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ATARDECER, DE GONNET

Un club modelo para darle todo lo mejor a los abuelos

Allí se reúnen cientos de adultos mayores para participar en talleres, actividades sociales y hasta viajes. Un entusiasta grupo de mujeres lleva adelante el trabajo diario

Etelvina “Titina” Pérez, la presidenta del club atardecer que no falta ni un solo día / EPF

La vitrofusión también tiene sus fanáticas

Los talleres convocan a cientos de abuelos / Archivo

Las alumnas del taller de folklore en una presentación

En el taller de tejido, muy concentradas

La mano de las mujeres se nota desde el momento mismo en que uno ingresa al club. La limpieza, el orden, los detalles y la prolijidadno dejan dudas del cuidado que solo puede darle alguien que toma al espacio como su propia casa para hacer de ese un lugar muy especial.

Es el club de abuelos “Atardecer”, una entidad que nació a pulmón por obra del gran corazón de la gente del barrio, el mismo que mira sorprendido los cambios en su entorno con las nuevas construcciones en dúplex y el asfaltado de calles que hasta hace poco apenas eran senderos.

En ese lugar nos reciben Titina, Ana María, Beatriz, Silvia y Josefina, que están como todos los días “al pie del cañón” para ocuparse de todo lo que hay que hacer en una entidad que tiene una intensa actividad.

El club que da en la calle 27 entre 483 y 484 y se fundó en 1986. Tiene un tráfico incesante de abuelos y abuelas que se acercan de otros barrios para participar de un taller, atenderse en los consultorios en el que médicos de PAMI reciben a los adultos, jugar a las bochas o simplemente compartir una tarde de cartas y buena compañía.

Más de 400 adultos mayores son socios de este club modelo de la zona Norte, en el que todo el trabajo y esfuerzo de mucha gente está plasmado en cada metro cuadrado de este club con aspecto de casa familiar.

“Nos apasiona lo que hacemos” dice sin dudarlo Etelvina Pérez, la Presidenta, a la que todos llaman por su apodo, Titina. En sus casi 10 años que lleva trabajando en la comisión directiva de la entidad casi no conoce lo que es el descanso. “Tenemos muchas actividades y queremos sumar más relacionadas con lo cultural”, asegura.

Entre los talleres abiertos que ofrecen hay de computación, vitrofusión, gimnasia, taichi, memoria, yoga, teatro, coro, telar, tejido, folklore, dibujo y pintura, narración oral y tango.

En esas propuestas son más de 200 socios y allegados los que a diario se esmeran por seguir aprendiendo en un ámbito ameno y solidario. Con profesores especializados y espacios adecuados, la oferta se extiende desde marzo a noviembre.

El club funciona desde las 9 hasta las 19, y también los sábados a la tarde. Y los domingos cuando hay almuerzos de camaradería o por el festejo de alguna fecha patria. En definitiva, nunca descansa.

“Viene mucha gente porque hay distintas actividades. Los martes, jueves y sábados gran grupo de socios se junta para jugar a las cartas, al bingo y a las bochas. También hacemos almuerzos a la canasta una vez por mes y ahí aprovechamos para bailar, porque nos encanta. Antes hacíamos asados para 100 personas, porque hay un lugar hermoso con parrillas y asadores, pero es una tarea para hombres y no tenemos quien lo haga, no podemos pagarle a un asador y a eso se suma que la carne está muy cara y se encarecería mucho lo que hay que cobrar, pero las reuniones siempre se hacen”, cuentan con algo de nostalgia y mucho de realismo para llevar las cuentas ordenadas.

“Todo lo que tenemos lo invertimos en las instalaciones para que los socios estén mejor: ampliamos espacios, ponemos aire acondicionado, ventiladores y mejoramos la calefacción, arreglamos el escenario del salón principal, compramos sillas nuevas y todo lo que sirva para que el club esté mejor”, explica Titina.

El club funciona desde las 9 hasta las 19, y también los sábados a la tarde y algunos domingos

 

UN LUGAR ESPECIAL

La sede parece una casa familiar. El mate y las galletitas caseras acompañan siempre la jornada. Pero no todos son talleres y consultorios. Hay salones especiales, un escenario, y un espacio que es una joya: una cancha de bochas techada impecable, como todo en el club.

Ahí los hombres tienen su reducto para compartir deporte y vermú, recreando la tranquilidad de otros tiempos en partidos llenos de anécdotas, chicanas y risas.

“Este es un club que desde que se fundó estuvo integrado no solo por gente del barrio. Vienen muchos de City Bell, Gorina, Gonnet y hasta de Tolosa y La Plata. Lo que siempre buscamos es no solo que hagan los cursos y talleres, sino que tengan su momento de recreación, que pasen un rato agradable, como tomar mate o compartir una torta, porque muchos de los que vienen están solos y acá tienen mucho para hacer y estar acompañados”, explica Titina.

El día lluvioso y el frío parece no hacer mella en los socios, quellegan y salen sin cesar del lugar al que consideran su “segunda casa”.

Así lo ratifica uno de los abuelos que está en el club solo para pasar un rato y cuando advierte nuestra presencia asegura sin dudar. “Este club es espectacular, lo que hacen estas mujeres es digno de un aplauso”.

El club Atardecer es más que eso, es el corazón del barrio y de los abuelos que encontraron allí su lugar especial.

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