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Una madre poco respetuosa

Antonio Gasalla volvió a ponerse en la piel de su exitoso personaje, la políticamente incorrecta Mirta

Por: Por NICOLÁS ISASI

17 de Enero de 2016 | 01:39

La semana pasada se estrenó la secuela “Más respeto que soy tu madre 2” basada en el blog de Hernán Casciari, con adaptación, dirección y actuación de Antonio Gasalla a la cabeza en el Teatro El Nacional. La obra es una comedia blanca que parodia a una familia de barrio con escenas costumbristas llevadas al extremo. El humor, un tanto vulgar, está presente de inicio a fin en un elenco desparejo pero por momentos eficaz.

Mirta, ama de casa, es la protagonista de esta historia. Lleva una vida rutinaria, pero su familia la entretiene lo suficiente. Nacho (Esteban Pérez), su hijo mayor, reside en Milán con su primogénito y su mujer recientemente embarazada, aunque su personalidad, gestualidad y vestuario confirman que se trata de un gay no asumido avalado por la madre. Caio (Nazareno Móttola), el del medio, es un veinteañero que todavía no terminó el primario y cursa de noche en medio de las fiestas, desempleado y siempre acompañado de una mujer distinta. Su madre justifica todos sus males diciendo que tiene un retraso mental. Sofía (Noelia Marzol) es la hija menor. Termina el secundario a medias, porque apenas sabe hablar, y hace alarde de su físico esquivando todo tipo de candidatos. Su marido (interpretado por Enrique Liporace) lee el diario, mira la tele y va al café con los amigos todos los días. No conoce el trabajo y menos los quehaceres domésticos. Como si todo eso fuera poco llega de imprevisto el cuñado de Mirta (Daniel Aráoz), un verdadero farsante, a pasar unos días y vivir de arriba. La familia entera vive del dinero que envía el hijo italiano, sumado a la venta de los pastelitos que hace Mirta. Cuando llega el hijo mayor, le propone hacer de esa idea un emprendimiento familiar. Así comienza una descabellada historia donde cada personaje de la familia cumple un rol precario en una cadena bastante inestable.

La escenografía de Alberto Negrín es correcta y funcional. Una casa destruida por el paso del tiempo. Un living comedor y una segunda planta con paneles móviles que permite descubrir escenas paralelas en las habitaciones. Mirta llega a decir “esos vidrios no se limpian desde que estaba Romay” haciendo referencia al reconocido productor teatral. El vestuario aporta color y movimiento en todos sus cambios. Liporace tiene un rol secundario y poco explotado tratándose de un actor de larga data. Noelia fue la primera en quedar expuesta, cuando luego de su primer parlamento, Gasalla replicó “que hacés con la lengua así que la gente viene para entenderte, querida” como si fuera parte del texto, dejando en evidencia su falta de modulación. El único actor que se destaca y logra ser un excelente partenaire es Nazareno. Su histrionismo y comicidad ayudan y se complementa con el capocómico.

Lo que no se puede negar es la capacidad de improvisación y manejo del timing (al igual que lo demuestra en tv) que posee Antonio Gasalla. Un actor, autor, director y productor que naturalmente sabe de teatro, nacido y formado en el stand up independiente, logró hacer personajes entrañables e hilarantes como Flora, la empleada estatal, Marta, la detestable madre de Norma Pons que utilizaba la silla de ruedas aprovechándose de esa discapacidad, hasta Mamá Cora, más conocida como “la abuela”, caballito de batalla que hace décadas conquistó al público argentino, desde “Esperando la carroza” hasta las charlas televisivas junto a Susana Giménez. Siempre sus personajes fuertes fueron y son femeninos. Y Mirta Bertotti no es la excepción. Ella es firme con sus convicciones y le dice a todos lo que piensa, sin preámbulos ni excusas. Tiene una lengua feroz y un léxico conformado en un 70% por insultos, cuando no alguna cachetada o escobazo de por medio. Pero a pesar de todo, cuida y justifica a cada uno de sus hijos a pesar de las circunstancias.

El problema no son las malas palabras. Como dice Pinti, artista de la misma generación que ha hecho estragos con sus monólogos en las últimas décadas: “es interesante distinguir para poder ser eficaz en la definición. Putear no es mala educación. Mala educación es usar incorrectamente las palabras, tener pobreza de vocabulario, mala memoria histórica y falta de elementos para evaluar la realidad”. Las malas palabras pasan a un segundo plano. El tema son las acciones explícitas, los gestos burdos, la proximidad innecesaria. Un lenguaje pobre y facilista, siempre orientado a lo sexual, que viene arrastrándose desde el teatro de revista.

Vale recordar que con la precuela de esta obra, batió el récord histórico del teatro en la calle Corrientes, llevando más de 1 millón de espectadores. Entretenida aunque algo previsible, quien vaya a ver a Mirta encontrará a una madre graciosa pero poco respetuosa.

PARA AGENDAR
Segunda entrega de “Más respeto que soy tu madre”
Donde: se ofrece en el porteño Teatro El Nacional, Avenida Corrientes 960,
Cuando: los jueves y viernes a las 21; sábado a las 20.30 y 23; y domingos a las 20.30.
Costo: entradas desde $250.

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