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Jugando así de mal, Gimnasia le quita a su gente las ganas de seguir teniendo fe

El equipo involucionó. No hay buenas respuestas en ninguna línea y lo gobierna la impotencia. Golpazo a la esperanza de la salvación

Jugando así de mal, Gimnasia le quita a su gente las ganas de seguir teniendo fe

El equipo tripero que fue de más a menos, en otra actuación decepcionante en la Superliga / Dolores Ripoll

Por: MARTÍN MENDINUETA
@firmamendinueta

22 de Octubre de 2019 | 03:42
Edición impresa

Los silbidos que despidieron a los jugadores albiazules fue la manera más elocuente que encontraron los hinchas para expresar su hartazgo. Cuando se había instalado una atmósfera más positiva, con palpable ilusión y renovado optimismo por la victoria frente a Godoy Cruz en Mendoza, la producción del equipo hizo desaparecer aquel perfume esperanzador.

En plena tarde gris del último domingo se hizo difícil encontrar aspectos del funcionamiento que asomaran como valiosos. La valentía de Matías García para comprometerse con la urgencia del momento, pidiendo la pelota siempre y en cualquier sector del campo, resultó la única nota medianamente destacada. Después, la correción de Maximiliano Caire para no sufrir complicaciones en el lateral derecho y nada más. Nadie más.

El Lobo hizo agua en todos lados, también en el banco de suplentes. Maradona no quedó exento de responsabilidades. En la previa, cuando todavía se comentaban los cuatro goles gritados con enorme desahogo frente al televisor o mirando fijo a la radio, por sacar a Marco Torsiglieri para ubicar como segundo zaguero central a Germán Guiffrey (salió antes por lesión dejando una correcta imagen), le devolvió la titularidad a Lucas Licht. Esa decisión no deparó soluciones defensivas. Al contrario. El “Bochi” sufrió toda la tarde. La pasó horrible por errores propios y también porque Unión se divirtió por las bandas ante la falta de colaboración de los volantes “triperos”. Gimnasia penó por la izquierda de su defensa y eso fue evidente.

EL INGRESO DE MATIAS GÓMEZ EMPEORÓ LAS COSAS

Cuando la gente advirtió que el primer cambio dispuesto por Diego era el “Monito” Gómez en reeemplazo de Maximiliano Comba, el asombro y la casi nula aceptación brotaron hermanados. Gómez, promovido a primera en aquel muy buen interinato de Darío Ortiz, que duró tres partidos, brilló frente a Boca en el Bosque y luego empezó a decaer hasta perder mucho terreno. Esta vez encontró el piso de sus apariciones. Lejos de generar una reacción saludable, se mimetizó con los que estaban en cancha y no pudo concretar ni una intervención positiva. Muy parecido fue lo que ocurrió con Brahian Alemán, aunque ayer se supo que se lesionó no bien ingresó al campo de juego.

Si a todo lo descripto le sumamos el flojísimo momento que atraviesa Alexis Martín Arias y los malos desempeños de Horacio Tijanovich, Víctor Ayala y José Paradela, el cuadro de situación colectiva enciende alarmas de todo color e intensidad. El desánimo fue creciendo minuto a minuto durante el complemento de un modo constante. A los jugadores de Gimnasia les costó tener puntería para que sus remates al menos tuvieran como destino final el arco de Moyano.

NO SE VISLUMBRA UNA SOLUCIÓN

Se disputaron diez fechas, siguen faltando muchos partidos por jugar y también hay un mercado de pases para incorporar refuerzos que le den al equipo una fisonomía de mayor solidez, pero lo grave y preocupante es que Gimnasia involucionó. El impacto visual fue duro. Unión de Santa Fe, equipo modesto y desnudo de brillos, lo dominó con oficio, mostrando una aceptable distribución en la tenencia de la pelota. Aunque haya sido por escaso margen, la justicia de su victoria no se discute.

Jugando como lo hizo en el “Día de la madre”, Gimnasia inhibe las ganas de sus hinchas de confiar en que todavía puede gestionar la salvación. El “efecto Maradona” no está teniendo un correlato en el campo de juego.

 

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