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Revista Domingo |TURISMO
El “Anillo de los Boulevares”, un circuito imperdible en la capital rusa

Las antiguas murallas de Moscú, al ser derrumbadas, dieron paso a elegantes y concurridas avenidas que enlazan sitios históricos, monumentos, esculturas y los mejores teatros de la ciudad

20 de Octubre de 2013 | 00:00

Moscú es una ciudad que el turista no puede terminar de conocer acabadamente jamás y no dejar de sorprenderse por sus edificios, paseos, espacios verdes y por las costumbres de sus habitantes y las posibilidades artísticas y culturales que esta cosmopolita e histórica urbe ofrece al visitante.

Se dice que “recién” en una tercera o cuarta visita se puede comenzar a conocer a la Moscú “profunda”.

Y es que en realidad la ciudad ofrece muchos atractivos y de distinta naturaleza, pero más allá de eso, no hay que perderse el internacionalmente conocido “Anillo de los Boulevares” de la capital de Rusia, aunque en realidad forma una herradura que encierra el corazón histórico de Moscú y cuyos extremos se engarzan en el siempre concurrido y pintoresco malecón del majestuoso río Moscova.

Realmente vale la pena dedicar todo un día para conocer este atrapante y singular atractivo turístico que todos los años convoca a miles de visitantes.

Después de la célebre Plaza Roja y el Kremlin, el “Anillo de los Boulevares” son los hitos más convocantes del paisaje urbano moscovita.

VIEJAS MURALLAS

Los boulevares moscovitas nacieron a fines del siglo XVIII en el lugar de las antiguas murallas que, para entonces, habían perdido su papel defensivo en vista del pujante crecimiento de la ciudad.

En esa época Moscú ya había perdido su condición de capital imperial en favor de San Petersburgo, fundada en 1703 por Pedro el Grande a orillas del Nevá.

Con nueve kilómetros de extensión, el “Anillo de los Boulevares” cumple hoy también un papel importante como avenida de circunvalación, aunque sus vías, se quejan los automovilistas, no son lo suficiente expeditas como para descongestionar el endemoniado tráfico de la gran urbe.

7 PASEOS

Los siete paseos están enlazados por igual número de plazas, la más importante de ellas, la Pushkin, uno de los lugares más emblemáticos de la capital rusa, donde confluyen los bulevares Strastnói y Tverskói.

En el primero, además del monumento al poeta Alexandr Pushkin, padre de las letras rusas, se pueden apreciar otras dos estatuas: las del pianista y compositor Serguéi Rajmáninov y la del actor y cantautor Vladímir Vysotski, cuya obra, trasmitida en su tiempo mediante grabaciones que iban de mano en mano, ha dejado huella en varias generaciones.

En una de sus composiciones, Vysotski (1938-1980) aseguró que, aunque él creía en ideales, “como el pueblo ‘soviético’”, nunca erigirían un monumento en su honor junto a Petrovskie Vorota. La posteridad no le dio la razón: en el décimoquinto aniversario de su fallecimiento fue inaugurada la estatua que refutó sus versos.

MONUMENTOS

Los boulevares tienen entre sus monumentos uno que fue “desterrado” durante la época de Iósif Stalin, el dictador que gobernó la Unión Soviética entre fines de los años 20 del siglo pasado hasta el día de su muerte, en1953.

La estatua “represaliada” fue la de Nikolái Gógol, uno de los grandes clásicos de las letras rusas, en la que al escritor se le ve sentado y con cara de tristeza.

Según los cronistas de la época, a Stalin le disgustaba el monumento, junto al cual pasaba cuando se desplazaba en coche desde el Kremlin a su “dacha” de las afueras de Moscú.

El monumento “triste” fue trasladado al patio de la casa museo de Gógol, situada a un costado del boulevar que lleva su nombre, y en su lugar fue instalada una nueva estatua en la que el clásico está representado de pie, sobre un alto pedestal, con una pose y un gesto llenos de optimismo.

Al nombre de Stalin está vinculada una de las páginas más trágicas de la historia de los boulevares.

Durante los funerales del dictador soviético en la plaza Trúbnaya, donde se unen los bulevares Petrovski (de Pedro) y Rozhdéstvenski (Natividad), una avalancha humana se cobró centenares de víctimas mortales, que algunas fuentes elevaron hasta 3.000.

BOULEVAR DEL GLAMOUR

El boulevar Tverskói, j unto a la calle de mismo nombre, que es la de mayor glamour de la capital rusa, cobra especial vida por las tardes, cuando el público moscovita se vuelca a los teatros situados a sus costados: el Teatro del Arte Académico de Moscú, conocido más como el “MJAT”, por sus siglas en ruso, y el Yermólov.

El Sovreménnik, uno de los más afamados teatros dramáticos de la capital rusa, también se encuentra en los bulevares, concretamente en el Chistoprudni (Estanques Limpios), que debe su nombre a la laguna de la que nace el arroyo Rachka, actualmente entubado, que casi dos kilómetros más al sur desemboca en el Moscova.

En el siglo XVII este lugar se conocía como Poganie Bolota (Pantanal de la Basura), pues las carnicerías y mataderos que se hallaban en las proximidades arrojaban sus desperdicios al estanque.

Según los historiadores, la situación cambió radicalmente a comienzos del siglo siguiente, cuando pasó a formar parte de la hacienda moscovita de Alexandr Ménshikov, el amigo de infancia y favorito de Pedro el Grande, que llegó a convertirse en generalísimo y príncipe del Imperio ruso.

Por orden del noble, fue limpiado el manantial, que adquirió el nombre que ostenta en la actualidad.

PISTA DE PATINAJE

A partir de los pasados años 90, después de la desintegración de la Unión Soviética, el boulevar Chistoprudni se convirtió en lugar de reunión de bohemios, amantes de la música alternativa, rockeros, punkis e, incluso, cabezas rapadas.

Habitualmente se reúnen junto al monumento a Alexandr Griboyédov, diplomático y literato ruso, que murió asesinado en Teherán el 30 de enero de 1829 por una turba que asaltó la embajada de Rusia.

En invierno, el estanque se convierte en una gigantesca pista natural de patinaje sobre hielo para deleite de los moscovitas, niños y adultos, grandes aficionados a esta actividad deportiva y artística.

Cuando el tiempo lo permite, no es raro observar en torno a algunos bancos del paseo unos singulares grupos formados por personas, hombres casi en su totalidad, que cuchichean animados.

Al acercarse a uno se desvela el motivo que concita tal interés: una partida de ajedrez, el juego-ciencia que apasiona a los rusos.

SITIOS BIEN COTIZADOS

La predilección de los habitantes de Moscú por sus boulevares los ha convertido en un pozo de oro para las inmobiliarias, ya que los precios de los pisos situados en sus inmediaciones alcanzan niveles astronómicos, sorprendentes, incluso para una ciudad donde los desorbitados valores de la vivienda son ya todo un tema.

“El precio de un departamento de nivel medio en esta zona oscila entre 10.000 y 20.000 dólares por metro cuadrado”, comenta Svetlana, ejecutiva de ventas de una de las grandes inmobiliarias de la capital rusa.

Conseguir en esta zona un departamento por menos de 400.000 dólares es como sacarse la lotería, y no sólo en lo que se refiere a las más escasas probabilidades de que ello ocurra, sino también por los beneficios que reporta la continua valorización de los inmuebles.

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