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Lautaro Mazza: Pichón de Goyeneche, “anclao” en las profundidades del tango

Cantante de la Orquesta de Buenos Aires, el joven platense regresa a la Ciudad para presentar su primer disco, “Siendo”

Lautaro Mazza: Pichón de Goyeneche, “anclao” en las profundidades del tango

Lautaro Mazza, en su paso por la redacción de EL DIA / Roberto Acosta

María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

18 de Noviembre de 2019 | 02:26
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Voz áspera, modulación perfecta. Es serio y viste clásico. Tiene 27 pero parece de más, quizás, lo dirá más adelante, por vivir desde más de la mitad de su vida entre metáforas complejas y dilemas existenciales, esas que empezó a descubrir de chico en las aparentes simples letras de los tangos, a los que abrazó con fuerza y les prestó su voz.

Lautaro Mazza, cuando en los primeros años del nuevo milenio canciones como “Crazy In Love” de Beyonce y “Mentirosa” de Ráfaga lideraban los charts de todo el país, descubrió en El Polaco Goyeneche un faro que lo guía hasta el día de hoy.

“De chico empecé a tener cierta intuición con respecto a lo que eran las grandes obras, y las que no los eran tanto”, cuenta quien elige, del vasto repertorio del universo del dos por cuatro, obras como “Fuimos”, de Homero Manzi y José Dames. Aunque también se posa sobre “algo más sencillo, pero muy hermoso” como “Carnaval”, de Anselmo Aieta y García Giménez, o el clásico “Tinta roja” de Cátulo Castillo que por popular, dice, “a veces parece sencillo, pero esconde cuestiones existenciales”.

“El tanguero está en una trinchera, peleando por lo suyo, por su idiosincrasia”

 

Porque el tango, se entusiasma Mazza, es eso: una ventana abierta a un paisaje que se agranda a medida que se recorre, “un género que si uno lo escucha con detenimiento te hace acomplejar intelectualmente porque te lleva a otros territorios, nociones que son mucho más complejas, de las que uno empieza a disfrutar”.

Para Lautaro, el tango es más que música, una forma de vivir que uno adopta. “No es lo mismo alguien que disfrute de los versos de ‘Fuimos’, de los de un tango que dice que la mujer es la culpable de todas las miserias. Eso te perfila en la humano, y uno se va haciendo con respecto a eso”, reflexiona.

SUS PRIMEROS PASOS

Nacido en el seno de una familia tradicional, con un hermano más chico -Tomás- del que aprende sobre “cuestiones de humanidad”, sus padres se sorprendieron cuando empezó a interesarse por el tango, y se sintió cerca de su tío Carlos, que, con un sentencia, lo marcó: “Si te gusta el tango, estudiá”. Dice que de él aprendió las “grandes influencias estéticas” que marcan hoy su camino.

Tenía doce años cuando empezó y a los catorce “ya trabajaba”. Su nombre comenzó a ser habitual en la agenda cultural platense y lo elogiaban por la actitud que mostraba a su corta edad.

Recuerda que su primer show fue en el Auditorio del Pasaje Dardo Rocha, en 2004. Organizado por la Casa del Tango, había sido convocado por José Scelzi, uno de sus maestros. A él le gusta llamarlos “benefactores” y, aclara, “yo me hice gracias a ellos”.

Scelzi, quien le “acercó algunas nociones musicales que perfilaron aún más lo que yo ya venía haciendo dentro del tango”, no fue el único. Omar Bolívar fue uno de los primeros y después llegó Mario Bracco, “un sostén muy importante en mi vida”, y quien lo sigue apuntalando hasta el día de hoy.

Porque, asegura Mazza, “con toda la actividad que vengo teniendo, es imprescindible tener una mirada externa”, porque las exigencias van cambiando.

Admirador de intérpretes que han sonado en la Orquesta de Aníbal Troilo, como Floreal Ruiz, Roberto Rufino, Rubén Juárez, Jorge Casal y Edmundo Rivero, cuando se recibió del secundario desfiló por varias facultades. Intentó estudiar ciencias políticas, profesorado de historia, psicología. Sin embargo, revela, “estaba latente desde el primer intento esa sensación de estar en el lugar en el que realmente yo no quería”.

Después de mucho tiempo y tironeo entre el corazón y la razón, dejó de pensar que la música, como lo había creído durante toda su adolescencia, sólo podría ser un entretenimiento pasajero, y se animó: “ahí acepté mi vocación, ya no como hobby, sino como algo que yo iba a seguir haciendo eternamente, gustoso, así no fuera remunerado”.

HUGO DEL CARRIL: BISAGRA

Desde 2014, Lautaro es el cantante oficial de la Orquesta de Tango de Buenos Aires, un lugar que se ganó con esfuerzo pero en el que también, admite, jugó el azar.

Tres años antes, en 2011, había ganado el certamen nacional Hugo del Carril, “una bisagra” en su trayectoria por ser, dice, la competencia más representativa del país. ¿El premio? Una actuación con la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires, una oportunidad única para él, “que venía de La Plata y que no me conocía nadie”.

Y aquella actuación se dio en 2012 en un marco inolvidable para Mazza que, acostumbrado a tocar para un puñado de personas, se enfrentó a más de 3000 en uno de los más emblemáticos escenario nacionales, el Luna Park, durante un concierto especial por el centenario de Hugo del Carril.

Luego vinieron triunfos en Cosquín y La Falda, y otras presentaciones importantes, pero la buena experiencia en el estadio de Corrientes y Bouchard, con el director y los músicos de la privilegiada agrupación, lo llevaron a que, en 2014, cuando el cantante oficial pidiera una licencia por viaje, fuera convocado para reemplazarlo: “En un principio, de forma periódica hasta que volviera, pero luego me quedé, hasta el día de hoy”.

Con esa agrupación, considerada como una de las más importantes del país, suele cantar en salas como la Usina del Arte o en el CCK, escenario en el que el miércoles presentará su primer disco, “Siendo”, junto a la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”, bajo la dirección de Néstor Marconi como director invitado, en “un marco imponente”, entre 50 músicos.

“Son de esos sueños que uno no alcanzó a soñar. Que uno ni siquiera ambicionaba. Y cuando pasan generan un impacto demasiado grande”, admite Lautaro, movilizado por el primer evento de una semana de grandes emociones que lo tendrá el sábado, además, presentando el mismo material en su ciudad natal aunque de una forma más intimista.

EN CITY BELL

Acompañado por Bruno Cabadas en bandoneón, Emiliano Belitto en contrabajo y Pablo Muñoz en violín, la función que ofrecerá el sábado a las 20.30 en el Teatro de Cámara de City Bell contará con la dirección musical del pianista Oscar D’Elía, director y arreglador del álbum, que repasarán de cabo a rabo.

Define a este proyecto como “ambicioso”, en tanto, la mayoría de los doce temas que incluye fueron grabados con una orquesta típica de base, y para el que contó con grandes invitados como Néstor Marconi, Juan Carlos Cuacci y Ariel Pirotti. El epílogo, “Viva el tango”, está dedicado a uno de sus autores, Raúl Garello, que le había prometido una participación que quedó truncada por su muerte. Por eso Lautaro decidió incluir la canción y, en su homenaje, la grabó con el Sexteto Raúl Garello.

“El tango es un género que te acompleja, te lleva por otros territorios”

 

No escribe pero es una posibilidad que, quizás, pronto se materialice. Prueba de ello son los arranques que sorprenden al propio Lautaro pero todavía no se ha dado permiso para probar. “Tengo un nivel de exigencia casi patológico, incurro en el error de comparar con la poesía que uno canta frecuentemente, entonces, es como si nada valiera la pena. Lo cual me lleva a desecharlo casi de inmediato. Creo que es un error y estoy en vías de corregirlo para poder dejar algo”, anticipa este aprendiz de pianista, que toma clases con Tato Finocchi.

Elogiado por Susana Rinaldi, Víctor Hugo Morales, Alejandro Dolina y Héctor Larrea, reivindica a los artistas que difunden el tango, en tanto, se ubican “en una trinchera, peleando por lo suyo, por su idiosincrasia”. Para Mazza, el tanguero en general es una especie de Quijote, cabalgando contra la corriente, “porque el mercado exige otra cosa”, algo en lo que él, al menos, no se fija, “como si desoyera, como si fuera un ingenuo...”.

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