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MIRADA ECONOMICA

Cepos, corralitos y elefantes

Por MARTIN TETAZ (*)Twitter: @martintetaz

Cepos, corralitos y elefantes

Cepos, corralitos y elefantes

George Lakoff es profesor de Psicología Cognitiva en la Universidad de Berkeley, donde todos los años repite el mismo ejercicio con sus alumnos.

La consigna es pedirles que piensen en absolutamente cualquier cosa, pero que por los próximos cinco minutos por favor, hagan lo que hagan, no piensen en un elefante.

El experimento ha sido repetido una y otra vez en distintos países y culturas y el resultado es siempre el mismo: es imposible que un solo estudiante logre poner su mente en blanco, u ocuparla con alguna otra imagen, indefectiblemente un enorme paquidermo se mete en su imaginación.

Es evidente que la Presidenta no leyó el último libro de este brillante científico especializado en el análisis de las analogías, metáforas y demás fenómenos lingüísticos, puesto que en su reciente visita a las universidades de Georgetown y Harvard, ante sendas preguntas de los estudiantes, insistió en negar la existencia del cepo cambiario e incluso ya de regreso en nuestro país, dedicó varios minutos de su primera aparición en público para criticar el nombre con el que en todos los medios se conoce desde hace tiempo al conjunto de restricciones a la compra de divisas.

“Van a tener que ponerle otro título mediático, porque cepo cambiario no va” dijo Cristina, logrando de ese modo que absolutamente todos los argentinos piensen automáticamente en un cepo más grande que un elefante.

LA HISTORIA SE REPITE

Es interesante, porque casi once años atrás, cuando el país se hundía en su crisis más profunda y la corrida bancaria precipitaba el final de la Convertibilidad, el padre de la criatura, Domingo Cavallo, cometió el mismo error al aparecer públicamente explicando ante cuanto micrófono se le ponía enfrente que las restricciones al retiro de dinero en efectivo no constituían un “corralito”, puesto que de hecho la gente podía utilizar su dinero depositado absolutamente para cualquier compra, pagando ya fuera con tarjeta de débito, con un cheque, o con una transferencia bancaria.

Por si no hubiera sido suficiente para grabar a fuego en la mente de los argentinos la imagen del corralito, en una reciente aparición pública, el famoso economista graduado justamente en Harvard, volvió a explicar que aquella medida en realidad no había significado lo que todos los argentinos creen que fue.

IMAGENES Y ANALOGIAS

Técnicamente, no obstante, el ex ministro y la actual Presidenta tienen razón.

Un corralito es en realidad una analogía que dispara en la mente de los ciudadanos la imagen de ese lugar en el que son puestos los niños pequeños para que jueguen y se muevan sin peligro puesto que no pueden salirse de la zona delimitada, por sus propios medios.

Un cepo también es una analogía que remite a las trabas que se ponían en los autos que quedaban mal estacionados, para obligar a los infractores a pagar la multa correspondiente.

Ahora bien, para la catedrática española Marian Pérez Bernal, “las analogías recurren a un dominio conocido -el dominio fuente- para conocer o comprender mejor otro que resulta desconocido -el dominio meta-. Esto se consigue proyectando la estructura del dominio conocido sobre el desconocido”.

En efecto, cuando se proyectaba lo que significaba un “corralito”, para referirse a las restricciones al retiro de depósitos, se pretendía lograr en la mente de los que leían o escuchaban esta expresión, la idea de que no había manera de sacar el dinero que uno tenía depositado, lo cual era incorrecto.

De manera similar, la estructura de significados a los que remite la idea de un “cepo”, tiene que ver con la incapacidad de moverse, con una traba a la compra de divisas, lo cual también es incorrecto, porque en la realidad lo que existen son distintos tipos de cambio paralelos: el oficial que permite adquirir dólares sin trabas para un amplio conjunto de actividades productivas y de consumo (que la Presidenta primero cuantificó en 120 y luego exageró a 300) y el “blue”, “contado con liqui” y otras versiones más o menos informales, con las que se puede adquirir divisas para atesoramiento.

REALIDADES HUMANAS

El problema es que aunque estrictamente hablando no haya existido un corralito, ni se pueda hablar ahora de un cepo cambiario, lo cierto es que la gente entró en pánico con aquella medida de Cavallo y está furiosa con las dificultades que le plantea ahora el Gobierno a la hora de adquirir dólares.

El verborrágico economista neoliberal cometió entonces el error de pensar que los agentes económicos son seres racionales, que saben economía y procesan la información con la precisión de una computadora y la coherencia de la lógica proposicional.

Lo que la Economía del Comportamiento nos ha enseñado es que, por el contrario, somos humanos, no sabemos de economía y usamos estrategias cognitivas que aunque no son perfectas nos funcionan bastante bien y nos permiten desenvolvernos con relativa eficacia, como por ejemplo el uso de metáforas y analogías.

El gobierno puede desarticular fácilmente la idea del cepo de nuestras mentes, si blanquea que existen distintos tipos de cambio para la producción, para el consumo de importados y para el atesoramiento. Podría incluso vender libremente dólares para los que quieren ahorrar, al valor que fije el mercado, que seguramente sería similar (o incluso un poco más barato) que lo que hoy sale el “blue” en los arbolitos o cuevas.

O puede insistir en creer, como Cavallo lo hizo antes, que somos absolutamente racionales, y pedirnos por favor que no pensemos en un elefante.

(*) El autor es economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) e investigador visitante del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS)

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