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La infancia ante los genocidios, torturas, exilios y migraciones dolorosas

“El mundo adulto está quebrado”

“Matilde”, de la chileno-argentina Carola Martínez Arroyo. ¿Una niña de Santiago es el nuevo Principito? La difícil existencia de la literatura infantil en una época de dominaciones y abandonos

Carola Martínez Arroyo / web

Carola Martínez Arroyo / web

Por MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

Hace setenta y cinco años se escribió El Principito, considerado un libro infantil, pero rico en contenidos adultos. Se trató de un relato poético compuesto por un aviador en el desierto del Sahara y se convirtió en la novela más vendida en la historia de la literatura mundial. Su autor, Antoine de Saint Exupery, dejó una regla sagrada: no hay que descender al mundo infantil, hay que remontar hacia ese universo.

Pero el tiempo no pasó en vano, las épocas cambiaron y ya no se puede recrear al pequeño duende rubio vestido con un tapado azul. La literatura infantil ha variado y la mejor prueba es “Matilde”, (Grupo Editorial Norma, 2017) libro de la chilena-argentina Carola Martínez Arroyo, que en estos días se encuentra en Santiago de Chile presentando su obra ya premiada en Buenos Aires.

El nuevo “principito” es, justamente, Matilde, una niña chilena de 8 años de edad, sometida en su pequeño mundo familiar y doméstico al vendaval de la historia contemporánea. Su padre, sus padrinos, muchos de los suyos fueron perseguidos y muertos por el gobierno de Pinochet, pero ella no lo sabe, tardará en saberlo y mucho más en entenderlo.

Así empieza el libro: “Va llegando tarde a la escuela. Está fresco con ese aire que viene frío y puro de la cordillera, que le pone las orejas y la nariz coloradas. Su abuela estuvo horas haciéndole trenzas con el pelo húmedo antes de dormir. A la mañana se despertó más temprano y se las desarmó con delicadeza. El pelo al fin, por un rato, le quedó enrulado. Está feliz, se mira en todos los vidrios que encuentra en el camino” .

“Escribo como toda migrante entre dos mundos. En un limbo del medio, con un idioma que es una mezcla de ambos”

 

“Matilde”

Así amanece Matilde. La despiden en la puerta de casa su madre y su abuela con un beso. Le dijeron que su padre estará unos días ausente, porque es ingeniero y tiene que hacer un puente en un país lejano. Le recomiendan que siempre diga eso de su padre a los demás, a sus compañeros, a su maestra. Es una mentira doméstica, claro. Está desaparecido, pero ella lo sabrá mucho mas adelante. La esperan sus compañeras en el colegio. Está feliz y a partir de allí Martínez Arroyo enhebra un relato que se va volviendo, párrafo a párrafo, cada vez más angustioso. Al día siguiente Matilde se despertará también temprano: “Su mamá está saliendo otra vez sin decirle para dónde. A ella nadie le dice nada. Sólo se entera de lo que puede escuchar a través de la rendija...”. La historia golpea en las puertas, pide paso.

Es como un final de la impiadosa herencia del siglo XX, plagada de genocidios, de torturas, de inquisiciones ideológicas, de déspotasy exilios, de migraciones dolorosas, de sistemas autocráticos y criminales. Hace más de medio siglo el rumano Virgil Gheorgiu, en su novela “La hora 25” describió los padecimientos de un joven durante la Segunda Guerra Mundial, perseguido primero por la Gestapo nazi, después por la policía soviética y finalmente por los aliados, que lo consideran un espía. Son los sistemas encrespados contra la simple condición humana, contra la inocencia absoluta. Matilde representa a esa humanidad sufriente, es la heroína desamparada.

ENTREVISTA

Martínez Arroyo, nacida en Santiago de Chile en 1972, se presta a la entrevista y se le pregunta si su libro, Matilde, es literatura infantil o pertenece al mundo adulto: “ Es un texto que se inscribe en la enorme tradición de escritores de libros para niños y jóvenes. Hace más de 40 años que los escritores venimos peleando para salirnos del corsé que significa escribir para “los más pequeños” y entramos en la tradición de los que escriben para un niño consciente, crítico un sujeto en completud que puede y debe tener material a su altura. Tournier decía que la literatura infantil es aquella que también pueden leer los niños. Espero que Matilde sea un libro que pueda ser leído por todos”.

-¿Cuáles son sus autores preferidos?

-Maurice Sendak y Christine Nöstliger. Norteamericano y vienesa son dos autores que miran a los niños de frente con absoluta honestidad e irreverencia. Sin concesiones y con una obra que se sostiene más allá de su tiempo. Maurice con “Donde viven los monstruos” y Christine con cada una de sus novelas. Ellos construyen universos donde los niños se encuentran con otro que los valora, que sabe que entienden, que los pone en valor. Espero realmente algún día poder escribir un poco como ellos.

-¿Usted siente y escribe como chilena o como argentina, ya que vive hace muchos años en Buenos Aires...Es una duda antes que una pregunta...

-Escribo como toda migrante entre dos mundos. En un limbo del medio, con un idioma que es una mezcla de ambos, pero de ninguno de los lados. De hecho, ahora estos días estamos lanzando Matilde en Chile y me doy cuenta que lo que yo creo que es parte del habla chilena no es más y que en mi cabeza hay términos que solo debo seguir ocupando yo.

-Matilde es un libro bello y a la vez angustioso, que al lector lo va llenando de dolor en cada capítulo, a través de pequeñas señales. ¿Esto es recurso técnico ideado por usted o es el fluir del subconsciente el que lo dictó?

-Es parte de un trabajo de reescritura minuciosa. Soy una persona que trabaja mucho tiempo los textos una y otra vez. Escribir como editar, como cocinar, en fin, como cualquier oficio toma tiempo y trabajo. Yo tardé 43 años en animarme a mostrar lo que hacía. No hay que tardarse tanto pero si cuidar la obra, Elsa Aguiar una increíble decía que leía frecuentemente libros de editores apurados. Eso me quedo en la cabeza, trato siempre de desapurarme. Mi intención por supuesto en el caso de esas señales no era causar dolor ni mucho menos, era mostrar el clima de la época. Poner al lector en tensión.

-¿Qué niveles de subjetividad tiene su obra? Hay vivencias propias o es ficción suya?

-La obra no está basada en mi vida personal. Pero tiene muchos recuerdos propios y prestados. Crecí en la dictadura de Pinochet, recuerdo cómo era, recuerdo la angustia, la soledad, los sentimientos de esperar que algo pasara, que finalmente el círculo se cerrara en torno a mi familia. Fui una niña muy consciente y en ese sentido muy sufriente de lo que pasaba. No es mi historia, pero sólo por casualidad. Porque podría haber sido mía o de cientos de miles de niños en esa época.

-El apoyo de la clase media chilena a Pinochet, el de las amigas de Matilde y sus familias... ¿Qué nos enseña? ¿Debemos desconfiar de la condición humana?

-Las amigas de Matilde son niñas, la sociedad chilena, a diferencia de la sociedad argentina donde se dieron dos tipos de terrorismo de estado diferentes, no pude alegar que no se daban cuenta. La dictadura fue vox populi con grandes acciones por parte de los organismos de seguridad para generar caos y miedo. Así que es bastante poco probable que si tenías más de 12 años no te dieras cuenta que estaban matando gente. Pero los amiguitos de Matilde son niños y como tales no tenían mucha posibilidad de ser o pensar otra cosa que la que piensan sus padres...Y no, nunca hay que desconfiar de la humanidad, hay gestos todos los días que a mi me llenan de esperanza.

-¿Cómo definiría usted la soledad de una niña? Su Matilde genera en el lector una enorme sensación de pena por esa chiquita. ¿Hay mayor soledad que la de una niña?

-Creo que la infancia es una época de soledad e indefensión en general. Solo los niños de la clase privilegiada -y creo que en la actualidad tampoco- viven la infancia como ese lugar paradisiaco que se muestra en novelas y en las películas. Pero la infancia creo, es un lugar de indefensión, vivimos en un mundo completamente adultocéntrico, la vida está pensada desde el mundo adulto. Los chicos viven enormes momentos de soledad, están solos horas y horas en las casas mientras los padres trabajan estudian, cocinan, se organizan en soledad y es un fenómeno completamente transversal. Estoy convencida que los niños son las nuevas víctimas del sistema, que dos nenas sean asesinadas y tiradas a la basura es un fenómeno de género, pero también habla del lugar que tiene la infancia la sociedad. Mire, estoy absolutamente en shock con la noticia de que la nena de 9 años encontrada en un basural era además obligada a pelear en riñas de niños, hay adultos que pagan por ver a niños y niñas pelear por dinero. Desde hace días que esa idea me da vueltas en la cabeza. Estamos completamente en decadencia si no logramos cuidar a los niños. Es la marca de que el mundo adulto está quebrado.

-Usted cree en que el libro -el libro con soporte papel y además usted tiene una librerìa en Caballito- está condenado a desaparecer?

-Creo que las voces que hace años pronosticaban el fin del libro papel hoy nos parecen innecesariamente alarmistas. Hoy los adultos y sobre todo los niños y adolescentes leen libros en múltiples formatos. Pueden pasar de una historia de wattpad o una creepypasta a en el celular a una saga de varios tomos en papel. En ese sentido, hay una revalorización del libro papel, un lector que decide que más allá de la posibilidad de descargar, leer y borrar un archivo, va a atesorar un libro por las emociones que le ha hecho vivir. Esto se ve con la tendencia a las ediciones de lujo, especialmente ilustradas, con tapas muy cuidadas. Esta es una de las claves del boom de los libros álbum e ilustrados.

***

La novela “Matilde” tiene un final completamente inesperado. La chica creció, ya tiene 19 años. Viaja a otros países. Pero de todo eso el lector se entera por dibujos. Las últimas páginas no están escritas, sino dibujadas.

 

"Matilde"

CAROLA MARTÍNEZ ARROYO
Editorial: Norma
Páginas: 160
Precio: $274

 

 

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