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DESTACADO DE LA agenda cultural

“Christiane”: la ciencia y el arte en un musical de bolsillo que homenajea a las mujeres anónimas

Actriz y cantante, Belén Pasqualini cuenta la historia de su abuela investigadora en esta premiada obra que llega a La Plata

“Christiane”: la ciencia y el arte en un musical de bolsillo que homenajea a las mujeres anónimas

Belén Pasqualini es su abuela en “Christiane. Un bio-musical científico” que tendrá funciones el 3 y 10 de junio

María Virginia Bruno

vbruno@eldia.com

Ganador de tres premios Hugo durante la temporada pasada, “Christiane. Un bio-musical científico”, en el que la actriz y cantante Belén Pasqualini le rinde un homenaje a las mujeres anónimas a partir de la historia de su abuela, reconocida investigadora que dedicó gran parte de su vida a buscar la causa del cáncer en sus ratones de laboratorio, se presentará por dos únicas funciones en nuestra ciudad.

Licenciada en Artes Dramáticas, dueña de una vasta carrera que combina trabajos en el musical de la escena comercial y del under, Belén Pasqualini no sólo es protagonista de este musical de bolsillo, sino que también está a cargo del libro, las letras y la dirección.

Ganadora del premio ACE como revelación femenina por el papel de mendiga en el sombrío “Sweeney Todd”, Pasqualini está entusiasmada con “correr a la obra del lugar donde se gestó”, entendiendo que los lugares las “resignifican”. Por eso espera con alegría las presentaciones que realizará en el Teatro Estudio, 3 entre 39 y 40, este domingo y el próximo, desde las 20.

A los 22 años, su abuela Christiane Dosne Pasqualini se tomó un barco y se instaló en Buenos Aires para trabajar junto al Premio Nobel, Bernardo Houssay. Nacida en Francia, criada en Canadá y argentina por adopción, se dedicó con ferviente pasión a buscar la causa del cáncer en sus ratones de laboratorio. Fue a su vez, la primera de su género en ocupar un asiento en la Academia Nacional de Medicina.

Christiane, que hoy en día tiene 98 años y se entera de todo el ruido que esta “locura” de su nieta está haciendo, fue también madre de cinco, abuela de 12 y bisabuela de 19, ama de casa y esposa, aunque sin abandonar nunca su espíritu aventurero y vanguardista, el que Belén busca contagiar con cada una de las funciones de su espectáculo.

En diálogo con EL DÍA, la también compositora musical que lleva editados dos discos confiesa que Christiane nunca fue “de malcriar nietos ni llevarlos al cine, era más bien particular, al igual que mi abuelo, endocrinólogo y escritor, intelectuales”. Sin embargo, cada vez que de niña le pedían que identificara a una heroína sus pensamientos se posaban en ella, a quien tenía en un pedestal, por su ejemplo inspirador y motivacional.

“Después con los años se fue humanizando para mí, le fui encontrando defectos, y descubrí que era mortal. Cuando apareció esta autobiografía, y surge en mí este deseo de rendirle homenaje en vida, creo que lo hago como un modo de volver a eternizarla, no ya como heroína, sino como un recuerdo que va a estar vivo en mí para siempre en forma de esta obra”, confiesa Belén.

La autobiografía a la que hace referencia es la que su abuela editó en 2007 y que bautizó “Quise lo que hice”, en referencia a su cita sartreana de cabecera que dice que “la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”. Christiane escribió su vida mientras cuidaba a su marido Rodolfo que, enfermo, no podía salir de su casa. Y cuando Belén se reencontró con la historia de su abuela en esas páginas sintió que era “teatralizable” de punta a punta.

Durante meses escribió Belén en la casa de su abuela, “como espacio inspirador”, un material que al principio le generó ciertas dudas.

“Tenía miedo que la historia fuera muy personal, muy de mi familia. Pero después fui descubriendo que esta historia era la historia simbólica de un montón de mujeres que al igual que mi abuela, por sobre todo en el siglo XX, lucharon por ganar un espacio en el ámbito profesional que solía ser muy machista, por suerte cada vez menos”, destaca.

Así, a partir de su abuela, Pasqualini gestó “un homenaje a la mujer luchadora que desde un perfil bajo continúa con una labor de ama de casa, de madre, de mujer de familia y a su vez hace este trabajo de malabarista de mantener esa pelota en el aire, y la pelota de lo profesional, de su pasión, de su quehacer, de su trabajo por fuera de la casa”, describe la artista, señalando que su tributo, a fin de cuentas, es “para todas las mujeres anónimas”.

A través de este espectáculo, Belén no sólo pone en diálogo a dos generaciones sino que también hace dialogar su profesión y la de su abuela. La idea de etiquetarlo dentro del género musical, pasión máxima de esta orgullosa nieta, siempre estuvo latente.

“Cuando estaba haciendo la obra, pensé en qué pasaba si yo hacía dialogar la pasión de ella con la mía: la música. Y entonces el cuento tiene una segunda lectura que es la herencia en una familia, lo que se lleva en la sangre: la pasión”, cuenta Belén, y se entusiasma contando los roces que la ciencia y el arte presentan y que, muchas veces, no se ven a simple vista.

“El punto de encuentro es la curiosidad. Alguien que investiga tiene que ser curioso, tiene que hacerse preguntas, para que se le ocurran formas de resolverlas, y creo que el actor es un buscador de respuestas, un ser curioso por naturaleza, porque lo que nos lleva a la acción es la pregunta. El arte tiene mucho de ciencia, y viceversa. Están más cerca la una de la otra de lo que se cree. Fue muy loco descubrir que hay un montón de festivales de teatro científico en el mundo. No es algo loco de pensar. Es algo que existe. Se retroalimentan”.

Después de 70 funciones, con mimos que llegan en formato de convocatoria, premios y elogiosas críticas no sólo de especialistas teatrales sino de espectadores conmovidos por diferentes circunstancias que la esperan para compartir sus emociones, Belén se gratifica al seguir descubriendo su historia familiar en cada presentación con este proyecto, el más visceral, que la atraviesa de punta a punta, con sentimientos que brotan a flor de piel.

La obra comienza con Belén, como nieta, recibiendo un premio de la Academia de Medicina en nombre de su abuela, y en el discurso de agradecimiento el piano se ilumina para empezar a contar cantando y con otros recursos la historia de su abuela paterna, desde que su bisabuelo se salva de la Primera Guerra Mundial hasta el día de hoy, con Christiane que, súper lúcida, todavía no puede creer que esa “caricatura”, que creyó ver cuando leyó por primera vez la creación de su nieta, le haya llegado a tanta gente.

 

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