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EE UU, Irán y una herida que no cierra
EE UU, Irán y una herida que no cierra

Por: Alex Segura Lozano

5 de Noviembre de 2019 | 02:15
Edición impresa

WASHINGTON

EFE

Barry Rosen, Rocky Sickmann y Kevin Hermening son tres del más de medio centenar de estadounidenses que el 4 de noviembre de 1979 fueron capturados durante la irrupción de estudiantes iraníes en la embajada de su país en Teherán y recordaron aquellos 444 días de la famosa crisis de rehenes.

“Durante 444 días, no sabía si iba a morir esa mañana, esa tarde o esa noche. No sabía nada de lo que estaba pasando, ni siquiera que EE UU estaba organizando operaciones de rescate. Cada día te interrogaban”, contó Sickmann, uno de los marines que llevaba menos de un mes en Irán cuando estalló la crisis. En su relato, Sickmann recordó que el día que la embajada fue tomada, él y sus compañeros de la Infantería de Marina de Estados Unidos, junto con los demás estadounidenses, aguantaron los intentos de los estudiantes seguidores del ayatolá Ruholá Jomeiní de invadir el edificio con la idea de que las autoridades de Teherán intervendrían en la situación y asegurarían el recinto diplomático.

Sin embargo, “nadie” de las fuerzas de seguridad ayudó a los estadounidenses, dijo el rehén en un acto organizado por el grupo Unidos Contra un Irán Nuclear (UANI, en sus siglas en inglés) celebrado en el Edificio Rusell de las Oficinas del Senado de EE UU, al lado del Capitolio estadounidense.

Ese mismo recuerdo tenía el también “marine” Hermening, otro de los 52 estadounidenses que fueron capturados en la embajada nacional en Irán.

“El Gobierno de Irán iba a enviar equipos para asegurar el recinto y echar a los jóvenes iraníes, pero no lo hicieron. No nos ayudaron. El ayatolá aseguró el lugar y fortaleció la república islámica”, explicó Hermening, que tenía 20 años en ese momento.

Tras varios días de manifestaciones frente a la sede de la embajada, el 4 de noviembre de 1979, cientos de estudiantes seguidores de Jomeiní irrumpieron en el recinto y capturaron a los diplomáticos, que luego fueron exhibidos con los ojos vendados y maniatados.

La idea de los estudiantes era en un principio realizar una sentada de tres días pero al no responder EE UU a sus demandas, la crisis se prolongó durante 444 días.

Con un tono de voz contundente, Hermening repasó varios de los capítulos personales de su experiencia como rehén y lamentó que Irán “no haya cambiado en 40 años”.

“Pasé varias noches en la cama del embajador, pero atado de manos y pies. Cuando no sabes lo que va a pasar contigo, es imposible dormir”, defendió Hermening.

“Desde la crisis, el Gobierno iraní no ha cambiado y sigue abusando de los derechos humanos”, agregó.

Otro de los supervivientes de la crisis fue Rosen, también presente en el evento y que era el encargado adjunto del departamento de prensa de la embajada estadounidense en Teherán en 1979.

“Fuimos las primeras víctimas del terrorismo moderno patrocinado por el estado”, señaló Rosen, que destacó la “disciplina y el honor” de todos los rehenes, que calificó de “patriotas de verdad”.

Para él, las únicas soluciones para que estas situaciones no ocurran pasan por prohibir a estadounidenses ir a Irán o intercambiar los rehenes que EE UU tiene de Irán y viceversa. “No veo ninguna otra solución”, lamentó Rosen.

Esa estrategia está lejos de la tomada en la actualidad por el Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, que impuso ayer sanciones contra nueve figuras del círculo del líder supremo iraní, Ali Jameneí, y con motivo del 40 aniversario de la crisis de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán, exigió la liberación de los ciudadanos de su país que aún siguen retenidos en Irán.

Los sancionados están relacionados con diversas “acciones malignas del régimen” iraní, incluidas “ejecuciones extrajudiciales” y el atentado de 1994 contra la sede de la Asociación Mutualista Israelita Argentina (AMIA), que dejó 85 muertos, aseguró el secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin.

Por su parte, el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, subrayó que “cuarenta años después de la crisis, el régimen revolucionario en Teherán ha demostrado una y otra vez que sus primeros actos tras llegar al poder fueron una señal clara de su carácter malvado”.

“El régimen sigue deteniendo injustamente a estadounidenses y apoyando a grupos terroristas como (la milicia libanesa) Hizbulá, que practican la toma de rehenes”, añadió Pompeo.

Casi medio siglo después de pasar 444 días apartados de la libertad, Rosen, Sickmann y Hermening recuerdan con pena la crisis de los rehenes, que supuso la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Washington y Teherán hasta la actualidad.

 

 

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