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Brutal asalto en una panificadora

Berisso: picanearon y arrastraron de los pelos a una mujer para robar 600 mil pesos

Ocurrió en un inmueble del barrio El Carmen. Actuaron dos ladrones encapuchados y con guantes de lana, que escaparon sin dejar rastros

Berisso: picanearon y arrastraron de los pelos a una mujer para robar 600 mil pesos

Gastón (24) y sus dos hermanos habían salido a hacer el reparto como todos los domingos / Roberto Acosta

Como sucede en muchos de los barrios diseminados por la periferia de La Plata, lo primero que llama la atención en El Carmen es la falta de obras (cloacas, desagües pluviales y asfalto, por nombrar algunas) y la falta de higiene en la vía pública. El paisaje se repite en cada lugar: basura acumulada en las esquinas o en terrenos vacíos, zanjas cubiertas de aguas servidas y perros paseando sus pulgas por las calles de tierra.

En esas condiciones, algunas personas eligen “la mala vida”. Otras, trabajan hasta en horarios nocturnos para progresar. Por eso el violento asalto del que fueron víctimas el domingo en una panificadora de 126 norte y 94, causó indignación entre los vecinos. “Es una familia trabajadora, que se mudó hace poco” a la zona, le contó un frentista a EL DIA.

El episodio, que duró apenas cinco minutos, golpeó con fuerza a Gastón (24) y a sus hermanos en términos económicos. Pero sobre todo dejó shockeada a María Luisa (53), la madre de los jóvenes y quien “recibió” a los ladrones mientras sus hijos habían salido a repartir mercadería.

Más de MEDIO MILLÓN DE PESOS

Lo primero que Gastón mencionó en diálogo con este medio, es el conocimiento que tenían los ladrones de la casa y de los horarios de esa jornada.

“Nos confiamos, dejamos el portón abierto y se metieron por ahí. Como siempre hay gente que entra y sale, no solemos cerrar. Ahora vamos a tener que cambiar eso”, lamentó el dueño del emprendimiento. Es que “se metieron ni bien nos fuimos a hacer el reparto, entre las 9.15 y las 9.30” en el momento en que María Luisa estaba sola en el edificio.

El inmueble se divide en dos partes. En el sector donde estaría ubicado un garage, Gastón, su hermano mellizo Ignacio y el menor, Felipe (19), cocinan junto a su hermana y dos empleados el pan que venden por la zona. En el resto de la edificación viven tres de los cuatro hermanos junto a su mamá.

La entrada está situada en la parte donde funciona la PyME familiar, con un portón enrejado corredizo que a partir del robo cierran con un candado. Por allí entraron los dos sujetos, “uno gordo, robusto y uno flaco, alto”, detalló el damnificado. Ambos tenían sus rostros cubiertos por capuchas y en las manos llevaban guantes de lana negro.

Además, para ocultar aún más su identidad, tapaban sus ojos con antiparras.

María Luisa los escuchó recién cuando estaban sobre ella. Como pudo, atinó a escapar y llegó a correr unos metros, pero la tomaron del pelo y la arrojaron sobre unos bolsones de harina.

A modo de represalia y para evitar que gritase pidiendo ayuda, la picanearon en los miembros. Producto de la situación extrema, la ama de casa se desmayó. Luego le taparon la cara con un trapo y le ataron las manos con precintos.

Daisy, la perra mestiza más grande del hogar -tienen tres-, se apuró en defender a su dueña, mordisqueó el pie de uno de los atacantes y también recibió unos “picotazos” de corriente eléctrica. Con la mujer reducida, apuraron el paso hacia la habitación de Ignacio, donde sabían que se guardaba el dinero en un placard. Eran entre 500 y 600 mil pesos que iban a utilizar para comprar más materia prima y pagar las cuotas que debían de la vivienda.

Una vez consiguieron el monto, escaparon de la escena con dirección desconocida.

“NOS TENÍAN CONTROLADOS”

“Salimos a hacer el reparto como todas las mañanas y al rato me llama mi vieja muy agitada para contarnos lo del robo. Nos volvimos enseguida, lo más rápido que pude”, explicó Gastón. El viaje de esa mañana los había llevado lejos, hasta Sicardi. Tardaron varios minutos en volver desde 7 y 630, tiempo en el que todavía no conocían los pormenores del incidente. Tan pronto arribaron, llamaron al 911 y solicitaron una ambulancia para María Luisa. “No estaba lesionada, pero sí muy nerviosa”, indicó una fuente.

Para la víctima actuó “gente que nos tenía controlados. No se llevaron los celulares que estaban arriba de la mesa ni la billetera de mi hermano. Fueron directo a la pieza”, resaltó. “Nos va a costar mucho recuperarnos”, lamentó.

La panificadora la tienen “desde hace tres años”, pero se mudaron a esa esquina de Berisso “unos seis meses” atrás, señaló. No obstante, viven en El Carmen desde hace más de 13 años. “Nunca nos pasó algo así, aunque sabemos que el barrio está complicado”, finalizó Gastón.

A la víctima le ataron las manos con precintos y le taparon la cara con un trapo

 

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