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Opinión |PERSPECTIVAS INFLACIONARIAS
Lo peor ya pasó

Por MARTIN TETAZ (*)

Lo peor ya pasó

Lo peor ya pasó

7 de Agosto de 2016 | 02:39

Twitter: @martintetaz

Según las distintas mediciones de inflación, el promedio de los precios de la economía aumentó entre un 20,5% (San Luis) y un 29,2 (CABA) en los primeros seis meses del año. Las diferencias tienen que ver con la distinta composición de los índices, pero sobre todo con el impacto diferencial del tarifazo en cada región, que como se sabe fue muy desigual, porque mientras muchos lugares del interior ya pagaban la luz y el gas a valores de mercado hace años, otros seguíamos disfrutando de fuertes subsidios.

Por esta razón hoy no hay un solo número que refleje la magnitud del aumento de precios en la economía, sino que cuando preguntan ¿cuánto es la inflación?, uno primero tiene que repreguntar ¿dónde? En cualquier caso, lo evidente es que cuando en 2015 los gremios negociaron las paritarias de sus trabajadores nadie tenía en mente semejantes aumentos, sino que, por el contrario, los incrementos salariales del año pasado se pautaron pensando en una inflación que oscilaría entre el 12 y el 13% en el primer semestre del 2016.

Dicho de otro modo; las paritarias del 2015 se quedaron cortas y los salarios perdieron entre un 8 y un 17% en el primer semestre, lo cual explica por qué según los datos de la CAME, el consumo cayó 6,4% entre enero y junio del 2016.

Curiosamente, esto es exactamente lo que ocurrió en el primer semestre del 2014 luego de la recordada devaluación del tándem Kicillof- Capitanich, que hizo que la inflación de ese año se disparara y acumulara entre un 22,6% (CABA) y un 23,7% (San Luis) en los seis primeros meses.

El comportamiento del consumo en esa oportunidad fue calcado a lo que pasó dos años después, en 2016. También entonces las paritarias 2013 se habían quedado cortas y según los números de la CAME, el consumo se derrumbó ese año un 7%.

Lo que ocurrió después de ambas devaluaciones también fue similar. Por un lado, los gremios buscaron recomponer lo perdido y tanto en 2014 como ahora, negociaron aumentos mucho mayores que los que habían conseguido el año anterior. Por otro lado, la inflación se frenó cuando pasó la devaluación y entonces el consumo dejó de caer, en aquella oportunidad en agosto y este año en julio.

Consistentemente con la desaceleración de la inflación y las mejores paritarias, cuando llegaron los aumentos de sueldos y se salió de la trampa de “precios nuevos, salarios viejos” rebotó la confianza de los consumidores.

El argumento central es que cada punto que caiga la inflación en los próximos meses por debajo de las paritarias, permitirá recuperar capacidad adquisitiva perdida

Si se mira lo que sucedió con el índice de confianza del consumidor que publica todos los meses la Universidad Di Tella, se puede ver que el desmoronamiento de la confianza fue también idéntico luego de ambas devaluaciones. La recuperación ulterior de ese indicador tan importante que releva la sensación térmica de la economía, fue este año sin embargo más errática porque, aunque la confianza se recuperó en marzo, el Gobierno lanzó en abril el tarifazo y noqueó nuevamente las expectativas.

Pero superado el trance del “efecto Aranguren” el índice de confianza de Di Tella subió fuerte en julio un 6,8% en sintonía con la recuperación del consumo que según CAME, aunque todavía cae mucho en relación al 2015, cae menos que el mes pasado.

Hago esta comparación entre las crisis del 2014 y 2016, no porque quiera minimizar esta, ni maximizar aquella. En rigor es Guatemala contra Guatepeor. El punto es que resulta fundamental comprender que hay antecedentes de lo que está pasando, para entender la crisis y poder pensar lo que es factible que ocurra en los próximos meses.

MIRAR HACIA DELANTE

Por eso planteo que lo peor ya pasó, porque del mismo modo que sucedió en 2014, las causas de la aceleración inflacionaria quedaron atrás y es razonable pensar que el consumo, como lo hizo entonces, se recuperará ahora también.

Obviamente, la clave de esto es que la inflación continúe bajando, porque esta vez las paritarias se cerraron con una inflación implícita más alta, por lo que si esta baja, se recupera la capacidad adquisitiva de los salarios.

Me explico; cuando un gremio acuerda la nueva pauta en materia de sueldos, sabe que no volverá a sentarse a negociar hasta que se venza la paritaria (normalmente dentro de 6 ó 12 meses, según el caso), por lo que los salarios que negocia ya tienen implícita la inflación que los representantes de los trabajadores estiman que habrá en el ínterin.

Por lo tanto, si un gremio acordó 35%, que es el promedio de los aumentos negociados, y la inflación de los próximos doce meses termina siendo del 25%, los salarios recuperarán 10 puntos, si en cambio la inflación hacia delante termina siendo del 30%, los sueldos solo mejorarán 5 puntos en términos reales.

En cualquier escenario, siempre que la inflación de los doce meses siguientes a la paritaria sea menor que lo acordado en la convención colectiva de trabajo, la capacidad adquisitiva de los sueldos mejora y ello permite recuperar el consumo.

Por supuesto, nada garantiza que la mejora hacia delante compense todo lo perdido hacia atrás.

En regiones del interior que ya pagaban tarifas más altas y donde la quita de subsidios tuvo menos impacto, probablemente los aumentos de muchos gremios dejen a los trabajadores mejor que antes, mientras que obviamente en el gran Buenos Aires, donde el tarifazo pegó de lleno y hay muchos laburantes que no tienen representación gremial, no habrá modo de recuperar el 100% de la capacidad adquisitiva pre crisis.

Pero el argumento central es que cada punto que caiga la inflación en los próximos meses por debajo de las paritarias, permitirá recuperar capacidad adquisitiva perdida.

Por eso en la medida que la inflación siga bajando podemos asegurar que lo peor ya quedó atrás.

 

(*) El autor es economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) y autor de "Casual Mente" y "Psychonomics"

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