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Saqueo y destrozos en La Nonna: “Si pasa una vez más, me voy”

Lo dijo el director del teatro de 3 y 47. Los ladrones ingresaron el sábado, cuando las instalaciones estaban cerradas

13 de Enero de 2014 | 00:00

Para Leo Ringer, el director del teatro “La Nonna” de 3 y 47, las sospechas son firmes. “Acá participó alguien de adentro. Ya sea algún alumno o un espectador”, lanzó. Cierto o no, los delincuentes que se colaron en ese centro artístico se robaron 21 de las 24 cámaras de seguridad internas, equipamientos valiosos e hicieron destrozos.

El primer indicio que levantó las sospechas del encargado del teatro fue que los delincuentes destruyeron la cerradura de una casa aledaña para entrar.

En realidad, el grupo sabía bien que ese inmueble tiene una conexión interna con el sector de la administración.

A su paso, los delincuentes se tomaron el “trabajo” de revisar cajones, quitar estanterías, tirar accesorios al piso y requisar hasta una heladera. “Buscaban plata, algo que acá nunca hay”, resumió el titular del teatro.

Por casi todas instalaciones de ese centro de obras y exposiciones artísticas, que cuenta con varias dependencias, patios internos y escaleras, pasaron los asaltantes buscando otros objetos de valor.

CON BUENOS DATOS

Todo sucedió el sábado, cuando el teatro permanecía cerrado desde el día previo, luego de que Ringer se tuvo que someter a una cirugía en la cabeza.

Según coincidieron el principal damnificado y los peritos de Policía Científica que fueron a revisar las intalaciones, los ladrones “se tomaron alrededor de 12 horas para hacer todo”.

En su recorrida por el lugar, el grupo consiguió desatornillar de las paredes y techos 21 cámaras que podrían haber filmado sus rostros.

“Sabían la ubicación de casi todas las cámaras, inclusive en algunos salones en los que no tenían nada para robarse”, subrayó Ringer, para destacar que los delincuentes conocerían al detalle todas las instalaciones y hasta accedieron a “lugares secretos”.

Aunque el botín más valioso con el que se escaparon los asaltantes fueron varias computadoras, consolas de sonidos y otros equipamientos necesarios para la puesta a punto de las distintas obras que se exponen en las salas.

“Con todo eso salieron por la puerta de adelante y nadie los vio. No se puede creer”, se lamentó el hombre.

Hace cuatro meses, también mientras el teatro estaba cerrado, delincuentes se robaron las cámaras de vigilancia emplazadas en la calle, “y que servían de protección al resto de los vecinos”, había sostenido el artista en aquella oportunidad.

El último caso planteó ahora el desafío de volver a reponerse. Con pérdidas de valor afectivo y la obligación de desembolsar de nuevo el costo de lo robado, Ringer planifica que para marzo volvería a retomarse la actividad normal del teatro.

Pero el empuje que da el placer por desempeñar la actividad que este artista siempre soñó también parece estar supeditado a la inseguridad. Todavía molesto, Ringer exclamó: “Si vuelven a entrar una vez más, voy a tener que irme de acá”.

Incendio
El incidente tal vez más recordado que sucedió en el teatro de 3 y 47 fue el incendio registrado en diciembre de 2004. A raíz del cigarrillo de un espectador que encendió el alfombrado de una sala, las instalaciones ardieron hasta dejar devastada buena parte del edificio.

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