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ENFOQUE

El primer round fue de estudio

El primer round fue de estudio

Por EDUARDO TUCCI

deportes@eldia.com

Tuvo intensidad, como no podía ser de otra manera. Un Superclásico cargado de ansiedad, el primero después de aquella histórica final en Madrid y el aperitivo de los dos que se disputarán en breve por la Libertadores, no dejó lujos ni emociones abundantes, pero sí mucha vibración, duelos individuales a cara de perro y con refriega en todos los sectores de la cancha. No resulta novedoso decir que ambos se jugaban mucho aunque por la escenografía que se había armado en torno al enfrentamiento no era un clásico más. Y no por la implicancia en sí de los tres puntos en juego que no definían nada en una incipiente Superliga, sino por todo lo que ocurrió en el pasado reciente entre ambos además de lo que está por pasar.

Que River intentó llevar la iniciativa es tan cierto como que Boca supo esperar agazapado y se las ingenió para ponerle el cuerpo a la mayor cantidad de intentonas millonarias. La tarde había empezado con sorpresas. Una agradable del lado del local, como la titularidad de Nacho González que estuvo en duda por un golpe sufrido en el último partido, y otra diametralmente opuesta en Boca que quedó graficada con la cara larga de Carlitos Tevez por la decisión de Gustavo Alfaro de dejarlo en el banco de los relevos.

Boca que suele mostrarse más eficiente y astuto cuando juega de visitante que como local revalidó su estilo con la frialdad necesaria cuando el rival apretó más. River, con altibajos, dejó la sensación de marcar los tiempos e hizo de Andrada uno de los números más altos del súper choque. Si de figuras se trata, además del arquero –ahora con una marca top al quedarse con el record de valla invicta en la historia boquense--, también hay que mencionar, del otro lado, a Enzo Pérez e Ignacio Fernández, fieles intérpretes de la partitura de Marcelo Gallardo.

En definitiva este primer encontronazo de tres –algo así como las PASO del Superclásico—, sin gritos dejó la sensación de que el 0-0 era lo quería Boca y River no lo pudo impedir. Pese a la mayor cantidad de ocasiones millonarias, en los minutos finales la gran oportunidad de definir el pleito la tuvieron los de Alfaro con el tiro libre del Apache que Franco Armani manoteó al corner no sin mucho esfuerzo.

Esta historia continuará dentro de poco. Lo que se cerró es el primer capítulo de un ciclo que se completará con otros dos no menos intensos el mes que viene. Los clásicos adversarios seguramente aprovecharon la oportunidad para estudiarse de cara a lo que viene en un Súper se escenificó dentro de lo previsible. La próxima vez que se encuentren en el Monumental y en la Bombonera estará en juego mucho más: uno seguirá en carrera por la Copa y otro la verá por TV.

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