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“A UN TIPO SE LE PUEDE PERDONAR TODO, MENOS QUE NO TENGA GRACIA”

La canción no ha terminado

El nuevo libro del poeta platense Néstor Mux: “Nadie le pide que escriba”. Dice que se acerca el final, que los sueños son a ras del suelo, pero su voz no cesa desde hace 50 años. Los mitos de nuestra ciudad. Los sentimientos antes que nada

Por MARCELO ORTALE

marhila2003@yahoo.com.ar

En estos días sale a la luz “Nadie le pida que escriba”, una selecta antología del platense Néstor Mux que incluye poemas escritos entre 1968 y 2018, nueve de ellos los más recientes –bajo el subtítulo “Sueños al ras del suelo”- que exhiben el estilo despojado y, a la vez, la vitalidad y madurez conceptual de este poeta nacido hace 73 años en nuestra ciudad.

La entrevista en City Bell empezará en las mesas de las veredas de Bliss a las 11,30 y terminará a pocas cuadras de allí, en el café Liberto, a las 17. En esas más de cinco horas Mux habrá fumado varios cigarrillos, comido un tostado de pan árabe con un vaso de Malbec, bebido algunos cafés y se habrá reído y puesto serio cincuenta veces, con preponderancia del asombro por la vida que lo acompaña desde siempre y del buen humor, que le fluyen sin parar. “A un tipo se le puede perdonar todo, menos que no tenga gracia”, murmura.

“Siempre pretendí estar lejos de lo que podríamos llamar la naturaleza intelectual”

 

El asombro de Mux es vitalicio, raigal. Hace medio siglo escribió este poema: “Seguramente el asombro no termina nunca/ es difícil decir que quedó en la infancia/En todo lugar hay un bello rostro/ un animal que busca nuestra mano/ un caminante que habla solo/ (o con un dios piadoso que se acuerda de los hombres)…”.

“En mi poesía siempre pretendí estar lejos de lo que podríamos llamar la naturaleza intelectual. Simplemente, dejé que hablaran los sentimientos. Como sabemos, los sentimientos están sobrevaluados, a veces, pero son lo único que tenemos”, comenta ahora, anticipándose así a la primera pregunta que iba a ir, justamente, por ahí.

¿Qué significa la esencia de su obra? Suelta una bocanada de humo, abre algo más los ojos, medita mirando al vacío y expresa: “entre otros conflictos tengo el del escepticismo…Lo soy desde joven, supongo que desde que tenía seis o siete años de edad. Pongo dos ejemplos al azar: es viejo eso de que Dios está en todos lados, pero que atiende en Buenos Aires…Bien, en estos últimos cincuenta años habré recorrido esos 60 kilómetros sólo tres veces…”.

Acá interrumpe el cronista: “¿sólo tres veces fue a Buenos Aires…? “Sí, dos a leer poemas en algunas presentaciones y una tercera porque había muerto mi abuela”. En el 2013 Mux escribió un poema que corrobora ese dato: “Como nunca he viajado/ mi vida nunca pasó/ de esta calle de tierra…/ Por la garganta me pasa/ todo el barro/ y toda la extrañeza del mundo”. Habla de La Plata, de donde vive, allá por 90 y 117, en donde empieza la verde llanura que lleva hacia el sur.

Sigamos, usted dijo que había otro ejemplo de su escepticismo: “Es cierto, sí…la última vez que voté fue a Chacho Alvarez, creo que en 1999…Nunca volví a las urnas”.

El libro de Mux está editado por Libros de la Talita Dorada (2019), creada hace veinte años por el escritor citybelense José María Pallaoro, que seleccionó poemas de los libros publicados por el poeta, como “Nosotros en la tierra” (1968) hasta hoy, con los inéditos de los sueños. El dibujo de tapa es una pintura del añorado Hugo Soubielle. Sus últimos poemas los colocó Mux al amparo de una cita de Ernesto Sábato: “De los sueños de un hombre se podrá decir cualquier cosa, menos que no sean la estricta verdad”.

LOS MITOS

Mux no está de acuerdo en que el nacimiento geométrico de la Ciudad la haya privado de mitos. “Hay muchos mitos en La Plata, pero que no fueron todavía suficientemente explorados…Por ejemplo el del hijo de Gardel, aquel cantor, Guido Laserre, que se presentaba en el bar Cabildo de 7 y 54 y se parecía tanto al Zorzal…El del hombre de color que tenía una mufa tremenda…En la vida literaria platense, sabe, todo el mundo dice que conoció y fue íntimo amigo del poeta Speroni…Es un mito curioso éste de Speroni”.

“Me abruma el desafío de ver todo lo que falta, de que siempre necesito más”

 

“Otro mito literario en La Plata apareció hace unos treinta años o algo más…Recuerdo que en esa época todos los platenses estaban escribiendo una novela…Yo me subía al micro y un señor gordo que me conocía me decía: “sabe, Néstor, estoy escribiendo una novela…”. Y eso pasó durante años- Un día volví a subirme al micro, habían pasado como diez años y estaba el gordo, yo le pregunté y el tipo respondió “estoy en eso, ya la termino”…En todos lados, en el club, en las oficinas, La Plata tuvo en ese tiempo miles de novelistas que terminaron todos sin editar…ni haberlas empezado a escribirla siquiera…. Raro, ¿no? “

“Los bares fueron otros mitos…El Teutonia, el Costa… -aquí se habló también del Rayo, el Bristol, entre otros- y había un boliche en 70, allá por el sur. Una vez fui a ese bodegón tan simpático, allí me esperaban mis padres para charlar un rato y a la entrada, en la vereda, me paró un tipo que medía 1,90 con un revolver en la mano: “Por fin apareciste…encomendate a Dios” me dijo. Al lado había otro tipo joven que le decía al grandote: “dale, boleteálo”. Yo intenté una magra defensa: “entiendo que se deben equivocar de persona…”, les dije, pero me iban a boletear nomás…Hasta que apareció corriendo una mujer muy alta, muy pintada, que les gritaba: “Paren, paren, no es ése…no ven que es muy joven…!”, Eso también me parece un mito…”

Cuando se llega a cierta altura de la vida, uno aprendió algunas cosas. Se le pregunta a Mux si conoció más gente buena que mala, o fue al revés…. Otra vez medita y suelta una bocanada: “A la gente buena, a las mujeres y hombres y buenos, los tengo presentes todo el tiempo; y a los malos se los llevó el olvido”.

¿Lo que uno ha vivido ya es todo? ¿O siempre falta algo? “Falta de todo…Me abruma un poco ese desafío de ver todo lo que falta, de que siempre tengo necesidad de más”.

¿Por qué no ha viajado casi nada? “La respuesta o, mejor dicho, la conclusión para mí la extraje de la novela El Extranjero, de Albert Camús. Allí un árabe la pregunta dos o tres veces al personaje central, Mersault, ¿cómo es París? El árabe está ansioso por saberlo. Y Mersault, con esa ajenidad que tenía para todo, le contesta: París es una ciudad sucia, la gente tiene la piel blanca y hay palomas…”. Si eso es Paris..que es como el arquetipo de la ciudad del mundo, pensé, para qué viajar…”

“A la gente buena la tengo presente todo el tiempo. A los malos, se los llevó el olvido”

 

¿Quiénes fueron los poetas rectores para Mux? “Primero quiero mencionar a los universales, a los que más influyeron en mí…Pienso ahora en Ungaretti, en Pavese, en Quasímodo, en Miguel Hernández, en Neruda…Después, ya en la litertura argentina, me gustaron los de la generación del 50, como Raúl Gustavo Aguirre y Edgar Bayley.

Mux fue incluido entre los llamados “cinco poetas capitales” de La Plata, junto a Horacio Castillo, Horacio Preler, Rafael Oteriño y Osvaldo Ballina. Los dos primeros fallecieron y con Oteriño y Ballina mantienen una amistad firme.

Además, recuerda con mucho afecto a Speroni (él lo conoció de verdad), a quien, a los pocos días de morir, le escribió estas palabras: “Yo simplemente te escribo para decirte que las grandes lluvias del año enverdecieron la hierba de City Bell, de tu pequeño inmenso City Bell que no te olvida, porque con pasar con el ómnibus y ver sus árboles, sus gentes anónimas, ese cielo breve que solamente vos le descubriste, dan ganas de bajarse y llamarte a gritos”.

“La última vez que voté fue en 1999, a Chacho Álvarez. Nunca más volví a las urnas”

 

Mux enviudó dos veces, la primera de Silvia Aducci que le dio tres hijos: Julieta, Juan Pedro y Griselda. Su primera mujer falleció muy joven. Después de un largo duelo se encontró con su primera novia, Olga “Chuni” Padrón con quien convivió diez fantásticos años. Ahora vaga solo y se maneja con un moderno Ford Focus, que entre los dos asientos delanteros exhibe un gran cenicero de cerámica que tiene grabada la Catedral de Tarragona. “Así, el auto se parece a un living”, explica.

ULTIMOS POEMAS

“Por el verde que rodea la escena/ acaso fuere el fondo de la casa/ o un rincón del parque Saavedra/ De mi cabeza brota sangre/ de una piedra al vacío/ que lanzara mi hermano/ La vida y la realidad/ arrojarían después/ otras piedras más feroces/ Aquella, en este sueño que vuelve/ es recuerdo fraternal o caricia”, dice uno de los últimos poemas escritos por Mux, basados en los sueños.

“No son grandes sueños, no espero lanzar una revolución con ellos…Yo entiendo a la poesía como instrumento de conocimiento y revelación de la verdad, pero, en mi caso, sólo quiero dejar huella por donde anduve. Cada poema es un instante del mundo, es esa huella, que la lluvia de la historia borrará implacablemente…como todos sabemos”, acota.

Hace poco, dice Mux, soñó que sentía: “Soñé que sentía/ el gusto/ y el espesor de la esperanza/ que volvía a escuchar a los otros/ como en un principio/ que mal o bien era parte de un todo/ que lograba una página decente/ que los brazos de ella/ me abrazaban/ y el corazón –sin temores-/ ardía otra vez”.

El libro que saldrá a caminar en estos días por librerías termina con un poema titulado “En la horizontalidad final”. Dice así: “Sin razón alguna/ tengo puestos unos zapatos sin uso/ Con los ojos abiertos/ vería el techo/ de una sala desconocida/ No oigo mi voz/ ni las voces de los otros/ Todo indicaría/ que esto fue todo/ y la canción ha terminado”.

Tiene un bello, pero erróneo final este sueño de Mux. Porque la canción no ha terminado.

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