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24.2.2018
UNA NOVELA DE CLAUDIA PIÑEIRO RESCATA EL MALEFICIO QUE IMPIDE LA LLEGADA A LA CASA ROSADA DE QUIENES OCUPARON LA CASA DE GOBIERNO PROVINCIAL

La maldición de los gobernadores

Doce políticos bonaerenses alcanzados por una ceremonia esotérica. La opinión de una historiadora. Los emblemáticos casos de Eduardo Duhalde y Daniel Scioli.

piedra fundamental de La Plata

La novelista Claudia Piñeiro

Por MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

La literatura se ocupó otra vez de la política y lo hizo en la novela que compuso la argentina Claudia Piñeiro –”Las maldiciones” (Alfaguara)-, que interesa en lo profundo a la historia de la Provincia y, muy especialmente, a la de La Plata, ciudad que es esencial para la trama de la obra. Hay que decirlo ya, la novela trata sobre la llamada “maldición de los gobernadores” o “maldición de Alsina”, es decir sobre el extraño maleficio que desde hace más de un siglo le impidió a un total de doce gobernadores bonaerenses llegar a la presidencia de la República, pese a los empeños –casi obsesivos, en algunos casos- que ellos pusieron para acceder por vía de las urnas a la Casa Rosada.

Piñeiro no se aparta del mito conocido por muchos. Alude así al de la Bruja Tolosana que, pocos días después de la fundación de La Plata y con el propósito de malograr las aspiraciones presidenciales del fundador y gobernador Dardo Rocha desplegó una extraña ceremonia esotérica, en un acto en el que algunos historiadores creen ver la maliciosa mano del entonces presidente Roca, enemigo de Rocha, que optó por promover al cordobés Miguel Juárez Celman para el sillón de Rivadavia.

“La bruja tolosana bebió del vino robado y dicen que despreció el champagne...”

En el capítulo correspondiente, Piñeiro describe esa poco científica práctica presentada por la Bruja Tolosana en el centro de la Plaza Moreno: “Llegó frente a un grupo de enfurecidos, se pararon sobre la piedra fundacional de la ciudad y, en medio de un extraño rito, robaron las botellas de vino y champagne que habían sido sepultadas debajo de la piedra para que fueran desenterradas un siglo más tarde cuando se festejara el Centenario”

La Bruja Tolosana, sigue describiendo, “bebió del vino robado –dicen que despreció el champagne- giró tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj, echó distintos conjuros, maldiciones y maleficios. Y por fin cerró el rito orinando sobre la piedra de fundación de la ciudad. Orinó a patas abiertas, como orina una mujer. Sosteniendo el vestido para que no se salpicara, doblando levemente las rodillas y sacando la cola hacia atrás, haciendo equilibrio con la bombacha a media asta. Luego invitó a la gente que la acompañaba a que diera vueltas a la piedra fundacional, tal como lo había hecho ella. La maldición quedó así consumada”, relata la narradora.

El libro de Piñeiro transita entre la ficción y la realidad. Pero ambos términos se fusionan como dos aguas contrarias. Ella misma, en una entrevista ofrecida recientemente a Página 12, definió así la cuestión: “No hay nada más verdadero que la ficción. Una novela es verdad porque yo te digo que es una novela y la leés sabiendo que es una ficción. En cambio en la política, hay un montón de discursos que uno los escucha y como ciudadanos nos quedamos pensando, ¿pero esto que me está diciendo es cierto o es mentira? No sabés cuánto de verdad hay en el discurso político. En la ficción hay una doble negación, en el sentido de que sé que es ficción y por lo tanto es verdad porque es ficción. En el discurso político, yo ya no sé quién, de los que habla, habla con la verdad o no. Unos le creerán a unos y otros le creerán a otros, pero uno siempre tiene una actitud un poco desconfiada con respecto al discurso político”.

LOS MALDITOS

Según prolijos listados de los historiadores, se transcribe aquí la lista de los gobernadores alcanzados por la maldición de la Bruja Tolosana. Después de Dardo Rocha, el derrotero continuaría con el poderoso conservador Marcelino Ugarte, que tras dos períodos como gobernador en las dos primeras décadas del siglo pasado, vio frustrada su carrera presidencial por la llegada de los radicales con Hipólito Yrigoyen a la cabeza.

El primer gobernador de Yrigoyen fue José Emilio Crotto y lo cierto es que apareció como un potencial sucesor del líder radical, pero Yrigoyen lo neutralizó y obligó a renunciar en 1921. Los otros dos gobernadores radicales antes del 30 -José Luis Cantilo y Valentín Vergara- jamás ambicionaron la Presidencia.

Durante el período posterior gobernado por los conservadores, dos gobernadores de ese partido no ocultaron sus ambiciones presidenciales. Ellos fueron Manuel Fresco y Rodolfo Moreno. A partir de 1946, con el acceso al poder de Juan Domingo Perón, surgió como figura de recambio presidencial la pujante figura del gobernador Domingo Mercante, a quien se conocía como “el corazón de Perón”, pero que terminó virtualmente expulsado del partido y cortada su ascendente carrera política cuando Perón logra que se incorpore la reelección presidencial en la reforma de la Constitución del 49.

“Duhalde fue el único de los doce gobernadores que reconoció existencia de la maldición”

A partir de la década del 60, se advierte una aceleración de esta historia. El entonces gobernador de Frondizi, Oscar Alende, deja la gobernación e intentará varias veces acceder a la Presidencia como candidato de su propio partido. Durante treinta años probó suerte en las urnas y alguna vez estuvo cerca, hasta que la llegada de Raúl Alfonsín determinó su virtual retiro de las grillas de candidatos.

Se iniciarían luego, ya en el retorno a la democracia, pertinaces tentativas de los gobernadores peronistas Antonio Cafiero, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf, Felipe Solá y Daniel Scioli, aún cuando los casos de Duhalde y de Scioli –para quienes creen en “la maldición de Alsina”- resultaron ciertamente emblemáticos. Especialmente el de Scioli, virtual “número puesto” durante años para llegar a la Casa Rosada y que, sin embargo –según lo enfatizaron columnistas y opinadores de toda laya- quedó como enredado por la encantada tela de araña que tejió la Bruja Tolosana hace más de un siglo.

Duhalde fue el único de estos doce gobernadores que reconoció públicamente la existencia de la Maldición. A tal punto que en sus discursos de campaña en 1999 –uno de ellos, en Bahía Blanca- le pedía a la concurrencia que lo votaran “así podemos derrotar a la Maldición de los Gobernadores”. Además, Duhalde contrató ese año al famoso Brujo Manuel Salazar para que hiciera la “contrabrujería” frente a la piedra fundamental plaza Moreno. La Maldición de los Gobernadores suscitó también en 1999 la publicación de un libro del platense Gualberto Reynal, titulado “¿El maleficio de los Gobernadores”, que justamente consistió en un análisis de los obstáculos que enfrentaba Duhalde para romper con el embrujo y llegar por el voto a la Presidencia.

LA HISTORIA

“¿Por qué muchos gobernadores han considerado la calle 6 como una residencia provisoria y a la Rosada como su Destino Manifiesto? ¿No influyó eso ya en Dardo Rocha? ¿No será ese uno de los factores que explica la pobreza de muchos de los gobiernos que hemos sufrido?” se pregunta ahora la profesora platense de Historia María Esther Massimino.

La investigadora quiso recordar lo que ocurría a mediados de 1999 cuando el tema dominante en los corrillos políticos era si Duhalde sería o no el próximo presidente. En contra de sus aspiraciones, no sólo jugaba su ruptura con el presidente Menen, sino la realidad histórica: ningún gobernador de la Provincia de Buenos Aires había ocupado el sillón de Rivadavia mediante el voto popular.

Massimino consideró que “una explicación a esa “anomalía” la encontramos en una vieja tradición platense que afirma que en 1882, a poco de fundada la ciudad, una bruja “tolosana” maldijo la piedra fundamental y que la perduración de su hechizo dura hasta nuestros días. A tal “punto esa leyenda sigue siendo creida por muchos platenses – y por más de un político -que a fines de junio de aquel año, próximas las elecciones, el “parapsicòlogo” Manuel Salazar- acompañado por un grupo de partidarios del entonces gobernador, se llegó hasta la Plaza Moreno y frente a su Piedra Fundamental , realizó un “desembrujamiento” al parecer definitivo de aquella maldición”.

Poco tiempo después, sin embargo, el triunfo de Fernando de la Rúa demostró que el rito no había sido efectivo, de modo que mientras un mandatario bonaerense no llegue a la Casa Rosada , la leyenda de la bruja “tolosana” gozará de buena salud, añadió.

“Dejando de lado lo legendario, (las leyendas pueden ser ciertas o no, pero desde que son creídas tienen un peso en la historia) sería interesante que busquemos en cada una de las frustraciones, los factores que las pudieron haber determinado. En primer lugar, conviene recordar que, años antes de la fundación de La Plata, ya había tenido lugar el primer fracaso, el popular caudillo autonomista Adolfo Alsina había perdido la carrera hacia la presidencia porque, entonces presidente y jefe del partido liberal, lo descalificò mediante su célebre Carta de Tuyù-Cuè (1867)”.

“Más conocido por nosotros los platenses fue la pulseada entre Dardo Rocha y Julio Roca, a cuya sucesión aspiraba el fundador de La Plata, y que se resolvió a favor del candidato del Presidente. En este caso, como en la mayoría, los factores que incidieron son muchos. Pero más allá de la innegable capacidad política de Roca, lo que evidencia este caso – y el anterior – es que, aún con la prohibición de la reelección, nuestros presidentes han buscado y en muchos casos logrado (ejemplos de eso son Mitre, Roca, Yrigoyen, Justo, Perón y, últimamente, Menem y los Kirchner), mantener parte del poder, aún después del cese de sus mandatos y que para ello ha sido fundamental influir en la elección del sucesor”.

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