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El boom de las mujeres novelistas

Soplan vientos feministas sobre el mercado editorial. Autoras como Florencia Bonelli venden millones de libros. Las claves de la literatura romántica o erótica. Testimonios de una poeta y de un librero platenses

Por: MARCELO ORTALE

11 de Octubre de 2015 | 00:39

Dicen los libreros que hace unos veinte años la mayoría de las mujeres que acudía a las librerías lo hacía sólo para comprar libros escolares para sus hijos. La situación cambió, sometida en estos tiempos a los arbitrios de una nueva ráfaga que sopla impetuosa en el mercado editorial y barre a las otras tendencias.

Las mujeres pasaron ahora a dominar en el negocio editorial. Las novelas románticas y eróticas eclipsaron a lo anterior, al boom de la novela latinoamericana, al de libros de ayuda o al de biografías de políticos. Una cultura feminista impone sus ritmos y asuntos esenciales. La mitad de los lectores que ingresan hoy a las librerías como potenciales compradoras de literatura son mujeres. Las librerías están capturadas por la fuerza pocas veces vista antes de una revalorización de los libros como centros de percepción, impulsada por mujeres.

Se habla de novelas escritas en una prosa llevadera, cuyos temas centrales pasan habitualmente por las relaciones amorosas entre hombres –por lo general millonarios, apuestos, adinerados- y algunas chicas, o bien superficiales o bien cruzadas por problemas psicológicos. En otros casos, los protagonistas pueden ser próceres a quienes se les señalan romances extremadamente pasionales. El amor, el sexo, como materias unitivas.

En nuestro país el fenómeno es analizado por críticos, por investigadores, por periodistas. Hace pocos años la profesora de letras Susana Zanetti, escribió un libro que hoy es leído y consultado en muchos países. Se llama “La dorada garra de la lectura: lectores y lectoras de América latina”.

Profesora de literatura iberoamericana en las universidades nacionales de La Plata y de Buenos Aires, Zanetti, fallecida en 2013, le hizo decir a Beatriz Sarlo: “será recordada por estudiantes y decenas de discípulos por una generosidad intelectual sin concesiones y sin competencias”. Zanetti había dedicado su mayor esfuerzo, según dijo uno de sus seguidores, a rastrear el lectorado femenino, pero la gran lectora, dijo, es la sociedad, formada por mujeres y varones. La investigadora incursionó con enorme acierto en el estudio de la mujer en el campo del arte.

UN FENOMENO ARRASADOR

“Consumidoras voraces, seguidoras a ultranza, creadoras de espacios de comunicación, las lectoras de la novela romántica, por volumen y por intensidad, han logrado construir su propio espacio, sus propias autoras, su propio mundo, un mundo sui generis que cotiza en alza”, dice la periodista Miriam Molero. Se desprende que primero habrá habido lectoras y después escritoras para atenderlas y multiplicarlas. En las playas del próximo verano se volverá a ver, seguramente, la creciente marea de estos libros.

El fenómeno es arrasador. En la Argentina la novelista Florencia Bonelli lleva vendidos más de 2 millones de ejemplares en los últimos diez años “y cada año vende más” dice un vendedor de libros platense. Otras argentinas como Gabriela Margall y Anabella Franco venden miles de ejemplares, al igual que Florencia Canale que con sus “Amores prohibidos” alborotó el mercado.

La novela romántica, señala Molero, representa casi un cuarto del volumen de facturación de las grandes casas editoriales que operan en la Argentina. “Aunque el famoso “Cincuenta sombras de Grey”, de E. L. James, despertó el interés de la prensa por el rótulo de la “literatura erótica”, las novelas románticas de jóvenes autoras argentinas llevaban ya un largo camino recorrido”.

En este sentido y apuntando al decurso de la rica historia de la literatura, otra “vendedora impenitente”, la autora Gloria Casañas sostiene que “hay pasajes eróticos en libros muy antiguos. Lo que sucede es que el mundo tuvo épocas más permisivas y otras más censuradas”.

Acaso el poder de la censura –pero antes que eso, la temperatura moral de la época- explique la relativa poca repercusión que tuvo la talentosa novelista francesa Annais Ninn (1903-1977), una precursora del género, que exploró con audacia el erotismo y lo expresó en libros que originaron escándalo. Ella dijo alguna vez “El erotismo es una de las bases del conocimiento de uno mismo, tan indispensable como la poesía” y también “sólo el latido al unísono del sexo y del corazón puede crear el éxtasis”.

En una investigación sobre esta tendencia la periodista Laura Ventura dice que “el erotismo y el deseo existen en la literatura desde sus orígenes, desde los versos de Safo y el Satiricon, pero nunca como en otros siglos ni culturas se advierte un boom de popularidad de los autores y ventas a nivel mundial como hoy. Superados los obstáculos de la censura -estas ficciones son rotuladas para mayores de 18 años-, hay un grupo de escritoras que explora el género y que cosecha, más que lectores, fanáticos”.

Esos lectores, añade, “en su mayoría son mujeres, aunque también se estima que hay un 20 por ciento de hombres, y poco más se sabe. A las editoriales les cuesta segmentar con precisión el target en edad y en extracción social. En buena parte, porque aún existe cierto prurito de confesar que en la mesa de luz hay un libro erótico”.

Se coincide en que fue el éxito de Cincuenta sombras de Grey –que revolucionó el mercado mundial- el que dio el puntapié inicial de este último boom. De allí salieron las trilogías y las autoras más exitosas, entre las que puede mencionarse a Silvia Day, Megan Maxwell, J. R. Ward, Maya Banks, Raine Miller y la venezolana Lily Perozo, entre muchas otras.

Se ha dicho ya que el género de este tipo de novelas preexiste a estas exitosas escritoras. Y que algunos autores de esas narraciones –la mayor parte varones, aunque entre ellos debe citarse a Margherite Duras- han superado el eclipse propio del paso de los años y allí están, vigentes aún, como Henry Miller, Vladimir Nabokov, D.H. Lawrence y el Marqués de Sade.

UNA ESCRITORA PLATENSE

La escritora y poeta platense Norma Etcheverry se pregunta si el éxito narrativo de las novelistas contemporáneas “se debe a cierta sensibilidad exclusivamente femenina, que sabe desde dónde despertar la emoción y captar al lector, o al genio creador de mujeres que, mediante escrituras de un compromiso provocador con la literatura, saben interpretar y dar cuenta de determinados signos de esta época”.

Sostiene luego que “cuando la objetivación del yo, de las experiencias personales y de la memoria, la posibilidad de decir «yo soy» se consigue por medio de la escritura, estamos ante un sujeto singular que se realiza en ese oficio de la escritura. Ahora bien, si se trata de mujeres, decir “yo soy”, y decir “yo soy escritora”, o “yo soy novelista”, son instancias que probablemente cuestan mucho más superar en medio de las ideologías literarias imperantes”

Destaca que “Almudena Grandes, por ejemplo, ha reconocido que, luego del gran éxito comercial de su primera novela, equivocadamente eligió escribir desde un punto de vista masculino sólo para demostrar que su vocación literaria era firme. Coincido con ella en que no hay, o no debiera haber, una literatura femenina y otra masculina, sino una literatura a secas…George Sand se impuso en los círculos literarios de su época, aún “disfrazada” de hombre, y algunos escritores, como D.H. Lawrence, demostraron con su escritura que podían llegar al espíritu amoroso femenino”.

Etcheverry concluye en que “tal vez todo, en definitiva, tenga que ver con las mayores posibilidades de los tiempos que corren, en los que la ruptura de modelos culturales y políticos hegemónicos, en la difusión en las redes sociales, las estrategias del mercado editorial, en las nuevas políticas de género, que son acontecimientos que contribuyen a promover curiosidad y expectativa en estas novelas escritas por mujeres. “Ser poco correcta políticamente y, sobre todo, tener sentido del humor”, como afirma María Dueñas, autora de “El tiempo entre costuras”, parece ser una buena fórmula del éxito”.

UN LIBRERO PLATENSE

Un librero tradicional de La Plata, como Mario Lenzi, que desde hace décadas se encuentra al frente de su librería cercana a plaza Italia, no parece conmovido en exceso por el boom de la novela romántica y erótica, al cual no niega. “Ocurre que siempre preferí quedarme un poco al margen de las modas, que habitualmente, así como aparecen, un día se van…”. Lenzi parece profesar en la religión de preferencias literarias que postuló Unamuno: “Para novedades, los clásicos”.

“Desde luego que conozco a las principales escritoras de ese boom. Aunque mi librería se ha especializado más en los textos de historia y de filosofía. De todos modos, me parece necesario poner de relieve que hay una escritora argentina a la que se está revalorizando, que es Silvina Ocampo. Cada vez se vende más”.

Cabría agregar que este testimonio de Lenzi, sobre la vigencia de la hermana de Victoria Ocampo y esposa de Adolfo Bioy Casares, obtuvo corroboración entre profesores de letras consultados, quienes dijeron que la obra de Silvina –deslumbrante en sus textos- está siendo revisada en muchos estudios e investigaciones que se desarrollan en las facultades de Letras. Pero ésta, en realidad, es otra historia.

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