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El arte como medio de vida

Diamantes de barro

Ceramistas locales crean objetos únicos por placer, pero también para comercializar en talleres, ferias y locales

Laura Carranza junto a sus alumnas en el taller que dicta en el Club Hípico de City Bell

Candela González Arzac vive de la cerámica hace 4 años

Por CECILIA FAMÁ

vivirbien@eldia.com

Tazas, cazuelas, macetas, cuencos, bandejas, floreros, apliques... Cualquier enumeración se queda corta a la hora de repasar las inagotables posibilidades de creación que ofrece el mundo de la cerámica. En nuestra ciudad, este potencial es expresado por una caudalosa comunidad de artistas y artesanos que trabajan ese material noble y duradero que se tiñe con avidez de los colores deseados para ponerle onda a tus espacios. Algunos hacen lo suyo como pasatiempo, y para otros se ha convertido en un medio de vida: los venden en ferias, en locales, en sus propias casas, e incluso conciben producciones de vajilla para cocineros famosos.

“Fue muy grande la emoción cuando me contactaron del canal Gourmet para hacer la vajilla de algunos de los programas. Hoy en día la están usando Osvaldo Gross y Felicitas Pizarro, entre otros. Siempre miré sus programas con recetas, los he admirado siempre... y de repente me estaban pidiendo los platos o las fuentes para presentarlas en cámara. Fue un sueño hecho realidad”. Candela González Arzac (44), citibelense, madre de 4 hijos, esposa -su marido es parte de su pyme- y ceramista desde los 4 años, disfruta de la concreción de un sueño: “Nunca pensé que este hobby que tuve desde chica, porque mi mamá decidió mandarme a hacer alguna actividad artística, se convertiría en mi medio de vida. Hoy lo es, y me hace completamente feliz”.

Candela “atiende” en su casa-taller, en donde permanece gran parte del día produciendo: horno, lija, esponjas, pintura, procesos de esmaltado y secado forman parte de su rutina diaria, que alterna con sus actividades cotidianas en el hogar. “Todos saben que vienen y me encuentran. Vienen a buscar un regalito, se quedan. Nunca me gusta decir que son clientes, porque con la mayoría entablo otro tipo de vínculo, más coloquial, sé de sus vidas. Algo que no es buscado, pero se da...”, cuenta quien es de profesión maestra jardinera.

“Dejar de trabajar en el jardín fue una decisión muy difícil, pero yo sentía que tenía que hacerlo. No fue todo mágico. Al principio me sentía hundida: con casi 40 años, sabía que no quería eso, pero tampoco sabía qué iba a hacer” admite: “Comencé a cocinar, a hacer algo de pastelería para amigos y conocidos... Después armaba desayunos que la gente me encargaba para regalar. Y ahí fue cuando empecé a sumarles mis tazas, mis lecheritas, y comenzaron a llegarme pedidos cada vez más frecuentemente. Hoy tengo un horno muy grande, y produzco un horno por día”, dice la artista, que aún hoy sigue haciendo los desayunos, cocinando para ellos y entregándolos en persona. Además, vende objetos en locales decorativos de muchas ciudades del país.

“Nunca pensé que este hobby que tuve desde chica se convertiría en mi medio de vida. Hoy lo es, y me hace feliz”

Candela González Arzac
Ceramista y maestra jardinera

 

LA MAGIA DEL FUEGO

Otra de las platenses que se han perfeccionado en el arte de moldear, hornear y pintar objetos es Laura Carranza (44), quien tiene su taller en el Club Hípico de City Bell. Desde allí crea piezas de decoración o vajilla para restaurantes de la zona. Y tanto gustan sus platos, fuentes y bowls que hay quienes se los alquilan para eventos. Laura, además, dicta clases en su espacio.

“Mi primer contacto con la cerámica lo tuve en la Anexa, mi escuela primaria, donde teníamos taller. Hacíamos piezas con ‘chorizos’ y modelábamos. Y me reencontré recién en la facultad de Bellas Artes, cuando empecé a estudiar Artes Plásticas, eligiendo Cerámica como orientación básica. Se podía elegir entre escultura, pintura, grabado, escenografía o cerámica. Me gustaba mucho, sobre todo alfarería en torno, oficio que no dejé nunca más y espero no hacerlo. Seguramente tiene mucho que ver el profesor que estaba y está al frente de la parte de Alfarería, Marcelo Moviglia, con quien comparto el taller”.

La línea de tiempo de Carranza arranca como un juego y habla de un presente en el que combina hacer vajilla para restaurantes y enseñar junto a uno de sus maestros con la crianza de tres pequeñas: Juana, Charo y Elena. “La mayor complicación de este oficio son los tiempos del proceso, que pueden durar hasta un mes, entre que preparás la arcilla, levantás las piezas, las retorneás, las horneás, las esmaltás y las volvés a hornear. Mucho trabajo y la magia del fuego. No se necesita mucho más”, advierte.

“El taller se fue equipando de a poco. La mayor inversión está en el horno y el torno, para producir vajilla hecha a mano para restó, bares y particulares también”, puntualiza: “Agregamos cursos de cerámica, en los que la producción de vajilla y otros utilitarios es lo que más se hace. Se trata de objetos para usar cotidianamente, cuencos, jarras, platos, tazas, macetas, teteras... También tenemos el taller de niños, donde se combina lo utilitario con el modelado. Se juega más ahí y aparecen cosas increíbles. Son genios”.

“Nunca vi a este oficio como a un hobby. Siempre la idea fue poder dedicarme de lleno a la cerámica, pero no es tan fácil. Hubo que trabajar paralelamente de otras cosas: de moza, empleada administrativa... Y hoy sólo me dedico a la cerámica y lo vivo como un lujo, lo disfruto mucho”, se alegra Laura: “Respecto de la venta, ahora es más fácil con las redes, desde donde vendemos y mostramos. Antes había que hacer feria o ir personalmente a los negocios a ofrecer. Ahora me parece heroico pensar en embalar y trasladar todo eso”.

“La mayor complicación de este oficio son los tiempos del proceso, que pueden durar hasta un mes”

Laura Carranza
Ceramista y artista plástica

 

Como en la obra de todo ceramista, donde se difuminan las fronteras entre la artesanía y el arte, Laura busca imprimir su sello en sus piezas. “No sé cómo definiría mi estilo, es muy simple lo que hago: gres en torno, con muy poca decoración, el esmalte habla por sí mismo, y por supuesto la creación del chef después completa el proceso, pero no lo veo como algo a definir. Son platos de oficio, hechos a mano, sin mayores pretensiones”, dice la emprendedora.

Con barro y fuego, con la destreza de sus manos y la impronta singular de la artesanía bien entendida, el talento puesto al servicio de lo funcional, los ceramistas platenses crean, crecen y ponen su obra al alcance de todos. Pequeños lujos domésticos.

 

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