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Espectáculos |Cine en La Plata
“Nuestra bronca”: un Quijote en busca de justicia

Junto a su hijo Tomer, Shlomo Slutzky va en el documental que se verá en La Plata el jueves tras los pasos de Aníbal Gauto

“Nuestra bronca”: un Quijote en busca de justicia

Shlomo Slutzky, el perseguidor

29 de Noviembre de 2022 | 03:24
Edición impresa

Para la cámara de su hijo Tomer, el periodista de investigación Shlomo Slutzky es una especie de Quijote luchando contra los molinos de viento: así lo retrata en la película que dirigen entre los dos, “Nuestra bronca”, documental que se mueve entre el humor y el policial mientras sigue a Shlomo siguiendo los pasos de Antonio Teodoro Gauto, un prófugo de la Justicia argentina por delitos de lesa humanidad al que Israel se niega a deportar.

La película, estrenada el pasado jueves en el porteño Gaumont, llegará el jueves en el Anfiteatro de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia (49 entre 4 y 5) de La Plata, una ciudad muy importante para el relato: el Dr. Samuel Slutzky, familiar de Shlomo, fue una de las víctimas potenciales de Gauto en el Centro de Detención Clandestino “La Cacha”, que se encontraba contigua al penal de Olmos. Prófugo, Shlomo se sorprende cuando lo localiza en Israel donde vive desde 2003, y se compromete a lograr la extradición del sospechoso a Argentina, para que sea indagado y juzgado como lo fueran sus colegas del Batallón 601 de Inteligencia Militar en octubre 2014, con largas condenas por secuestro, tortura, asesinato y sustracción de menores.

Comienza entonces un proceso que, más que quijotesco, es verdaderamente kafkiano. “Mi hijo Tomer (que codirige) es quien relata la película, en la que cuenta cómo su padre, un tipo medio quijotesco, se enfrenta a los molinos de viento de la burocracia estatal, que después se convierte en una cuestión que esconde intereses mucho más grandes”, cuenta Slutzky.

El periodista encuentra un sinfín de dilaciones y respuestas vagas, y en sus pesquisas, que están documentadas en varias presentaciones en tribunales tanto israelíes como argentinos, se da de bruces con ejemplos de esos “intereses mucho más grandes”, que parecen demostrar que Gauto, para seguir libre, “tiene que tener una capacidad de camaleón… o estar protegido”. Slutzky se inclina por la segunda: no hay interés de Argentina por reclamar, y tampoco, evidentemente, de Israel. Gauto, incluso, se apersonó en 2019 en Argentina, pasando migraciones tanto a la entrada como a la salida del país, sin que nadie lo detuviera, pese a que hay un pedido de captura y que él figura como fugitivo para la Justicia local.

Para Slutzky, corresponsal de Clarín en Medio Oriente durante 18 años y de Página12 durante siete, detrás de la historia de Gauto se encuentra la relación entre Israel y la última dictadura militar, por un lado, y, por el otro, la de Montoneros y la Organización Para la Liberación Palestina (OLP) en los 70. Mientras que Tel Aviv tenía a la Junta como principal comprador de armas, la organización guerrillera argentina intercambió adiestramiento en Líbano con la liderada, en ese entonces, por Yaser Arafat.

Lo cierto es que todo lo descubierto, las gestiones realizadas y los esfuerzos por dar con Gauto han sido para Slutzky infructuosas: “Aunque la película esté cerrada, la causa sigue, la lucha sigue”, dice el periodista en este sentido. Porque, aunque haya lanzado esta película al mundo con el fin de visibilizar la causa, “no me puedo quedar en casa”.

Es que para el periodista esta película-investigación le es más cercana que otras: Gauto no solo está prófugo del su país de nacimiento y vive a 100 kilómetros de su casa en Israel, sino que es uno de los supuestos responsables de la muerte de su tío Samuel, un paria en la familia de quien Shlomo se enteró de su historia ya de adulto. Por el juicio de “La Cacha” se dieron 15 perpetuas y penas que fueron entre los 12 y 13 años. Su sobrino fue testigo ante el tribunal. Pero Gauto escapó.

“La herida sería mucho mayor si yo no hiciera nada. Hay gente que me dice que ya hice todo lo que podía”, cuenta. Y dice que le preguntan “¿para qué seguir?”, tras haber visitado a la justicia israelí y la argentina, realizado eventos, petitorios, una película, “de todo”.

“Sigo porque no puedo permitir que una persona se escape de ser juzgado, cuando esta persona puede ser el secuestrador y torturador de un primo hermano de mi padre”, les responde. “Es como si el destino me hubiera tocado el trasero”, lanza.

La película es en ese sentido una respuesta más a ese llamado del destino, “una herramienta más. Con mi hijo hicimos la película para que tenga un impacto”, relata, cuando las tardanzas en dar respuesta a sus consultas en Israel y en Argentina les hicieron llegar a la conclusión “ que nos están bicicleteando”.

“Ya hicimos todo”, pensaron. “Si no podemos hacer justicia, hagamos que se vea la injusticia, que la gente pueda ver lo que pasó, que se pregunte cómo puede ser que un una persona como Gauto esté protegido en Israel, cómo puede ser que en Argentina no se hayan puesto los pantalones para exigir que llegue al país para juzgarlo”.

“Pensamos que la película es un instrumento más: para que pueda ser un instrumento, no solo un grito, una pancarta, tiene que ser una buena película”, agrega Slutzky. “Que no atraiga solo a los que están convencidos de los derechos humanos, que atraiga a verla a quien quiera ver una película sobre la justicia, los sentimientos. Es más importante cada espectador que no está convencido de antemano, que el que viene convencido”.

 

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