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UNA TENDENCIA QUE CRECE

Deportes de película: cuando los chicos, en vez de la pelota, eligen el sable láser o la escoba mágica

La federación francesa de esgrima dio un paso insólito: volvió oficial los duelos tipo “Star Wars”. Y no es el único juego nacido de un filme...

Jedi contra Jedi en un combate de sables láser, el deporte galáctico que ya es oficial / Ludosport International

Un partido de Quidditch, el deporte de la saga de Harry Potter, en Argentina / Asociación Quidditch Argentina

Buenas noticias para los Jedi, Sith y demás usuarios habituales de la Fuerza galos: en Francia, desde esta semana, los duelos con sable láser son considerados como un deporte oficial.

¿Cómo? Es así: los duelos con los sables utilizados en la saga “Star Wars” fueron reconocidos por la federación de esgrima de Francia como competición oficial, en una movida probablemente diseñada para llevar un deporte del siglo XIX, como la esgrima, hacia nuevos horizontes. Así, y desde éste momento, cualquiera que quiera canalizar sus midiclorianos a través del combate puede hacerlo con un árbitro y una serie de reglas estipuladas... que no incluyen cercenar miembros ni cauterizar el cuerpo del rival.

Las normas son sencillas. Dos combatientes entran en un círculo marcado con cinta en el suelo. Cada golpe en la cabeza o el cuerpo se puntúa con cinco puntos. Los golpes en brazos y piernas valen tres puntos, y golpear en la mano equivale a un punto. Gana el combatiente que logre llegar antes a 15 puntos, o quien obtenga la puntuación más alta pasados tres minutos.

Es decir, básicamente, las reglas de la esgrima, aunque con sable láser, y con una distinción: la espada tiene que estar en la espalda del combatiente antes de cada ataque, lo que proporciona espectaculares movimientos al estilo Jedi, en lugar de los recatados giros de muñeca de la esgrima clásica. Por cierto, usar la Fuerza no está permitido.

(Los combates láser tienen también su propia federación que los nuclea, llamada Ludosport, que promueve una versión más libre del deporte; cuenta con academias en el país).

Para competir, los luchadores necesitan una réplica de policarbonato de los sables de luz iluminada con LED y unas protecciones especiales. Un equipamiento que ronda los 350 dólares.

La saga galáctica gana consigue un logro inédito: que una federación de carácter olímpico la oficialice como deporte, borrándola del reino de los juegos imaginarios para geeks y llevándola al mundo del atletismo de alto rendimiento.

TAMBIÉN EL QUIDDITCH

Pero los duelos con sable láser son apenas la punta del iceberg de un fenómeno creciente: cada vez más fans de las diversas sagas que dan vueltas por el mundo audiovisual se reúnen para disputar partidas de los juegos imaginarios creados por sus autores preferidos.

El caso más conocido es, claro, el del quidditch, el deporte de “Harry Potter” que se practica en casi todo el mundo. En 2005, un grupo de alumnos del Middlebury College de Vermont desarrolló las reglas para jugar al Quidditch siendo un vulgar muggle (es decir, sin escobas voladoras) y, de paso, fundaron la International Quidditch Association, que reúne en su seno a más de 300 equipos, repartidos en 12 países. En su web puedes comprar el reglamento oficial, además de inscribir a tu equipo para la competición.

Y, desde entonces, cada país ha desarrollado además su propia federación: Argentina, desde ya, tiene la suya (la Federación Argentina de Quidditch, fundada en 2010; también tiene varias academias dedicadas al combate con sable láser, por cierto), y no es inusual ver por los Bosques de Palermo a dos equipos montados en sus escobas... Ah, en la década y media desde la fundación de la asociación internacional, se han gestado incluso selecciones, y una copa del mundo, aunque, ciertamente, el fervor se ha apagado en las últimas temporadas.

Las reglas son las originales, pero adaptadas. Dos son golpeadores que tratan de evitar el avance contrario; uno es el guardián que hace de guardameta y el séptimo es el buscador que ha de hacerse con la ‘snitch’ (pequeña pelota dorada que despliega sus alas), momento en el que terminará el juego dándole antes 150 puntos al equipo que logre hacerse con ella. Claro, en la versión original fantástica, todos los participantes vuelan sobre sus escobas Nimbus o la más evolucionada Saeta de Fuego que Harry usa regalada por su padrino Sirius Black, los golpeadores usan bates para desviar hacia el equipo contrario las ‘bludgers’ (pelotas para atacar a los rivales) y la ‘snitch’, pero en la adaptada a la vida real, se utilizan tubos a modo de escoba, sujetos entre las piernas de los participantes; los golpeadores juegan a balón prisionero con los rivales, que deben volver a sus propios aros cuando son impactados y desde allí reanudar el juego, y la ‘snitch’ es otro participante, vestido de amarillo, que envuelve una pelota de tenis en una media, lo ata a su cintura y lleva su propio árbitro para determinar si la captura es válida. La pelota de juego (’quaffle’), por su parte, es un balón de vóley.

¿Que el deporte no tiene sentido porque mientras todos los jugadores disputan un juego, otro persigue un elemento que pondrá fin a sus esfuerzos? La propia J.K. Rowling respondió a esta extensa polémica: “Tiene todo el sentido. Hay glamour en perseguir un golpe de suerte pero el trabajo en equipo y la persistencia terminan ganando. Todo el mundo es vulnerable a los golpes del destino y a las personas obstructivas y el éxito significa elevarse por encima de ellos. El quidditch es la condición humana”.

MÁS Y MÁS DEPORTES

Y estos son apenas dos de los muchos juegos ficticios que han visto la luz en el mundo real. En Alemania se desarrolló una versión menos violenta de jugger, deporte de la cinta “Sangre de héroes”, un clásico de 1989 de la serie B australiana con Rutger Hauer como protagonista. El juego lo inventó David Webb Peoples, coguionista de “Blade Runner”, y es por lo tanto un deporte postapocalíptico y siniestro: se trata de una variante del fútbol australiano en el que la pelota se ve reemplazada por un cráneo de perro, y está permitido usar armas. La tasa de mortalidad entre los jugadores es altísima. En las versiones reales del jugger, sin embargo, no obligan a mutilar ningún animal: con una cabeza de perro tallada en madera basta. Además, los manguales, garrotes y otros instrumentos de hacer pupa al contrario cuentan con amortiguadores de gomaespuma (aunque los golpes siguen siendo reales).

También tiene su versión real la pirámide, el juego más popular de las Doce Colonias de “Battlestar Galáctica”, jugado en una cancha piramidal con elementos del básquet y el handball. Aquí, los guionistas de la serie fueron astutos y diseñaron un juego “normal”, sin trucos ni demasiada tecnología, por lo que para los fans fue fácil armar picaditos y ligas.

También el kosho, juego del show de culto “El prisionero”, tuvo su versión real. Es un deporte sencillo, como la pirámide: dos rivales saltan sobre camas elásticas, chocando uno contra el otro; el primero que cae a la piscina del medio pierde. Fácil, y peligroso, lo pusieron a prueba en el Burning Man en 2005. La Cúpula del Trueno de “Mad Max”, deporte de combate en el que los contrincantes cuelgan de cintas elásticas y se pegan con bates, también tuvo su versión real en Festival Burning Man. Siempre con gomaespuma, claro. Y no son a muerte. Blandengues.

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