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El ajuste de Massa: condición necesaria pero no suficiente para frenar el desborde inflacionario

El ajuste de Massa: condición necesaria pero no suficiente para frenar el desborde inflacionario

Leandro Gabin

13 de Agosto de 2022 | 02:10
Edición impresa

eleconomista.com.ar

Pasan los días y Sergio Massa empieza a mostrar más indicios de qué tipo de medidas está dispuesto a llevar adelante. Después de dejar cierto sabor a poco en sus primeros anuncios como ministro, algo lógico por la vorágine de la crisis, el ministro de política económica se mueve con un claro mensaje: este es el plan del ajuste, curiosamente a lo que tanto se negó Cristina Kirchner. Y en el equipo massista dicen que estas no serán las únicas medidas. “El camino es claro, lo que hay que medir es la velocidad”, se escucha entre referentes del ministro.

Al tarifazo que anunció Massa en su momento, algo que encarecerá los servicios públicos para gran parte de los consumidores y empresas que irán perdiendo el subsidio, ahora se le suma el apretón monetario. Ambos, entienden en el equipo económico, son condiciones “necesarias pero no suficientes” para transitar la crisis. “Esta primera etapa es de estabilización. Tenemos que lograr anclar las expectativas”, repiten como un mantra.

Por eso, y en simultáneo con el dato de inflación de julio que fue 7,4 por ciento (el más alto en los últimos 20 años), el Banco Central salió a levantar las tasas de interés casi 10 puntos para llevarlas cerca del 70 por ciento (el cálculo renovando los intereses todos los meses más el capital da una tasa efectiva del 98 por ciento).

Massa obligó a Miguel Pesce, conocido negacionista de las tasas altas, a endurecer su postura para que al menos el ahorrista en pesos se sienta más cómodo dejando la plata en el banco y en moneda local que corriendo hacia el dólar.

“Bicicleta más cara”

Además, al encarecer las tasas, los préstamos son más onerosos y se acaba la idea de financiarse en pesos vía el sistema financiero y seguir encanutando dólares. “Sacando las líneas productivas que sí tienen todavía tasas muy bajas, el resto de los préstamos ya no son tan competitivos y con la suba de tasas ya no repagás el crédito vendiendo pocos dólares al blue. Esa bicicleta te sale más cara”, explicaban desde una entidad privada.

Si bien el apretón monetario está en camino, todavía falta. El economista Nery Persichini lo ejemplificó: la suba de tasas requiere que el IPC se mueva por debajo de 5,8 por ciento para ser neutra en términos reales. “Hoy la Leliq es -18,9 por ciento TNA real negativa con el dato de julio y debería escalar 20,5 puntos para quedar en tablas. Tampoco alcanza para cubrir la inflación proyectada de 6 por ciento para agosto”, afirmó.

El nuevo Banco Central intervenido por Massa seguirá subiendo las tasas con la expectativa de que no tenga que hacer volar la economía por los aires porque la inflación no cede lo suficiente. Lo cierto es que hay mucho rezago entre el movimiento de las tasas y el efecto en la inflación. “Hay que ir dando señales contundentes sobre hacia dónde queremos ir”, repiten en el equipo económico.

El desborde inflacionario no se frenará con las tasas y, difícilmente, con expectativas. Más aún, si no se termina de alinear el discurso oficial. Llamó la atención a los empresarios la arenga de Alberto Fernández sobre una inminente convocatoria para un acuerdo “precios-salarios” que nunca se conversó.

Después de eso, y en un acto en el Chaco, el presidente desorientó aún más: “Sé que tenemos muchos problemas que resolver por delante. No quiero quedarme con un discurso donde ustedes digan: ‘¿Este tipo no ve lo que pasa con los precios?’. Claro que lo veo. Por eso dejamos todas las paritarias abiertas para que los sueldos le ganen a la inflación, por eso anunciamos el aumento para los jubilados y un bono especial para que le ganen a la inflación los sueldos de los jubilados”.

“¿Qué quiere el presidente, un acuerdo de estabilización o que haya una carrera precios-salario como viene sucediendo, con el poder adquisitivo destrozado y salarios en dólares más bajos de los últimos 20 años?”, resumió el directivo de una mediana empresa. “Que Alberto no sea para Massa lo que fue Cristina para él”, pidió.

Proyecciones

Por lo pronto, los precios siguen indomables y las estimaciones de la primera semana de agosto siguen marcando un dramático incremento.

Según LCG, el relevamiento de precios de alimentos que hicieron mostró un aumento del 2,14 por ciento, lo que mensualizado equivale a 7,8 por ciento promedio. Y para la consultora de Orlando Ferreres, la medición de alta frecuencia en la primera semana de agosto arrojó 3,1 por ciento. Para peor, falta una batería de aumentos programados para este mes como el 40 por ciento en colectivos y trenes del AMBA, prepagas y un bono especial para los encargados de edificios.

En ese plano es donde Massa y su equipo tienen las mayores dificultades y el mercado ya cree que llegar a los tres dígitos de inflación este año es muy probable. FIEL elevó a 112 por ciento la inflación para este 2022, Quantum Finanzas (dirigida por Daniel Marx, ahora parte del gobierno) tiene pronosticado 95 por ciento y entidades como Galicia y BBVA estiman 99,7 por ciento y 95 por ciento, respectivamente.

El ajuste massista será “paso a paso” pero “sin pausa”, dicen en su equipo, sabiendo que el mejor de los escenarios es estabilizar y recién después pensar en algún plan de mayor aliento. Por eso todavía no cierra el capítulo más preocupante, que es el de las reservas.

Si bien los últimos dos días el Banco Central pudo frenar la ola de ventas, el caudal de las arcas oficiales ameritaría una salida más arriesgada y no sólo prenderle una vela a los exportadores. No hay magia para eso y la brecha aún se mantiene en torno al 120 por ciento con dólares que valen cerca de $300 mientras que el exportador liquida a un tipo de cambio de $90.

Esa insalvable diferencia condena a no tener dólares en las reservas. ¿Se puede devaluar? El equipo de Massa sabe que es ridículo este tipo de cambio oficial pero temen (sabiamente) por los efectos de un salto discreto del dólar. Su plan, luego de “estabilizar”, sería que el tipo de cambio vaya al menos como la inflación o un poco más.

¿Preludio de un saltito cambiario? Algunos especulan con que Massa podría tomar una decisión para cuando el país (y el mundo) esté con la cabeza en el Mundial de Qatar. ¿Será en diciembre el Fabregazo o una aceleración del crawling peg? Como siempre, la dinámica marcará los tiempos.

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