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“El lugar donde trabajó mi hijo es peor que una cárcel”

Un patio interno usado por los residentes, protegido contra la inseguridad del barrio - el dia
Maleza y falta general de mantenimiento - el dia
Las paredes descascaradas son comunes - el dia

Por Redacción

En sus primeros pasos como profesional, Francisco Guerrero fue residente de Traumatología en el hospital Gutiérrez. Cuando lo mataron, sus compañeros y colegas hicieron marchas pidiendo justicia. Hasta llegaron a suspender las tareas por duelo. Todavía hoy se acuerdan de él con cariño.

“Si de algo sirve lo que pasó, es para que se mejore el lugar donde están los residentes. Desde que mataron a ‘Panchi’ que peleo para que tengan un lugar mejor, porque es una pocilga donde pasan sus horas. Es un lugar peor que la cárcel, algo que se debe repetir en la mayoría de los hospitales”, consideró la madre. En poco más de dos años, no hubo progresos, coincidieron ella y los jóvenes profesionales.

¿Es realmente así? Este medio hizo un recorrido por el centro asistencial de barrio Hipódromo y comprobó irregularidades. Recorrer sus pasillos implica encontrarse con cableado a la vista, asientos de espera rotos o palomas -y sus enfermedades- que vuelan entre la gente.

En lo que respecta a la parte de los residentes de Traumatología, la situación es la de un sector sombrío, descuidado y aislado del resto del hospital. Los seis médicos de ese sector viven, comen, duermen y dan clases en un cuarto de seis metros por cuatro. El número de gente se eleva cuando los estudiantes, al menos diez, se reúnen con los residentes y con los médicos de planta. A pesar de las irregularidades, el Gutiérrez sigue albergando esa cátedra.

Los patios internos están cubiertos por maleza o rodeados por alambres de púa. Pero, en parte, el paisaje carcelario está justificado en un antecedente de realismo mágico: “Una vez que estábamos haciendo asado, se metieron desde la calle 40 trepando las paredes y se robaron la carne”, recordaron en el hospital.

Los residentes también se tienen que encargar de pintar las paredes o de pagar el servicio de internet, necesario en su actualización profesional. “En esas condiciones, no pueden surgir buenos profesionales”, se quejó María Guerrero.

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