaching puede ser individual o en grupo / Drobotdean

Cecilia Famá

Por: Cecilia Famá
vivirbien@eldia.com

5 de Diciembre de 2021 | 08:16
Edición impresa

Si traducimos la palabra “coaching” al castellano, estaremos, ni más ni menos, ante un “entrenamiento”. Pero, ¿qué es un coach, un entrenador? En el caso que nos ocupa, es una persona que analiza determinada situación, o a un sujeto en particular, y a partir de una capacitación específica ofrece herramientas, asesoría y acompañamiento para lograr cambios positivos. Cuando encaramos un coaching, el objetivo es el progreso, la transformación, con el aporte de una mirada objetiva, externa, que nos ayude a enfocarnos. Dicho esto, abrimos el abanico a algunos de los tipos de coaching predominantes: los empresariales, los ontológicos y los de imagen.

En la década del ‘80 y principios de los ’90, se empezó a usar la palabra coaching -originaria del mundo del deporte- para denominar a una persona que ayuda a otra a llegar a niveles de desempeño que por sí sola no podría alcanzar. En el año 2000 hubo un primer boom mundial, con la aparición de la Asociación Internacional de Coaching en Estados Unidos, y se consolidó el “life coaching”, que combina neurociencia, psicología positiva y PNL (Programación Neurolinguística). En la última década, las ondas expansivas de aquel big bang llegaron a la Argentina. Cada vez más personas buscan un entrenador, un guía, un acompañante, tanto para mejorar la oratoria como para conseguir éxitos empresariales, y hasta para bajar la ansiedad, la culpa y tener una vida más feliz. Amplio. Sí, amplísimo.

En la década del ‘80 y principios de los ’90, se empezó a usar la palabra coaching

 

La Plata no se queda al margen. Es platense uno de los coaches más renombrados en el mundo empresario nacional, líder de una empresa con muchos casos de éxito y una cartera de 100 clientes. Además, hay coaches de otras especialidades, como la ontológica, la de imagen, la oratoria. En primera persona, nos explican de que va este mundo que nos llevó a tratar de adivinar si tal o cual persona “está ‘coacheada’” (pronúnciese “coucheada”) o que nos lleva a veces a preguntarnos por qué una empresa del montón generó un cambio radical y se convirtió en un gran negocio.

“Si es algo más específico, como finanzas o estrategias, se lo conoce más como mentoría,” dice Jonatan Loidi

¿QUÉ ES UN COACH ONTOLÓGICO?

Rodrigo Máuregui es profesor de Letras y de Teatro, actor, escritor, programador neurolingüístico, biodescodificador y coach ontológico. Todos lo conocen como Roy.

Cuenta que hace un tiempo se fue a vivir a Puerto Santa Cruz porque leyó en una bolsa de trabajo que necesitaban un profesor de teatro y literatura durante un año. Ofrecían un sueldo y vivienda gratis. Se fue con su compañera, por una necesidad económica, y vivió allí durante 6 temporadas. Según cuenta, “fue una etapa en la que crecí muchísimo como persona. Trabajé con los pueblos originarios, crecí como docente y, entre otras cosas, conocí el coaching y la programación neurolingüística, que son herramientas que cambiaron, para bien, mi vida por completo. Me enseñaron a cambiar la mirada y a cambiar las posibilidades que nos transmite el valor de la palabra, y que nos permiten identificar cuáles de nuestros pensamientos nos llevan a construir nuestra mejor versión y cuáles nos llevan para atrás. Tal vez, el equilibrio emocional radique en poder identificar, dominar y vencer a nuestro lado autodestructivo; a esa vocecita que nos dice que no podemos, que estamos viejos, y falsas verdades; techos que nos ponemos. Hace seis años que me dedico íntegramente esto y me apasiona. Creo que aporto herramientas que no son fórmulas mágicas, pero tienen un alto nivel de eficacia”.

“Nos enseñaron a hacer para tener. Y cuanto más hago, más tengo, pero más me alejo del ser”

 

“Se dice que un coach ontológico es un soplador de brasas. Todos en la vida nacemos con un fueguito sagrado y a lo largo de la vida se apaga un poco. En general eso se da en el triángulo edípico: papá y mamá se encargaron de hacernos creer que tenemos que encajar en el modelo, ganarnos el cariño de la gente, tener buenos resultados. Entonces se confundieron los verbos. La programación neurolinguística parte de tres verbos: ser, hacer y tener. Nos enseñaron más a hacer para tener. Y cuanto más hago, más tengo, pero más me alejo del ser. Un hermoso ejercicio para hacer es definirnos quiénes somos sin mencionar qué hacemos ni lo que tenemos. Si eso nos resulta dificultoso o confuso, evidentemente no nos conocemos en profundidad. Y si no nos conocemos, es muy difícil conocer al resto. Conocernos y saber cuál es nuestro propósito en la vida es lo que nos va a dar la felicidad, y en ese camino acompaña un coach”.

“La felicidad tiene que ver con el ser, no con el tener. Esa siempre es una gran confusión. El dinero es una gran pata del equilibrio emocional, pero esa mesa también tiene que tener otras patas. Es importante saber quién soy y de quiénes me quiero rodear, quiénes me van a acompañar en este viaje y sobre todo cuál es mi horizonte. Cuando uno descubre que el propósito le da sentido a la vida, se anima a ser protagonista de su vida y a construir hábitos que guarden correspondencia directa con la vida que quiere vivir. Eso es paso a paso. Posta a posta”, revela Rodrigo.

“Nos tenemos que preguntar qué es lo que nos apasiona, qué nos late. Una vez que identificamos eso, pasamos al campo de acción. A los sueños, cuando les pongo acción, se convierten en una meta. Y las metas, con la dedicación y la entrega exacta, se cumplen”, asegura el coach.

El objetivo de un seguimiento de coaching es el el progreso y la transformación

El trabajo de estos entrenadores no debe confundirse con el de un psicólogo. A veces son prácticas que se complementan, pero los procesos de trabajo de un coach son cortos, no más de 8 sesiones. “En general, a la sexta, ya se llega a buenos resultados. Se trabaja sobre tres focos claros y se ofrecen herramientas emocionales para seguir trabajando en la semana y empezar a crear esa vida que tanto se anhela. La felicidad es cosa de valientes”, subraya Roy: “Mis servicios suelen ser variados; a veces en un trasfondo empresarial se busca construir diálogo asertivo y buena relación entre los equipos de trabajo. Otras veces se da en personas con poca autoestima, que buscan herramientas para vencer el miedo al ridículo, para poder ser más genuinos y también profesionales, políticos, que buscan mejorar su oratoria y su capacidad de persuasión”.

Los servicios de un coach suelen tener costo muy variado; en promedio, oscilan entre 1.500 y 3.000 pesos por sesión. Máuregui comenta que “en este momento de mi vida no estoy dando sesiones individuales, aunque me rendían más económicamente… Pero ahora estoy abocado a dar cursos virtuales de herramientas emocionales para la vida y otros para que quienes los toman se transformen en programadores neurolingüísticos o biocodificadores. En este momento, mi energía late por ahí”, dice quien es además dueño de la sala Escenario 40, en donde también dicta cursos de teatro.

Florencia Tiene clientas y clientes que recurren a sus servicios para mejorar su aspecto y buscar herramientas para proyectar una mejor imagen

EL MUNDO EMPESARIAL

Jonatan Loidi (42) es licenciado en Marketing y cuenta en su haber con varios postgrados en el exterior, que van desde Finanzas y Negocios Internacionales hasta Liderazgo y Calidad de Servicios. “La traducción literal de un coach es que es un entrenador” define, y sigue: “Luego, hay distintos tipos de coaching: el ontológico, el empresarial y el mentoring o de mentoría. Yo creo que toda persona enfocada en el mundo de los negocios, que es lo que a mí me toca, necesita tener un coach: una visión externa que le aporte objetividad; otra mirada respecto a los temas del día a día, y después dependerá de la necesidad la especialización de ese coaching. Si es algo más específico, como finanzas o estrategias, se lo conoce más como mentoría, que es como un coaching pero especializado en un área de conocimientos. Si es algo más abarcativo, o un acompañamiento para el líder, ahí sí puede ser un coaching empresarial para la toma de decisiones o para las dudas que van surgiendo”.

Jonatan lidera un equipo de coaching con consultores que acompañan a empresarios y líderes de negocios, y subraya que “tenemos clientes de todo tipo: pequeños, medianos, grandes... No elegimos a los proyectos por su tamaño, sino por el proyecto en sí, la idea, el propósito. Hoy tenemos cien clientes en las distintas unidades de negocios que trabajamos”.

Cada vez más personas buscan un entrenador, un guía, un acompañante

 

¿Son lo mismo un coach y un asesor? “Si al coach se lo asocia con el coaching ontológico es distinto de un asesor; si se lo ve como un entrenador, como un acompañante, sí se lo puede ver como un asesor. Un consultor básicamente es una persona que tiene mucha experiencia, tiene herramientas y aporta objetividad al análisis de los problemas del empresario”, explica Loidi.

“Yo creo que toda persona enfocada en el mundo de los negocios, que es lo que a mí me toca, necesita tener un coach: una visión externa que le aporte objetividad”

Jonatan Loidi ,
licenciado en Marketing

 

Cuando le preguntamos a Jonatan por un caso de éxito -su equipo tiene muchos- elige uno con el que ha ganado varios premios: el del Club Inversor Ganadero. “Un empresario de Carhué vino a nosotros para desarrollar un negocio, una idea, que tenía que ver con salvar al pueblo, que venía muriendo... Le dimos herramientas y sus ideas desordenadas se convirtieron en un proyecto, en una realidad. Terminamos salvando al pueblo, repoblándolo. Fue un logro para todos: ser coach es muy difícil, requiere de mucho conocimiento, pero da muchas satisfacciones. Nuestro propósito es transformar realidades. Las personas vienen de una manera y se van de otra. Lograr eso y aportar a su felicidad es un poco nuestra búsqueda”, finaliza el experto.

“El coaching en imagen es fundamental para cualquier profesional. No se trata de estar excelentemente vestido, pero de sí transmitir seguridad y distinguirse como líder”

Florencia Zaparart,
asesora de imagen y coach en imagen

 

CUESTIÓN DE IMAGEN

Florencia Zaparart (52) es asesora de imagen y coach en imagen. Tiene clientas y clientes que recurren a sus servicios para mejorar su aspecto y buscar herramientas para proyectar una mejor imagen. “Mi trabajo lo realizo durante tres encuentros, a partir de una entrevista inicial, donde nos conocemos y ahí veo donde hacer hincapié. Cada persona necesita cosas diferentes. Hay distintas maneras de complementar el trabajo. Parece algo frívolo, pero la imagen es muy importante. Es un modo de transmitir nuestra confianza”, sostiene la especialista, que estudió con Pablo Cúnsolo, luego en CABA y finalmente en la UNLP, donde se perfeccionó en Inteligencia Emocional.

“Cuando encaramos un coaching, el objetivo es el progreso, la transformación”

Rodrigo Máuregui,
profesor de Letras y de Teatro, actor, escritor, programador neurolingüístico, biodescodificador y coach ontológico

 

“El coaching en imagen es fundamental para cualquier profesional. No se trata de estar excelentemente vestido, pero de sí transmitir seguridad y distinguirse como líder. Con algunos tips se puede lograr en poco tiempo”, sostiene Florencia: “Hace unos años vino una profesional a hacer una asesoría y en los primeros encuentros vestía con ropa deportiva y me contó que así iba al trabajo. Ella era la cara de su trabajo, estaba abriendo su propio estudio. Le expliqué que tenía que dedicarle tiempo a la imagen, porque es lo que transmite y transmite mucho. A veces estamos siendo lo más visible de una marca o de un proyecto, por eso tenemos que darles confianza y tranquilidad a nuestros clientes. No hay una segunda oportunidad para dar una primera impresión”.

“Tal vez, el equilibrio emocional radique en poder identificar, dominar y vencer a nuestro lado autodestructivo”

Por suerte, la clienta lo entendió: “llegó al último encuentro que hicimos con un pantalón negro, una camisa blanca y una campera de cuero; un collar tranqui y mules animal print. Me agradeció mi trabajo con un gran abrazo y eso es el mejor cierre: hacer lo que me gusta y poder transmitirlo. Es cierto que la cuarentena nos relajó bastante respecto de cómo vestirnos y está bien que andemos más relajados, pero con poquitos tips podemos lograr tener una imagen segura y a la altura de cada circunstancia”, cierra Florencia.

 

 

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