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una recorrida por El Altman Eco-office

Cómo funciona el primer edificio sustentable de Buenos Aires

Se trata de una torre de oficinas inaugurada recientemente en el barrio porteño de Constitución

El primer edificio sustentable de Buenos Aires, que ahorra energía y agua, que no contamina y que tiene en su interior “el aire más puro que se puede conseguir en una ciudad”, está en Constitución, tiene 13 pisos y una obra del artista plástico Rogelio Polesello cubre sus dos fachadas.

“Un edificio sustentable tiene tres objetivos: ahorrar el máximo de energía y cuidar el agua, que son bienes escasos, y cuidar la calidad del aire que respira la gente que pasa allí dentro entre ocho y diez horas trabajando”, dice Moises Altman, el ingeniero a cargo de esta construcción ecológica.

El Altman Eco-office ahorra un 28 por ciento de energía, gracias a sus paneles solares que alimentan la red y a los vidrios herméticos de las ventanas. “Las ventanas están hechas con vidrios herméticos que evitan que el interior del edificio se caliente en verano y conservan calor en invierno”, explica Liliana Altman, quien es arquitecta, hija de Moises, y también participó del proyecto.

Estos vidrios, además de aislar de los ruidos tienen “eficiencia lumínica y energética”, contribuyendo así al ahorro energético.

El edificio también utiliza un “50 por ciento menos de agua”, ya que recoge el agua de lluvia en tanques para utilizarla, y se trata y reutiliza las aguas grises (aquellas que salen de los desagües de lavamanos y piletas de cocina).

“Cuando empezamos a construir este edificio, en 2011, no había ningún antecedente en el país, y decidí hacerlo porque supe que había una base real y científica para construir de manera sustentable, y tuve que aprenderla desde cero”, comenta Moises, que tiene 88 años y hace 68 que construye edificios en Buenos Aires. El Altman Eco Office se terminó en 2014.

“El aire que se respira en este edificio es el más puro que se puede conseguir en una ciudad”, asegura Moises, y explica que esto se logra con una toma de aire a 50 metros de altura y con filtros ubicados en esa toma y en cada lugar hacia el que se “direcciona” el aire que luego circulará en el interior. A esto se suma “un sistema de extracción del aire viciado”.

Por otra parte, esta torre no contamina, ya que las plantas autóctonas -que no necesitan más riego que el de la lluvia y están presentes en las terrazas y retiros- absorben las emisiones de carbono.

“Los edificios, con su normal funcionamiento, producen anhídrido carbónico, lo que se trata es de llevar a cero esa polución, por eso en la terraza y en todos los espacios exteriores donde se puede” hay plantas autóctonas que absorben los contaminantes, cuenta.

Construir un edificio sustentable requiere invertir al menos un 25% más y el mercado no reconoce aún la sustentabilidad como un valor

Además, los motores de los equipos de aire acondicionado tampoco contaminan, ya que “filtran el aire de adentro hacia afuera y viceversa”, agrega Liliana. En la terraza también hay un termotanque solar que abastece de agua caliente a todos los baños y cocinas.

“Un edificio tiene que ser útil y confortable para los que viven y trabajan en él, además de que una vez construido pasa a formar parte del paisaje urbano, por centenares de años quizás, por eso tiene que tener un impacto visual agradable”, dice Moises.

Por esta razón ambos pidieron al artista argentino Rogelio Polesello, conocido por sus trabajos abstractos y geométricos, que diseñara una obra que abarque las dos fachadas, sobre las calles Lima y Humberto 1°. El resultado fue una serigrafía de seis metros de ancho y cuarenta de alto.

Al ser consultado sobre una posible tendencia hacia la construcción sustentable en la arquitectura en Argentina, Moises responde: “construir un edificio sustentable de acuerdo a las normas LEED, que rigen a nivel internacional, requiere invertir al menos un 25 por ciento más, lo que hace que sea menos rentable. Lamentablemente, no podemos hablar de una tendencia”.

“El mercado no reconoce (la sustentabilidad) como un valor, y tampoco hay un aliciente como pueden ser los beneficios impositivos”, agregó su hija.

Moises Altman tiene 88 años, lleva 68 años trabajando y construyó en Buenos Aires 58 edificios, entre los que se destacan algunos que ha hecho ad honorem, como el de la AMIA en la calle Pasteur, el museo del holocausto y la ampliación del cementerio la Tablada. Actualmente trabaja en lo que será el edificio de la cultura judeo argentina.

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