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A diferencia de 2015 y 2017

El voto chacarero esta vez también le dio una señal negativa a Cambiemos

La boleta del oficialismo sufrió un duro revés en distritos muy representativos de los sectores rurales bonaerenses

El voto chacarero esta vez también le dio una señal negativa a Cambiemos

Lo dijo hace pocos días el presidente de la entidad que nuclea a las sociedades rurales de todo la Provincia, Carbap. “El campo está enojado con Cambiemos”, dijo Matías De Velazco. Sea enojo, decepción o expresión del deseo de un cambio, lo cierto es que en el interior de la provincia de Buenos Aires en apenas dos años, desde las elecciones legislativas de 2017 a esta parte, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal perdieron un enorme caudal de votos “chacareros”. La boleta de Juntos por el Cambio sufrió en las Primarias del domingo pasado un duro revés en distritos muy representativos de los sectores rurales, como Junín. Colón, Chacabuco y Rauch.

El retroceso se ve con claridad en el mapa coloreado de la Provincia. Lo que en 2015 y 2017 había sido una “ola amarilla” que se impuso en casi toda la Provincia podría retroceder en octubre por el triunfo del peronismo en muchas de las comunas de la Segunda sección electoral (norte) y en la Cuarta (noroeste), donde se concentra el núcleo sojero de la Provincia.

El romance entre Cambiemos y el voto rural, que ahora parece haberse eclipsado, comenzó en 2015, cuando María Eugenia Vidal arrasó en los distritos vinculados de una manera u otra al agro. Los sectores chacareros enfrentados con el kirchnerismo desde 2008 por la política de retenciones de Cristina Fernández, se volcaron masivamente a votar a Cambiemos en esos comicios. Vidal, por ejemplo, se impuso en esas elecciones que la llevaron a la Gobernación en 100 de los 111 distritos que integran el interior de la Provincia. Como contracara, Aníbal Fernández, sólo pudo ganar en 11 de las comunas rurales.

Pese a que, una vez en el gobierno, María Eugenia Vidal nunca pudo construir una relación de buena sintonía con los sectores rurales, que le reprochaban especialmente cuestiones de política fiscal, en las elecciones legislativas de 2017 el oficialismo volvió a arrasar en la Provincia. Esa vez, con Esteban Bulrrich encabezando la boleta que se enfrentó a la de Unidad Ciudadana con Cristina Fernández al frente, Cambiemos sacó una avalancha de votos que terminó pintando de amarillo casi todo el mapa de la Provincia con excepción del Conurbano. En todo el interior bonaerense, el peronismo sólo pude imponerse en dos: Colón y Zárate.

Esa provincia “pintada de amarillo” quedó desdibujada después de las PASO del domingo pasado, donde Juntos por el Cambio no logró retener ese voto chacarero. Pese que el campo fue uno de los sectores más beneficiados por la política económica del gobierno de Mauricio Macri, en buena parte del interior bonaerense le dieron la espalda al oficialismo y votaron mayoritariamente por la boleta de Alberto y Cristina Fernández y Axel Kicillof.

El fenómeno se registró en todas las regiones productivas de la Provincia, con excepción quizás de un grupo de municipios ubicados en la zona de influencia de la Cuenca del Salado, donde avanzan las obras del plan maestro para recuperar hectáreas productivas y la boleta de Cambiemos tuvo una buena perfomance.

El Frente de Todos se impuso en Colón con un 56% de los votos por sobre un 30% de Juntos por el Cambio. En Junín, en tanto, la disputa estuvo más pareja aunque triunfó Alberto con 43% por encima del 37% de Macri.

En Chacabuco, una zona donde predomina la agricultura tradicional, Alberto ganó por 10 puntos de diferencia: fue 47% a 37%. En Tapalqué la distancia fue mayor para el Frente de Todos con un contundente 49% a 35%.

En Rauch, una región netamente ganadera a unos 80 kilómetros de Tandil, ganó Alberto con 44% versus 37% de Macri. En Trenque Lauquen, por su lado, hubo un empate técnico con 42% para el oficialismo y 41% para la oposición.

 

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